viernes, julio 11, 2014

ESTA VEZ SÍ: LLEGAMOS AL DERRABAU, Y AL ORGULLOSO JUCANTU



5 de julio de 2014

Retomo estas croniquillas montañeras después de un breve descanso de esta tan intensa y absorbente naturaleza astur. Esta vez toca el Derrabau. ¿Os acordáis de aquella famosa subida de hace varios años en la que los helechos nos superaban en altura? Pues esta vez nada de nada. Fue una excursión de lo más placentera y los helechales por lo que pasamos eran de tamaño normal. A diferencia de aquél fatídico día, en vez de niebla lucía un sol tímido, pero más que agradable.

Y es que a esta expedición le habíamos cogido mucho respeto por lo dura que resultó aquella vez que no pudimos ni culminar nada por que no se veía ni dónde estábamos. En esta ocasión la cosa nos salió de cine: Empezamos con mucho gusto por la cascada de Aguasalió, impresionante como siempre. ¡qué bien cuidado tienen los del hotel este entorno!. La subida a Rubriellos es fácil aunque empinada y nos hace sudar casi de inmediato. El pueblo abandonado conserva una enorme dignidad plantado en aquellas soledades en una abrupta ladera de caídas estrepitosas. Al menos alguna cuadra sigue en uso para el ganado.

Esto nos da esperanza: el camino está abierto y es practicable. Seguimos subiendo sin tregua alguna. Se marca un ritmo bastante fuerte. Esperamos una sorpresa más arriba alrededor del árbol y la riega donde en aquella ocasión perdimos el camino. Hoy, sin embargo, no hay ningún misterio: el camino está bien trazado aunque hay que salvar alguna trocha con ramas cruzadas, que se supera con facilidad. Y casi sin darnos cuenta estamos pegados a aquella fastidiosa cerca de espinos que salva al ganado de un despeñe más que evidente. Nos pegamos a la cerca: el camino va gateando por esta pradería. ¡Llegamos por fin al Derrabau! Qué lugar más gozoso. Dominamos toda la ladera de enfrente por la que están subiendo Isa y Lito: la senda del Cartero y el camino de la Verganza, que suben y bajan a pueblecitos colgados literalmente de las laderas, aprovechando las escasas repisas que los beyuscos supieron aprovechar tan bien. Viboli, Casielles, Biamón, San Ignacio… nombres míticos para los montañeros entregados. Todo un espacio delimitado por dos gigantes: El Carriá al Norte y el Niajo al final de la inmensa garganta.

A penas paramos en el Derrabau. Casi inmediatamente la gente está lanzada monte arriba. El Jucantu nos espera. Los más se lanzan a pelu gochu ladera arriba. Sólo quedamos cuatro moderados en este grupo, o casi los que no podemos con los congojos… pero finalmente estamos todos arriba, incluso la chica de Zamora que hizo un esfuerzo más que sobresaliente para superar su mal día. Estar aquí arriba es olvidarse del mundo, dominar desde arriba comprobando, una vez más, lo salvaje que es todo este concejo pongueto. Detrás nuestro el Valdepino asoma como una tentación lejana. Y más allá El Cabronero y la Peña Beza, tan formidables.

Nos queda mucho por recorrer todavía así que empezamos a bajar. Algunos suben al cercano La Cabritera, para bajar a continuación  juntos a atravesar la riega de Lloés. Pasada la fuente entramos en el bosque. Se abren varios senderos todos bien pisados que bajan al valle. Los caminos se acaban juntando más abajo pero al llegar al hayedo se pierden y hay que bajar ladera abajo haciendo pequeños zig-zags en un terreno poco estable y tapizado de fueya muerta. Llegamos a lo fondo. El bosque es bellísimo y está estrenando la hoja nueva. Cruzamos la torrentera seca para salir al otro lado a volver a subir buena parte de lo que hemos descendido. A lo lejos se adivinan las praderías verdes de Baeno. El camino del track va algo más arriba. Porque pasamos por una primera majada derruida y tiene que estar comunicada con la principal. Bueno, pues nos buscamos la vida. Saltando varias cercas acabamos en una buena pista que nos conduce a Baeno donde ya en franco descenso conectamos con la Cabaña derruida y las marcas azules que señalan el inicio de la bajada del Sedo la Cruz del Picu.

Este inicio es hermoso se mire a donde se mire. Sus caídas son vertiginosas pero el camino es bastante bueno y tras atravesar algunos pedregales se interna en el sotobosque que poco a poco se va espesando ofreciendo sombra. El aire no corre, hace bastante calor y tiramos abajo sin apenas parar que la ruta está saliendo larga. Nos queda el Puente Rampión, paraje de extraordinaria belleza (la apreciaríamos más si no estuviéramos tan cansados). Nos quedan varias revueltas de monte antes de salir a la curva de la carretera. Un par de Kilómetros de asfalto para llegar a Puente Vidosa donde nos encontramos con refrescante agua de las pozas para enfriarnos por fuera y alguna bebida para lo mismo por dentro. Siete horas y media. Pensábamos en que iba a ser menos pero el recorrido era largo, a tramos salvaje y perdido y tiramos 1200 metros de descenso que no está nada mal. Las piernas se resienten del esfuerzo.

Nuestro verano montañero comenzó aquí. Ahora todas son rutas “A” hasta octubre. No nos podemos perder ni una. La siguiente que tenemos es otra de las que la niebla jugó con nosotros. Se trata de subir al Pico Gildar desde Panderruedas pasando por el cercano Cebollera, en la aproximación. Es el mejor mirador de los Picos de Europa desde el Sur. La mejor vista de los Moledizos y del Friero que se pueda contemplar. Así que nada, recuperados del esfuerzo del otro día, hasta la próxima paliza que sin duda nos caerá encima.

FRESINES

miércoles, junio 11, 2014

INVERNAL EN EL NEGRÓN



7 de junio de 2014

Pronóstico regular, tirando a bueno. Puede ser un buen día de monte. La zona a la que vamos promete: Los Puertos de Bachota entre Pajares y Ventana. Día primaveral en Oviedo. Madrugamos mucho, como de costumbre. Parada técnica en Mieres para cargar las pilas. A medida que el autocar avanza el cielo se está volviendo más y más negro, casi amenazante. Veremos.

Subimos a Brañillín. Aquí nos tuvimos que dar la vuelta el pasado año por las invasoras nieblas. En este día no es un gran problema, pero al salir del autocar el aire corta a cuchillo. Salen guantes y forros de las mochilas y no es para menos. Así equipados emprendemos la larga subida al Cuito Negro despreciando la pista reconvertida a carretera por aquello de la final de etapa de la vuelta ciclista.  Nuestra subida en directo por la pista de esquí arriba a un ritmo notable. En menos de una hora estamos arriba, refugiados bajo la caseta de cemento donde está la maquinaria de los remontes. Escondidos más bien porque hace un frío de pelar.

Seguimos subiendo, pero con la cuesta ya mucho más llevadera, por la Llomba Coleo, por la que baja un pastor con abundante ganado y una ternerita coxa, probablemente del traslado en camión. Hace tal viento que el mojón que señala el Monte Público baila sobre su gozne de hierro. Lo nunca visto, señores. Tal como está el viento preferimos seguir bordeando todas las modestas cumbres que dejamos a nuestra derecha, aunque hay quienes lo suben todo.

Subimos a nuevo collado de Carbazosa y ya tenemos en el horizonte, siempre al Oeste, la impresionante pirámide del Negrón. El terreno cambia: salimos de la caliza para entrar en la cuarcita, tan característica en su color que acaba dando nombre a este picacho. Lo entramos por su ladera izquierda que en suave y alomada ascensión gana altura notable casi de inmediato. Sólo hay un molesto pedrero que dificulta el paso entre grandes bloques. Al llegar arriba la fuerza del viento es pasmosa y sobre todo muy fría. Tanto que casi pasamos de la vista para refugiarnos en un chozo de ganado descubierto, pero al abrigo de la peña en donde agrupados como sardinas en lata nos damos algo de calor.

La vista es buena hacia los valles sobre todo hacia Cacabillos y Barrandal, por donde vamos a bajar. La senda de bajada está muy trazada faldeando la larga caída de manera inteligente y práctica. Poco a poco vamos cayendo al fondo del valle donde el impulso del viento es menor. Desde la majada, con el horizonte de la Cirbanal muy cercano, giramos a  nuestra derecha para ascender al collado que nos separa de Bachota. Una subida corta  pero pindia, en dirección contraria al arroyuelo que cae.

Superado el puerto la senda sigue paralela a la cerca que separa las dos provincias. Siguiendo la valla por su derecha nos vamos introduciendo en el paraíso asturiano: Los puertos de Bachota están abrumadoramente bellos, tapizados de una incipiente hierba intensamente verde, suaves praderas en laderas poco pronunciadas, cortadas a pico por farallones intermedios. La temperatura se ha suavizado y caminamos despacio gozando con cada paso y con cada nueva vista de los valles. Se cruzan dos con vértice en el Alto del Palo. Nosotros estamos entrando por el situado más al Sur que va ganando altura constantemente. La pista sin embargo, discurre por el otro y en un determinado momento, tras saltar la cerca de piedra, tenemos que remontar monte arriba por un cerro que divide los dos valles. La Ubiña es ahora el telón de fondo de esta hermosa vallada. Y, cerrando por la derecha las muy conocidas Tolondra, Almagrera, Mesa y Tesa.

Nos quedan un par de kilómetros para coronar y el Puerto de La Cubilla. Un cachorrín de mastín nos sigue todo el tiempo pero la verdad es que tampoco nos hace mucho caso. Llegamos a lo alto del Puerto del Palo. El autocar está subiendo por la larga carretera. Los compañeros que esperaban están helados. El aire vuelve a ser helador. Sin cambiarnos montamos a prisa para refugiarnos de este gélido viento.

Sólo nos queda la pequeña pero significativa tarea de encontrar un sitio para que nos dejen comer. El centro de interpretación está todo ocupado. Así que probamos en Los Pontones y otros sitios del valle del Huerna. Al final la mejor opción es Campomanes y allí en uno de los bares de siempre podemos al fin comer algo para entrar en calor. Está muy bien, como siempre. Las conversaciones se centran en el atractivo calendario de verano que nos espera. Las reservas de los dos refugios para subir a La Peña Santa de Enol en agosto y a Torre de Cerrado en septiembre están casi completas y sólo esperamos llegar a esas fechas en plena forma para asegurarnos unas jornadas de montaña inolvidables.

Aunque me marcho de vacaciones (hasta la primera salida de julio) la actividad montañera del Grupo Las Xanas continúa. El sábado día 14 se saldrá de Collanzo para subir al Cuchu, magnifico observatorio de las cuencas del Aller y Sobrescobio. Desde allí se continuará en larga bajada hasta la Cruz de los Ríos para terminar en Soto de Agües, por la conocidísima ruta del Alba. Una excursión preciosa. Nos vemos a la vuelta.

FRESINES

miércoles, junio 04, 2014

HACEMOS LA TRAVESERA DEL SUEVE ENTRE ESPESAS NIEBLAS



31 de MAYO de 2014
           
Volvemos a insistir en esta travesía que se nos resistió el año pasado. A las seis de la mañana cae agua de aquella manera. Parece que el día se nos presenta difícil. Impertérritos al desaliento seguimos hacia Infiesto. Parada en el alto La Llama. Aquí volvimos el año pasado cuando la niebla nos cerró el paso a cal y canto. Volvemos a subir. Por intentarlo que no quede. Junto a la posada hay una capillita de la Virgen del Carmen, hermosa e ingenua.

Empezamos a caminar muy temprano, pero lo largo de la ruta justifica el madrugón. Ha dejado de llover y por la pista se avanza rápido a la majada Espines. Abrigados contra la cabaña nos esperamos unos y otros. Hasta aquí un paseo a pesar del fuerte desnivel. Las cumbres están tapadas por la espesa nieblona. Este cordal está maldito. Debe ser la cercanía al mar la que crea estas cerradas nubes bajas.

Continuamos girando al sur para encarar la primera elevación del día: el magnífico pico La Múa, un observatorio de primera. Entre ráfagas de nubes que circulan a gran velocidad por los valles se intuye un paisaje de ensueño. El viento es frío. En una parada previa nos recordamos la necesidad de ir juntos por lo de la niebla espesa. Una gamo nos observa desde un alto, en la distancia. Los asturcones están mezclados con otro tipo de yeguas, lo que no consigo entender. ¿Dónde está la especial protección de esta singular raza?

Bajamos La Múa y enfilamos el Mirueñu. En este momento está despejando, hay un amago de sol y se ve hasta la silueta de la cumbre que queremos subir. A pesar de nuestras buenas recomendaciones para ir juntos, cuatro “espontáneos”, entre los que me encuentro tiramos a un piquín enhiesto que está a la derecha. Parece de muy fácil subida y no nos retrasará a penas la marcha. Estamos subiéndolo y la cosa se complica: el terreno es muy poco practicable por la alta hierba que oculta los numerosos hoyos entre las calizas. Para colmo empieza a llover intensamente y la niebla se convierte en protagonista principal. Sólo veo a los que me preceden si está a menos de diez metros.

Llegamos a la cima de lo que resulta ser el Alto Lichar. En una ráfaga de sol vemos a algunos compañeros subiendo la larga cuesta del Mirueñu. Fantástico, ya tenemos claro el objetivo y nos apresuramos a bajar apresurados para poder encontrarnos cuanto antes. Ha dejado de llover. La niebla continúa absorbente, cerradísima, despistando todo intento de orientarse.

Subimos la falda del Mirueñu como una exhalación, nunca tan rápido. Y al llegar arriba, después de hacer una bonita canal, allí no hay nadie. Sorpresa. Nos llaman al móvil:
 -“¿Dónde estáis?”.
-“En la cumbre del Mirueñu. ¿Y vosotros?”
-“Esperándoos junto a una cabaña y muertos de frío”

Ahora sí que está liada. La niebla y el afán de aventuras nos han jugado una mala pasada. Bajamos por la cara opuesta del Mirueñu intentando comunicarnos con la avanzadilla del grupo. Ojo que en esta zona hay grandes hoyos rodeados de precipicios y cortadas. Esquivamos una enorme, desviándonos mucho al sur. No se ve a nadie. La orientación es difícil, así que subimos algo hacia el norte hasta una majada con restos de cabaña desde que podemos intuir la bajada del Mirueñu. Nuestros compañeros han buscado paso por la margen izquierda del monte. No encuentran más que un profundo barranco que les obliga a subir de nuevo. El paso obliga a llegar a la cima del pico. Aguardamos pacientemente para ver si les vemos. Se oye lejana y con ecos engañosos, la voz de Gripi. Carrete, portento de fuerza, se adelanta monte arriba hasta el esperado encuentro.

Por fin estamos todos juntos. Algún veterano llega con el carburador atascado. –“Pero hombre de Dios, ¿no vio Usted que está ruta estaba calificada con dificultad A de alta? A ver si un día de estos vamos a tener un disgusto.” Pasados los consabidos nervios (hay expertas que sólo aportan más inseguridad), hay que tomar una decisión: subir al Pienzu o dejarlo para otra ocasión. Pasamos tres vallinas en continuo sube-baja y parece evidente que la ruta ya es bastante larga de por sí, que ya hemos pasado algunos regulares momentos y que, además, es un pico que todos hemos hecho más de una vez. Así que lo dejamos para mejor ocasión.

Ahora toda la preocupación es encontrar el camino adecuado para salir a la pista de Gobiendes. Para eso hay que atravesar el largo bosque por la ladera norte del Sueve. Nos ponemos a ello con especial cuidado para encontrar un camino de bajada. Al principio por la ladera a “pelu gochu” para después encontrar alguna senda de ganado salvaje que nos permita avanzar siempre al este. Entramos en un senderín que baja por el barranco. Está muy embarrado y se pierde a ratos en el bosque.

El bosque: digno de resaltar. Envueltos en brumas vamos penetrando en la espesa tejeda entre árboles centenarios que sólo dejan crecer brotes nuevos de texu y nada más. Hasta las hiedras se retiran temerosas del sagrado texu. El camino es una sierpe continua. Bajamos otro barranco. Deslizando en el barro literalmente. Una laguna se forma en el terreno. De verdad que este predio parece sacado de un cuento nórdico.

Apretando los dientes, peleando con la vegetación baja vamos encontrando otra laguna, con fuente y más adelante una majada a la que nos salimos para estirar un poco las piernas. No está muy clara nuestra posición pero está claro que hemos bajado paralelos a las caídas del Pienzu hacia Colunga. Tenemos que estar junto al Pico La Cordobana, y efectivamente al poco tiempo pasamos bajo esta cumbre  cerca ya del Sol de Miguel. Termina la majada, otro pequeño tramo de bosque y salimos al mirador sobre toda la rasa costeras. Una bellísima postal se despliega a nuestros ojos: Colunga y Lastres, separadas por la playa de La Griega. Espesas nubes negras están descargando en el horizonte. Pero entran a la vez haces de rayos de luz iluminando un mar intensamente azul. Vaya vista.

Tenemos por delante una larga bajada a la pista de Gobiendes. Por fin un cotoyal: Las Xanas está en su terreno. Bajamos por donde hay algún paso de ganado. El Sol de Miguel lo tenemos enfrente y hacia su base nos dirigimos.

Llegamos a la pista. Larga bajada a Gobiendes. Pequeños atajos para caminar un poco menos. Tramos enteros que son un puro charco. Gente que lava las botas en el arroyo para volver a tupirlas a los cinco minutos. Se hace eterna esta bajada. Afortunadamente se puede ir charlando para hacer más llevadera la caminata. Hoy se nos va tranquilamente a los 18 kilómetros. Primeras casas de la aldea. Bonitas casas por cierto, pueblo elegante, cuidado, limpio, lleno de flores. El centro de interpretación está abierto. Nos cambiamos felices de haber terminado esta larga travesera. Nos vamos a comer a casa Pancho, rincón bien tranquilo de esta atormentada geografía.

Para estrenar junio tenemos otra ruta bien clásica: Se trata de subir al Negrón desde el Brañillín para bajar por los Puertos de la Bachota y salir al Alto del Palo. La intentamos el año pasado cuando había aquella concentración de ciclistas. La niebla nos aconsejó bajar por la ruta de las peregrinaciones. Esta vez si que lo vamos a lograr. Los Puertos de Bachota tienen una belleza extraordinaria.

Para terminar un aviso a los que van a ir a alguno de los Refugios. Las previsiones están hechas y los sitios reservados. Sólo recordar a los pocos que no han adelantado la señal de 10 € por refugio, que hay que hacerlo cuanto antes. Somos un grupo serio y esta es la prueba de nuestro compromiso para asistir.

 FRESINES

jueves, mayo 29, 2014

LA CABEZA L’ARCU, FANTÁSTICA BALCONADA A TODOS LOS CORDALES DEL CENTRO DE ASTURIAS



24 de MAYO de 2014

Va acabando el mes de mayo y el tiempo que fue muy bueno empeora haciendo las tardes más frías y obligándonos a desempolvar la ropa de invierno ya metida en el fondo del armario. No seamos pesimistas. Durante toda la semana nos amenazaron con torrentes de agua para el sábado. ¿Y cómo resultó? Apenas diez minutos de llovizna leve en las estribaciones de Caleao.

Habíamos salido muy pronto de Oviedo, por aquello de la costumbre ya que no es una ruta excesivamente larga. Así que a las nueve de la mañana cruzábamos Caleao para emprender la subida por el tranquilo valle Xulió, a la vera del río del mismo nombre. La subida es digna de recordarse; tranquila, con suaves recuestos, de fácil orientación porque está muy bien señalizada. La travesera del bosque maravillosa, a la altura de los grandes bosques de Asturias. Salimos de la espesura para cruzar el río que al poco se sume quedando a la vista nada más que el inmenso pedregal, de lo que en su día fue sin duda una lengua de hielo, cayendo desde el Retriñón. Cruzamos la riega seca varias veces hasta coger definitivamente la margen derecha hasta las cabañas de la mayá Xulió. La temperatura es buena, más bien fresca, invita a caminar fuerte. Subimos a la collada, sin más complicaciones.

Desde la collada el Arcu hay dos caminos practicables. Vamos a intentar hacer un circuito para dar más variedad a la expedición. Subimos por el camino de la izquierda que zizaguea entre rocas ascendiendo rápidamente. Saliendo al primer colladín hay que seguir un buen corredor, bastante inclinado, que arrimado a la roca, se alza ya de manera definitiva sobre el fondo del valle. Luego algunos prefieren seguir por la arista que sin tregua lleva, filosa, a la cumbre. Los demás preferimos bajar a la amplia ladera por la que discurren varias sendas de animales de dos y de cuatro patas. Es una subida menos arriesgada y la seguimos con tranquilidad. Arriba encontramos a una pareja que está haciendo el concurso de cumbres de la federación.

Naturalmente nos enrollamos a identificar cumbres rodeados como estamos por todas las esquinas. Curiosamente la más difícil de encontrar, al menos para mí, fue el Cuyargos. Pero tenemos al alcance de la mano Ten y Pileñes, El Canto Cabronero, El Tiatordos, El Campigüeños, el Vízcares, por no hablar de los muy cercanos Muezca, Tabierna, Retriñón. Restos de la última nevada de esta semana en todas las cumbres altas, especialmente en el Torres. No tenemos ninguna prisa y aquí estamos de vicio. Como la alegría no puede durar unas negras nubes se van metiendo por el horizonte inmediato. Esto unido al viento que se ha levantado nos aconseja emprender a tiempo la retirada.    

Bajamos por el valle del medio. Este grupo subió francamente bien, con estilo y fuerza. Parece que estamos bien pertrechados de forma de cara al duro verano montañero que tenemos por delante. Pero bajando esta gente casi vuela. Qué ritmo de bajada. El sendero está muy bien jitado y gracias a eso no nos tiramos de frente hacia el profundo valle, de difícil paso, sino que vamos bordeando hasta tres cantiles de la larga falta de la Cabeza L’Arcu. Pasado el último empieza el descenso definitivo. Y mejor lo hacemos en diagonal evitando los molestos restos de las árgumas quemadas en un incendio reciente.

Así salimos a la collada L’Arcu de nuevo y para ahorra tiempo bajamos por la riega de la izquierda que acaba empalmando con el GR antes de las cabañas de Fresneu. A partir de aquí es una continua bajada, entre robles, acebos y fayas. El camino bastante embarrado por las últimas lluvias y por el paso del ganado. Finalmente pasado el último pilón el camino gira casi en ángulo recto a la derecha bajando ya claramente al camino de los Arrudos.
Siempre es cosa impresionante bajar paralelo al río que impetuoso deja oír su voz desde muchos metros más arriba. Siempre es un espectáculo la sucesión de cascadas y ollas, la excavación del agua sobre la roca. Pero como las nubes están muy, muy negras bajamos francamente deprisa, deteniéndonos a penas para hacer unas fotos en las dos o tres cuidadísimas cabañas que están al margen de la senda. La proximidad de los prados anuncia la cercanía del pueblo, cuando empieza a llover débilmente. No hay que asustarse, después de todo lo recorrido nos da casi igual. Pero la lluvia nos es más que un amago porque dura apenas diez minutos y cuando nos queremos enterar ya estamos en el aparcamiento de la senda de los Arrudos donde está el autocar. Bien por Luis que nos quitó la odiosa subida hasta la plaza del pueblo. Nos podemos cambiar junto a la fuente, siempre da gusto ir fresquitos a comer.

Comemos en Casa Linares, donde como siempre nos reciben requetebién. Nuestro propósito es marchar  pronto para que la gente pueda ver el final de la Champions, que hay más deportes que la montaña.

Terminamos el mes con una clásica que el año pasado no pudimos hacer por la niebla: es la subida por el Alto La Llama para ascender al Pico la Múa y al Mirueñu y desde allí saltar al Pienzu y bajar por la Texera a Gobiendes. Es una ruta larga pero sin ninguna complicación y además agradecida de realizar a poco que el tiempo acompañe. No hay que dejarse asustar por los agoreros, ya veis que esta salida por Caleao fue totalmente en seco, a pesar de lo negro que nos lo ponían las televisiones. No hay excusa para salir de casa.

FRESINES