jueves, abril 03, 2014

LOS PICOS BUSLLAR Y EL CABEZU DOS FÁCILES CIMAS EN CAMPO DE CASO



15 de marzo de 2014

Con una mañana clara y fresca tomamos la dirección de la Collada de Arnicio, tras pasar por Casa Linares, nuestra vieja guarida de tantas rutas. Subimos por la estrecha carretera y ya en Arnicio empezamos a andar hacia la primera cabaña, centro de la majada. Subimos de forma travesera, atravesando el regato, entrando al bosque y rodeándolo por su parte oeste, para llegar a una colladina donde ya claramente hay que empezar a subir todo lo que hasta ahora hemos perdonado. La subida es brusca pero interesante por uno de los muchos senderillos de ganado que cortan el mato.
           
Luego entramos a la cumbrera que es larga y afilada y enfoca al este decididamente. Es una fácil travesía que vuelve a subir (siempre hay otra cima detrás de la cima). Por fin llegamos arriba. Los tres que subieron en directísima desde Arnicio nos llevan esperando una media hora. La vista es muy buena sobre  el embalse de Tanes. Por encima no se puede ver mucho porque está muy neblinoso.  A ratos despeja dejando buenas vistas del Tiatordos, la Llambria y la Crespa. Nos confunde una silueta triangular entre el Tiatordos y la cordillera que cubre el horizonte sobre  las antenas del pico Piquero. Descartando otras opciones resulta ser la Peña Blanca que hicimos recientemente coincidiendo con la primera nevada invernal.

No tenemos ninguna clase de urgencia en bajar, pero nos obliga a ello un fresco vientecillo que hace incómodo estar expuesto en la  altura. Bajamos por la ladera contraria a la  de subida. La bajada se hace un poco al estilo Xanas y finalmente llegamos a la collada de la que parten varios caminos. Seguimos hacia El Cabezu, en orientación Norte. Atravesamos la Collada Espines, cruce de caminos entre concejos y poblaciones. Subimos al Cabezu que no deja de ser una gran pandona.  Buena vista de Tanes y Coballes. Seguimos con la vista la ruta que hicimos aquel día bajando luego a  Soto de Agües.

Volvemos a descender a la pista que baja a Tanes. Las cabañas por aquí son pequeños chalets en el monte. La larga pista desciende en lazos.  Es el momento de la buena conversación y en ello estamos. En algún momento abandonamos esta buena pista para coger un sendero que lleva a una explotación  industrial de miel. Una enorme cuadra, auténtico museo etnográfico en sí misma, dividida en tres partes es testigo de formas de vida antiguas. Parte de este punto una buena senda, hormigonada en las pendientes y  que acaba en el pueblo de Abantro.

La de veces que habremos pasado por este pueblo y sin embargo es la primera vez que lo cruzamos. Es un bello pueblo. Los campos aledaños son una explosión de  margaritas. La primavera ya está aquí. Un pequeño trecho de carretera y estamos de nuevo en Casa Linares. Son las dos y media. Estiramos la ruta para que durara cinco horas. Nos espera un guisado de jabalí, capaz de calmar nuestra consabida “gusa”. Alargamos la espera en los bancos del exterior, al buen solín, esperando que lleguen José Juan, el cazador que nos obsequia con esta pieza de caza, y Eugenia que hoy no estaba en condiciones de caminar.

Por fin llegan y tenemos el comedor para nosotros. Se sucede el pastel de cabracho, obsequio de la casa, la sopa y guiso de jabalí con patatinos y cebollinos y el postre de la casa. Lo regamos todo generosamente con vino y chupitos. Nuestros temores sobre lo fuerte que podría resultar la caza  se han disipado. El cerdín estaba sencillamente delicioso. En un breve discurso, dado el ruido del bar, es nuestro turno de obsequiar a José Juan con un tratamiento en un “spa” (no del inglés sino del latín “salus per aquam) para que alivie un poco su atormentada espalda. Esperamos haber acertado.

Y con estas alegrías gastronómicas nos volvemos a casa, contentos por la hermandad de los de las Xanas una vez más bien trabada, lo que constituye la fuerza del grupo. Estas rutas gastronómicas, además de duras, cumplen su función y son esperadas para dar una alegría al cuerpo.

La próxima semana tenemos ruta costera, la segunda del año. Vamos a empezar en La Espasa, para pasar por la playa de la Isla y desde allí, subir por el camino de Santiago, para volver a bajar a la Griega. Pararemos, seguro en Lastres, y subiremos a la ermita. Terminaremos esta interesante jornada con la visita al faro de Luces.

FRESINES

martes, marzo 11, 2014

SOLENGUES Y NAVAL, DOS PEÑAS DE CALIZA CERCA DE PEÑA MEA

8 de Marzo de 2014



Tras la fabulosa mojadura del pasado sábado, por tierras de Cangas del Narcea, hoy nos espera un buen día de sol, al decir de los "hombres del tiempo". En realidad... se pasaron.

Quedamos completamente secos tras la sesión de sol del día, pero vamos al lio. La ruta la comenzamos en Collanzo, después de dar buena cuenta del desayuno en Casa Menéndez, en Piñeres, donde también nos esperan para comer. Al final del pueblo parte una carretera que en ascenso se dirige primero a Santibañez de La Fuente y posteriormente a La Fuente, tras pasar por el Miraor la Pandiecha, con unas estupendas vistas de San Isidro y de los valles de Cardeo, Braña y Mera.

El camino serpentea entre las casas de los dos pueblos mencionados, pudiendo contemplar buenas casas y bonitos y antiguos hórreos, algunos de ellos  decorados con bajorrelieves y pinturas. Un cómodo y entretenido paseo a pesar de lo pindio del mismo.

Tras pasar por La Fuente, la carretera se convierte en pista de buena rodada, que sigue ascendiendo hasta una curva a la derecha de la que se desprende un camino de frente o ligeramente a la izquierda, señalizado en un árbol con un aspa, de no continuidad, correspondiente al PR que estábamos siguiendo. Ese es precisamente nuestro camino. Se trata del camino antiguo a la Colladiella o la Cochá Cuartes, a la que también llega la pista dando un amplio rodeo. Además, nuestro primer objetivo, la Peña Solengues, se encuentra a la izquierda de la Colladiella, en el sentido de la marcha.

Tomamos el camino empedrado y con mucha maleza arrollada por las lluvias de la pasada semana, que sube sin descanso encerrado entre árboles. Dura ascensión y calurosa. Hace mucho calor a pesar de que por el momento no nos da el sol, pero vamos encerrados y sin ventilación. Algunas cabañas casi tapadas por la espesura, jalonan el sendero. Salen algunos caminos secundarios a izquierda y derecha, pero nosotros seguimos defrente y siempre en ascenso.

Llegamos a Noales, una pradera con una bonita cabaña, donde el camino hace una curva a la izquierda para pasar tras ella, permitiéndonos contemplar una estupenda vista de la zona del Puerto de Piedrafita, con las cumbres nevadas. Poco más arriba llegamos a Barreos, una pradería pindia en la que hay una buena cabaña arriba a la derecha, hacia la que vamos buscando el camino más cómodo, que no existe. Cruzamos el cierre de la finca junto a la cabaña y por la pista a la izquierda, seguimos hasta el contiguo Collado La Teya.

Una nueva bifurcación. La pista continúa a la derecha y nosotros nuevamente nos vamos a la izquierda para al poco abandonar la pista y comenzar a ascender por entre las cotoyas, dirigiéndonos al collado que vemos arriba, justo al lado de la mole caliza que forma la Peña Solengues. Hay un senderillo que nos va subiendo poco a poco hasta depositarnos junto a la peña, en una zona herbosa que venimos viendo ya desde abajo. Siguiendo por esa zona al oeste alcanzamos unas espineras y aquí no nos queda más remedio que continuar a la derecha trepando por la peña, ya que no hay continuidad, si no un abismo.

La trepada no es complicada y tampoco larga. Pronto nos aupamos a lo alto de la peña en la que hay una buena zona de descanso al oeste. Las vistas son estupendas a todos lados. Por el norte tenemos casi al alcance de la mano, las Peñas Negras, compañeras inseparables de Peña Mea que queda tras ellas, pero si que podemos ver el Ojo de Buey de su subida desde la Collada Pelúgano. Pronto las visitaremos. Al oeste vemos la Peña el Traveseu que visitamos en Diciembre pasado para dejar nuestro Belén de Cumbres, y un poco más al oeste, la alargada silueta del Aramo con toda su cumbrera cubierta de nieve. Al oeste de las Peñas Negras, después de pasar los altos de La Pandiella, aparece La Forcada y más a la derecha el Pico Cuchu, que también nos está esperando.

Cambiando radicalmente de posición y mirando ahora al sur, por la izquierda destaca la altiva cumbre del Torres y su contigua el Valverde. Luego, siguiendo a la derecha, el imponente Toneo, La Loma, La Verde, El Fuentes, Pico del Oso, Nogales, el Jeje, la Cabritera, las Foces del Pino, Peña Redonda, continuando por el cordal de Piedrafita con La Laguna y uniendose a la zona del Esturbin y de Pajares, para pasar a las Ubiñas y finalizar en los montes de Somiedo.

Una basta panorámica que unida a la bondad del día, nos mantuvo en la cumbre un buen rato de contemplación. Pero hay que seguir y tras cubrir la tarjeta y hacer la foto de rigor, emprendimos el descenso por el mismo sitio por el que subimos, aunque no todos, pues algunos destreparon por la cara este de la peña.

Evitando los muros rocosos que nos separan de nuestro siguiente objetivo, nos acercamos a la caliza del Naval, subiéndolo por su cara oeste que presenta buenos pasos y agarraderos. Nos aupamos así a la estrecha y carcomida cumbre, donde las vistas vuelven a ser las mismas y tras cubrir la tarjeta iniciamos el descenso aprovechando una vira y una canaluca por la que fácilmente alcanzamos la base. Luego, adentrándonos en un bosque de fayas, encontramos un sendero que nos llevó a La Colladiella, donde nos esperaba el resto del grupo que no había subido al pico.

Seguimos la pista al noroeste y ya sin pérdida y sin desviarnos hacia ningún lado, descendimos al encuentro de nuestro destino en Pelugano, apurados por un sol incesante que acabó con nuestras fuerzas e hizo que nosotros acabásemos casi con las existencias de cerveza en el bar del pueblo.

Aunque no todos bajamos por la pista, tal como estaba previsto. Hubo un pequeño grupo, los de siempre, que hicieron el descenso de la cabra y pusieron una vez más la nota discordante, arriesgando gratuitamente en una ruta sin dificultades. Esperemos que estas variantes no nos traigan nunca disgustos de otra índole.

Para el próximo sábado la ruta es en Redes y los objetivos son La Peña Busllar o Tejeira y el Cabezu o Trapa. Inicio en la Collada de Arnicio y tras unos 11 kilómetros se finalizará en Abantro, donde espera un reparador guiso de jabalí. La ruta es de unas 4 o 5 horas, con lo que se puede disfrutar de ella si el tiempo acompaña.

Para este ruta y para la siguiente en la costa de Lastres, correrá Fernando con la labor de apuntar a la gente, así que no llaméis a Peña que no estará operativo. Que lo paséis muy bien.

JAFPA

miércoles, marzo 05, 2014

EN LOS CAMINOS DEL AGUA POR VEGA DE HORRO



1 de marzo de 2014

Que somos fundamentalmente agua es bien sabido. Y que en agua nos convertimos también. Así que del agua venimos y al agua vamos. El agua que nos espera abundante en el cielo, en los regatos, en los caminos. Nos bajamos en la curva posterior a Veiga de Horro, llueve. Sólo nos llueve una vez: empezó a las tres de la mañana y no lo dejará hasta las doce de la noche. Agradable día para un paseo.

Pero la afición tira. Y el camino está ahí. Subimos por la hormigonada pista. Es una subida tendida pero continua. El camino se ha convertido en río. Las laderas que estamos viendo tienen profundas cataratas que desaguan impetuosas en el arroyo Rogueiro. Son hilos brillantes que se suceden unos a otros. Subimos por la Sierra de Oballo que separa el río Monasterio del valle del río Coto. Por lo demás es un suelo muy pobre: el trabajo antiguo de la minería, la tala indiscriminada y los incendios han favorecido la continua erosión dejando las vetas de roca al desnudo. Encontramos una primera braña, La Pasada. Techos de pizarra y alguna uralita desentonando. Se aprecian desconchados de antiquísimas explotaciones auríferas. Siguiendo hacia arriba en media hora llegamos a la braña Folgueirosa, en un entorno idílico. El temporal arrecia, pero aguantamos a pie firme. Esperamos a un rezagado que no acaba nunca de llegar. Angel le espera, esto se está convirtiendo en práctica habitual y es un problema para el grupo.

Subimos un poco más para entrar en calor. A la Collada Veigas. Hay trazas de un antiguo pozo usado por los romanos en su labor extractiva. La cima está oculta por las nubes grises. Hacemos una amplia lazada para ir cogiendo altura. Perdemos la pista por seguir el track, algunos preferimos seguir la pista que bordea la cumbre. La mayoría sigue por lo alto del cordal. Confluimos al otro lado, en el valle de la Cimera. Todavía hay charcos de nieve.  

Se ve la siguiente majada, a la que pronto vamos a llegar. El paseo por la ladera es casi agradable. Se tendría que ver un paisaje envidiable. En la Braña de La Viña estamos un rato. Los pequeños hórreos son magníficos, todo un ejemplo de adaptación al entorno. Todavía tenemos que bajar hasta la carretera. Preferimos rodear por la pista, subiendo un poco, para no tener que atravesar el reguero del Yacéu que baja bravísimo. Rodeamos, pues, toda la amplia ladera, por buena pista, en la que corre abundante el agua. Vamos bajando en lazadas sucesivas hasta llegar a la altura del arroyo. Está desbordado a tramos. El agua bulle agitada cayendo incesante, muy salvaje.

El último tramo del camino está empedrado y bastante resbaloso. Tras pasar por La Viña, salimos a la carretera. Nos quedan un par de kilómetros. En la pequeña aldea que marca el inicio Los hórreos crecen en cualquier pequeño espacio, incluso hay uno encima de un tapial, apuntalado por los lados para que no deslice. La carretera siempre es una lata. Junto a la ermita de la Virgen de Los Remedios, está un cementerio, muy elegante, muy tranquilo, mirando el salvaje espectáculo del río Coto, a punto de desbordarse en varios puntos. Llegamos a la Vega de Horro. El Alberge es un buen edifico, rehabilitado en lo que fueron las escuelas. Su zaguán nos sirve para cambiarnos al resguardo de la intensísima tormenta.

Ha sido un día difícil, pero superado con buen humor y con “aguantoformo”, dos buenas recetas para las crisis. Comemos en Penlés donde nos atienden muy bien.

El día 8 próximo vamos al Aller a subir el Pico Solengues y el Pico El Naval, para bajar luego a Pelúgano. Parece que el mal tiempo remite durante unos cuantos días. Aprovechémoslo.

FRESINES

lunes, febrero 24, 2014

AGRADABLE PASEO POR LA COSTA DE CUDILLERO: DE CASTAÑERAS A CADAVEDO



22 de febrero de 2014

Para terminar el mes y variar algo en la casi monótona peregrinación a Covadonga en siete etapas, emprendimos la marcha costera por los terrenos del concejo de Cudillero y luego por el de Valdés para completar el recorrido. Poca costa llegamos a ver aunque quisimos ir lo más pegados posible a ella. Y es que lo accidentado del terreno, lleno de quebradas y barrancos nos sacó una y otra vez a la carretera cuando no pudimos seguir el camino de Santiago.

En Castañeras, donde ahora se llega en una patada salimos por el camino de Santiago para salvar el primer barranco del día: el del río Cándano. Volvemos a salir al mar por la Playa de Gairúa dejando la playa Calabón detrás de la Punta la Forcana. El camino está indicado y se anda bien, aunque el terreno bajo los eucaliptos no es el mejor para largas caminadas. El mar está tranquilo, no hay los vientos de las semanas pasadas. Tenemos que saltar bastantes alambradas para encontrar el camino del Mirador. Hasta veintidós conté y puede que me quedara corto. En fin no hubo chispazos y pudimos pasar al Mirador, torreón semidestruido, con pozo y bajada complicada a la playa. Muy bonito: se ve hasta el cabo Vidio, incluso el camino por el que salimos  a la playa del Silencio; hace un año de esto.

Luego el camino se vuelve a meter bajo árboles, damos varias vueltas y acabamos en la vía del FEVE, entrando por la abandonada estación de Sienra u saliendo por encima del túnel en el que se hunde la vía. Nuevas vueltas por el prado para recalar en Santa María donde una paisana que maneja un enorme tractor nos dice que nada, que hay que seguir a la carretera. Y allá recabamos haciendo unos kilómetros pesados en revuelta continua (las famosas curvas de Cadavedo, ¿o es que se nos olvidó?). Por suerte el tiempo es primaveral y se circula bien a la sombra. Y apenas hay tráfico. Encontramos una entrada con flecha amarilla que es de nuevo el Camino de Santiago. Sube por una larga ladera. El viento hizo de las suyas y hay multitud de ramas y troncos obstruyendo el camino. Los madereros que están despejando están contentos porque les salió trabajo con el temporal. Bajamos por el otro lado todo lo que hemos subido y tenemos dos grandes praderías por delante que cruzamos para ver el mar de nuevo. Nos asomamos a la costa y discutimos si la breve playa que se ve allí es la de Tayadeiro o la de Ballota. En el fondo todo es lo mismo, lo que ocurre es que la marea está muy alta y parecen playas separadas. La punta Vieras es una aguja afilada que penetra en el mar. Ya vemos, a buena distancia la silueta blanca de la Regalina.

Ahora la discusión recurrente es si salimos ya de Cudillero para entrar en Valdés o todavía no. La raya está en el río Cabo y desde la carretera a la que hemos vuelto es difícil de apreciar. A unos doscientos metros está una buena pista que baja por el bosque a la Playa de Cadavedo. Muy guapa playa, pedregosa, con antiguo molino convertido en chiringo de playa. Se ha convertido en una playa urbana la que antes era semisalvaje. Por fin una foto de cumbres. Numeroso grupo de surferos en el oleaje.

Subimos por el acantilado hasta La Regalina, todo acondicionado para la fiesta de la última semana de agosto. El recuerdo del padre Galo siempre presente. Realmente hermosa costa. Luis nuestro nuevo compañero me cuenta que en la playa de abajo se recolectan pulgas para los pescadores. También me cuenta el sentido de los poyetes de hormigón que están clavados junto al hórreo de la derecha. Es el sitio de la fiesta de prado, donde baila el grupo folklórico prácticamente sobre el borde del acantilado.

Entramos en Cadavedo por el largo camino del Padre Galo. Se ven muchos estilos de casas: antiguas, arregladas, establos de piedra y pizarra, villas… Algunas muy hermosas. Siempre fue pueblo de veraneantes. El Sol pega bien por este inacabable camino. La temperatura en la farmacia: 20º. En la parada de autobús paramos. Vamos a comer en el restaurante de enfrente. Nos faltaba cosa de un kilómetro para llegar a Villademoros, pero ya estuvo bien que llevamos 20 caminados. En fin una jornada soleada en la que todo salió bien teniendo en cuenta que la orientación se ha puesto complicada y que falta haría que continuaran por la costa el camino de Santiago  la Senda Costera y que señalizaran algo mejor las entradas y salidas.

En la primera de marzo vamos a Cangas del Nancea. Saldremos de molino Salce para subir a la Folgueirosa y bajar a La Viña. Aquí mandan Manuel y Miguel que son de la zona.

No olvidéis que tenemos encargado un jabalí con palatinos para el día 15 de marzo. Los que quieran apuntarse y todavía no lo hayan hecho que den un toque de móvil o un correo electrónico y rápidamente serán admitidos. 

FRESINES

miércoles, febrero 19, 2014

7ª ETAPA DE LA RUTA DE LAS PEREGRINACIONES: DE CANGAS DE ONIS AL SANTUARIO DE COVADONGA



15 de febrero de 2014

Completamos el itinerario propuesto. Desde Oviedo 110 kilómetros más o menos. El último tramo, aunque algo monótono, no exento de belleza. Lo primero que hicimos es una foto de recuerdo sobre el Puente Romano sobre el Sella. Precioso el río y rico en aguas. A continuación salimos hacia el sur para pasar junto a la iglesia de la Asunción hoy convertida en casa de cultura y museo de la monarquía asturiana. Desde este alto Cangas de Onís tiene otra silueta, distinta a lo habitual de turistas recorriendo su calle principal.

El siguiente paso consiste en bordear el cementerio, para acceder al área recreativa del Llano del Cura. Cuenta con un buen asador de carnes y entramos rápido al trapo de lo que se podría cocinar en un sitio como este. Incorregibles. Subimos por la escaleras, entre cipreses, al mirador sobre la villa. Hermoso espectáculo de una aldea transformada en un centro de servicios turísticos que atrae a miles de visitantes cada año. Buena vista de las sierras del Sueve y la de Escapa. También vemos el recorrido que hicimos hace varios años por el pico Faces y el Monte Cogolla, con una “U” bien trazada y bajada a Cangas de Onís monte a través.

Estamos en la pista que va a Següenco. Es monótona pero es una buena divisoria de horizontes: La Pica de Peñamellera (que tenemos en el calendario del 2014) y la Sierra del Cuera que recorrimos de punta a punta con la programación de Jorge. Abajo en un repliegue de la falda de la montaña una buena casería rodeada de verdor. Vamos a subir a las antenas. Mejor por la loma oriental que es más tendida. Es un extra en la programación pero subimos la mayoría. Es larga la cuesta. Arriba está el privilegiado mirador de Següenco que domina una amplísima vista, mar Cantábrico incluido. También se ve el repliegue que forman los montes dando lugar a la profunda hendidura del valle de Covadonga.

La bajada, monte abajo hacia las praderas de Següenco. Por cierto, en las inmediaciones una pareja de corzos retoza muy cerca de las primeras casas. De nuevo pista, itinerario largo, tendido, sin problemas. En una de las  revueltas hay un arenal en el suelo, lleno de huellas: las clásicas de un jabalí grande y las más pequeñas de tejón o melandro, un pequeño oso, que deja marcadísimas sus uñas y su profunda huella sobre el terreno blando. Luego está el grupo de cabañas donde Los Pallares. Unos kilómetros más adelante un grupo de cazadores sin suerte. No han cobrado pieza. Al poco, y dejando el Pico Reboiros para otra vez, que no hay ganas de subir más, entramos en el Parque Nacional de los Picos de Europa. Por Sulapeña, y luego tras breve subida por la Cueñe el Carru rodeamos la falda del monte Estellero. Por aquí bajamos hace un año cuando veníamos de los picos Sienra y Cebeo, bastante nevados. El terreno es más desigual. Aparece el barro en la subida al collado Bustio.

Cerca de la majada de Peñalba empieza a granizar. Dura poco y no nos inquieta la nieve. Pero no dejamos de admirar la exactitud de las predicciones meteorológicas que daban agua para las tres. Faltan escasos siete minutos. A partir de aquí mejora el terreno y una buena pista bordea el monte Auseva por el bosque. Bajamos al Real Sitio.

Se entra por arriba, a la altura de la Basílica. Hay gente, pero más bien escasa. La temperatura es muy buena y sorprendemos al turismo con nuestras mangas cortas. Una pareja de guardias estudia con los prismáticos la caída de la Cuesta de Ginés, totalmente quemada y pelada, por la subsiguiente corta de árboles. Bajamos dejando atrás el edificio del museo, y la Casa Capitular. En una terraza del camino el edificio azul del Hotel Pelayo, cerrado hasta la temporada alta. Foto de grupo delante de la Santa Cueva. Hoy, abundante el agua, cae por todas las hendiduras produciendo ese rumor especial que esperas oír en Covadonga. Varios compañeros encienden velas, arriba, después de subir por la escalera del perdón, para cumplir promesas o encargos.

Mientras esperamos a que llegue el último, bajamos al Huerto del Ermitaño a tomar una cerveza bien merecida. Hay una leyenda de Ambrosio de Morales, comisionado por Felipe II, para ver el estado del Real Sitio y este en su informe sobre la cueva, alaba lo hecho “por dejar lo más que se pudiera de lo natural”. Acierto que tuvieron nuestros antepasados y que nosotros desearíamos para las generaciones que vienen. Y así terminamos la aventura del grupo que empezó un frío día de enero en la capilla de Covadonga de Oviedo, y que terminó, después de siete recorridos en otra capilla de Covadonga con más renombre: “Aquí en el Monte Auseva llamo al peregrino a la morada de Santa María de Covadonga, inspiradora de Pelayo, Rey de Gijón…”  Oye, eso no lo perdonamos, faltaba que los de Xixón tuvieran reyes y todo…

Terminamos febrero recorriendo la costa occidental. Desde donde lo dejamos el año pasado en Castañera vamos a ir al Mirador, pasar por Ballota y sus playas, para llegar a La Regalina de Cadavedo y Villademoros, donde acabaremos esta interesante excursión marina. 

FRESINES