miércoles, mayo 21, 2014

EN LOS ALBOS CON UN SOL RADIANTE Y EL ESTALLIDO DE LA PRIMAVERA



17 de MAYO de 2014
           
Si la bajada al Oyo L’Madre fue maravillosa, esta excursión no le quedó a la zaga. Juntamos tres elementos claves para que todo saliera bien: el espléndido día de sol, el paisaje de Somiedo y el buen ambiente del Grupo Las Xanas. Con esos mimbres es difícil que las cosas pudieran salir mal. El resultado: uno de esos días imborrables que siempre recordarás como una explosión de optimismo.

Empezamos en La Farrapona. El viaje en autocar se nos hizo un poco eterno. Pero llegamos y salimos con ganas. Viento frío, que destempla, pero también que barre las nubes. Vamos al lago la Cueva. Luego la conocidísima subida a los lagos superiores. Vamos virando del segundo lago, Cerveriz, al tercero La Calabazosa. Hasta aquí la ruta es un buen paseo al sol. A pie de lago se observan las construcciones artificiales para elevar el nivel del agua.

Comienza la subida. El Albo Oriental es una afilada arista. El ataque es sencillo en el inicio: subir por la loma en su parte menos inclinada. Una balconada en la primera colladita es ya el primer mirador en el que a la fuerza hay que pararse a contemplar. Las lejanas Ubiñas y los inmediatos Calabazosa y Solarco que subimos en el otoño pasado. En la vega, rabiosamente verde,  vivero natural de mil flores, hay una serie de pequeñas lagunillas que no se suelen ver más que en primavera.

Volvemos la vista a la pared. La canal por donde se podría subir está totalmente cubierta de nieve formando una pala muy inclinada que no deja de tener su peligro. Decisión: el grupo sube por un conjunto de rocas a la derecha de la canal, haciendo continuas trepadas en buena caliza, y divirtiéndose, de paso, un rato. Hay quién se lo toma como un entrenamiento para la subida que nos espera en setiembre a Torrecerredo. Y que como no nos portemos un poco mejor dice que no nos va a llevar. Tenemos que parar de la risa, Milio, qué le vamos a hacer.

Gracia no las tiene todas consigo por aquello de la verticalidad y dos caballeros voluntariosos le ofrecen por subir por la rimaya de nieve, cruzando el nevero por su parte más estrecha. Resulta una aventura sencilla, como algún paso algo expuesto en un corredor corto y de buenos agarres. Chica te estás superando. Al fin todos arriba. ¡Qué gozada! El mundo a nuestros pies. Lo primero el Lago Calabazosa, con las Ubiñas de fondo; luego, circunvalando el Lago del Valle que no vemos, la Muria Brava, La Torre de Orniz y las Morteras. Delante La Chana, El Canalón (al que deseamos ascender en el 2015),  La Penouta, el Cornón…

Qué bien estamos aquí arriba. Un buen rato más que a gusto. El sol ya calienta, pero no molesta en absoluto. La brisa es refrescante. Hay grupos de montañeros por todos los lados.

Por fin decidimos marchar de esta cima. El paso al Albo Occidental es un juego de niños. La vista es igual de buena y mientras estamos aquí Miguel y su gente se ha ido al Pico Rubio. Esta pirámide truncada es realmente “rubia” en la distancia, por el color tostado de la roca. Finalmente todos acaban viniendo a nuestro pico porque casi hemos aparcado aquí. Ya estar juntos nos vale para hacer una foto de recuerdo en este nuevo marco incomparable. Un grupo muy largo de andarines se dirige a Torrestío, otro bajo nuestros pies se dirige a La Cueta. Y muchísima gente alrededor del gran Lago del Valle. Qué raro verlo sin su habitual bruma. Contamos desde esta atalaya historias de damas enjoyadas que al ir a lavar pierden su tesoro en las aguas. Nos vamos al Pico Rubio.

Este tiene una subida de lo más entretenida si en lugar de rodear por la antecima, emprendes la subida directa. Hay una losa de buena piedra bastante inclinada, pero llena de muescas y grietas para poner pies y manos. Subimos por lo difícil, como no podía ser menos. Prácticamente las mismas vistas y a estas alturas, ya tenemos borrachera de montañas. Un día como el de hoy hace afición de la buena.

Bajamos por la directísima al Lago del Valle. Es algo prohibido en las ordenanzas de regulación de uso del parque natural, pero nosotros tenemos el correspondiente permiso para utilizar los senderos antiguos de los pastores. La bajada es entretenida hasta llegar a la orilla misma. Muchos montañeros descansando por aquí. Miguel que ha bajado por otra canal nos cuenta que se encontró con Luis, nuestro amigo de Laciana que anda con su gente haciendo montaña también por aquí. Es una pena que no nos encontráramos. Me llama por teléfono para saludarnos y de paso, para quedar en la subida a Los Fontanes. Que os vaya bien por estas nuestras montañas.

La vuelta a Valle de lago, ya se sabe: cansados, con la monotonía de la pista y cinco kilómetros por recorrer. Se hace algo pesado. Pero todo queda mitigado por la inusitada belleza del paisaje y por la entretenida conversación. Al fin en el pueblo, después de superar el barrio de L’Outeiro y al bar de siempre a por una bien fresca cervecita que se agradece con el calor. El bar está lleno de montañeros comiendo así que bajamos hasta el autocar que está en la primera recurva esperándonos.

Con pesar abandonamos los valles altos de Somiedo pero, qué se le va a hacer, es la hora de comer y eso no lo perdonamos. Pasan de las cinco de la tarde, esto es habitual en Las Xanas. Bajamos a la Pola a aquel restaurante que descubrimos el año pasado y que tiene hasta una terracita para los amantes del sol. Allí estamos un par de horas bien a gusto. A los postres empiezan a surgir de misteriosas bolsas las exquisiteces: el bizcocho por un lado, las rosquillas por otro y de postre el gran bollo de Pascua con el que nos obsequia Lía.

Ha sido un día montañero de lo más completo y aprovechado. Queremos que haya muchos más así. De encargar buen tiempo se encarga Lito aunque no siempre hecha las monedas adecuadas en la máquina del clima. Esta vez sí acertó. La próxima semana atacaremos La Cabeza L’Arcu en ruta circular desde Caleao. La excursión es sencillamente maravillosa y disfrutona como pocas aunque haya que darse una paliza. Sólo necesitamos que Lito vuelva a acertar con el tiempo. 

FRESINES

miércoles, mayo 14, 2014

BAJAMOS AL OYU LA MADRE



10 de MAYO de 2014

Un regalo de ruta. Empeño personal de Gelu que desde hace tiempo intentó bajar al grupo aquí. Hoy se le logró. Muy buen día, un recorrido muy completo. Por la carretera de los Lagos sube una buena punta de ganado renqueante; no les gusta el asfalto.

Hicimos las etapas como estaban previstas: primero La Buferrera, para bajar después a Belbín, campera verde con los primeros terneros del año pastando la hierba fresca, intenso colorido verde.  Luego a la collada y desde allí subimos al Cantón de Texeu, el que empieza a ser el pico más ascendido por el grupo en los Picos de Europa. La subida guapa, fácil. Nos dedicamos a buscar otra canal distinta y la encontramos en una horcada más a la izquierda de la tradicional. Luego en la cima del monte el paso está lleno de trampas, pero ya se sabe, esto es caliza de Picos de Europa.

Buena contemplada sobre el Cornión: Enol, Los Asturianos, Los Traviesos, la Torre Blanca, la aguja Gregoriana, Peña Santa… no mucho más porque una nube cubre el resto. Pero vaya vista. En verano gatearemos por allí. Bajamos buscando un poco los mejores pasos, teniendo en cuenta que no hay mucho donde escoger.

Nada  más llegar el collado rodeamos el Cantón de Texeu para empezar un rápido descenso por la primera embocadura de la derecha. El camino empieza a estar bien marcado. Alguien añadió pinturas rojas en los árboles. La bajada es rápida, el descenso bastante abrupto. Pero se hace bien. El tronco quemado sigue siendo una buena referencia y más vale seguir por su derecha. Muchas revueltucas más abajo, agarrándose a los jóvenes troncos para hacerlo más fácil. Ya se oye el rumor del agua.

Tardamos todavía veinte minutos en llegar a la orilla del Casaño. Tal parece que estuviéramos oyendo la canción:
 “yo quiero caminar donde no haya sendas
   Yo quiero seguir por la vereda
   Junto a un río que mañana nacerá”

El rumor es intenso. Avanzando hacia la cabecera del río están allí esperándonos los compañeros que no subieron al Cantón de Texeu. Apostados, contemplando la increíble salida del agua en chorro desde una roca elevada. Se pulveriza el agua en mil direcciones. Este sitio es muy especial. El rumor del río puede hasta con las conversaciones que se acaban apagando para sumarse al incesante parloteo del agua que lo invade todo.  Trabajo para las cámaras en el intento de recoger toda la belleza del lugar más especial del Cornión.

Tenemos que subir. Hace calor. La agradable brisa quedó muy arriba. Se hace penosa la subida. No hemos hecho cima, pero esto es igual de duro. Vamos remontando tranquilamente. Uno de los caminos pasa por un corral de cabras formado por hasta trece somieres de cama. Hay que sacar a los objetos el jugo hasta el final. Cuando una vez vine a preparar esta salida un jabalí emergió entre dos cantos y visto y no visto.

Desde arriba volvemos la vista atrás. Se ve perfectamente la Vega Espines entre la Peña Ruano y el lejano Jascal. ¿Tendrá comunicación este río tributario del Casaño con el Oyu La Madre? Creemos que sí, probablemente por la Canal del Picho u otra similar.

En lo alto la brisa. Muy llevadera. Bajamos a Comeya por las sendillas del ganado, hasta encontrar la senda grande que atraviesa todo el valle carbonífero. Ya sabéis que es una turbera en formación. Virando hacia la izquierda, pasando varias veces el riego, cogemos el camino que sube al Escaleru. Las minas de manganeso. La Vega de Comeya luce todas sus galas primaverales. Repleta de flores recibe al primer ganado de la temporada, entre la algarabía de los pájaros que anidan en los majuelos.

Entretenida subida por la rampa que lleva al túnel. Allí nos alcanza Miguel y su grupo que vienen de hacer una arriesgada y hermosa canal por un lateral del Cantón de Texeu. Atravesamos el túnel ¿artificial? Para volver a subir al otro lado hacia las vallas que cierran la Buferrera. Allí podemos quitarnos un poco la sudada, primera de la temporada. Empieza a hacer calor. Los días crecen. Empieza la buena temporada para   hacer montaña.

El bar de Sohornín está abierto. Llegamos con ganas de beber y se desviven por atendernos con la urgencia que mostramos. Agradabilísima comida en un marco inmejorable. Volvemos a despedir a Pablo, esta vez ya de verdad y casi se nos cae la lagrimita.

El día 17 repetimos una de las clásicas: Desde el alto de la Farrapona subiremos al lago Calabazosa para atacar desde la vega los dos Albos y el Pico Rubio que está en medio. Luego bajaremos a El Coto, por la pista que hay a sus pies. Promete ser una magnífica excursión.

FRESINES

martes, mayo 06, 2014

LAS XANAS EN LA GARGANTA DIVINA



36 de MAYO de 2014

Hacía tiempo que no visitábamos el Cares de una forma relajada. Normalmente siempre lo pillamos al final de una ruta y después de bajar mil quinientos o mil ochocientos metros, la senda del Cares se convierte para nosotros en un pasillo que hay que liquidar cuanto antes y más, teniendo en cuenta que vienes de estar en la extrema soledad de los picos, y al llegar aquí abajo te metes en la aglomeración.    

Pero hoy era el día para disfrutar de esta larga senda. Así que con autocar grande, niños y adolescentes incluidos, salimos de Posada con un reluciente día de sol que ya anima lo suyo en esta nuestra actividad pedestre.  Nos organizamos bien y todo está bajo control. Salimos al Mirador del Tombo. Las siluetas de montes conocidos como la Pica de Asotín y la de otros menos conocidos como el Jancao nos valen para discutir un poco, que nos gusta. Luego la incisiva pregunta del preguntón nos pone a buscar la Aguja María Luisa en aquel caos desorganizado de cumbres. La encontramos. Los ojos se nos van a la plataforma de la nevada Palanca.

Seguimos hacía Corona. Breve tramo de carretera y la gozada de cruzar por majadas que estallan de verdor. Estampa inolvidable. Casi más guapo que el resto que nos queda por ver. Pequeña duda y salimos por el Puente Santiján a la carretera. El Cueto Agudos impone su rotunda silueta y obliga al río a doblarse en un tajo difícil de atravesar hasta para las bravas aguas. Vamos muy atentos a las canales de bajada. Los estratos de roca de la garganta son alucinantes. Quebradas, plegamientos, puro plástico en manos de un alfarero loco. El agua gotea por numerosos huecos de la pared.

Paramos en Caín. Este pueblo de pastores ha sufrido una profundísima transformación. Ahora el maná somos nosotros, el turismo. Todo se ha convertido en servicios, y queda poco de aquella aldea de la que hablaba Saint-Saud llena de piojos, en la que la gente moría joven. Amigos, esto es el progreso.

Vamos a los Llanos, atravesamos a la otra margen; mucha gente. Pero no estorba. Es más nos alegra ver que el turismo de naturaleza ha tomado una fuerza inusitada y que la filosofía es que lo natural es un bien de todos y para disfrute de todos, si es que sabemos medirnos un poco (creo que más bien, no). Volvemos a atravesar por encima de la presa. La salmonera que hay trazada es inútil por lo empinada que está.
Dimos en el autocar una hoja guía del Cares que nos ayuda a ver detalles singulares que no se suelen apreciar. Así en el primer túnel, al abrirse el mirador se ven los agujeros trazados para construir una nueva salmonera de madera.

Pero lo que de verdad obsesiona a este esforzado y valiente Grupo de Montaña son las canales. Todos los difíciles caminos hacia las cumbres, de nombres míticos. Los caminos antiguos, las complicadas sendas mineras… Arzón, Las Puertas de Moeño que se ven desde Caín, La Jerrera, Oliseda, la riega de Hojas (esta la subimos el año pasado), Dobresengos, el cuchillar de Mabro, Ría, la Cueva de Cámara, Trea (para el año que viene, espero)… y tantas que me dejo en el tintero. Mención especial de La Tranvía y el camino viejo a Bulnes que alguna gente tiene muchas ganas de recorrer y que, espero, lograremos pronto.

La ruta es una sucesión de discontinuidades, el agua excavó el lecho de la roca y sigue haciéndolo. Un geólogo me cuenta que ha comprobado que rocas recientes en su proceso de meteorismo han quedado 90 metros por encima del cauce actual del río. Significa que la erosión del río continúa con fuerza. Es curioso por dónde lograron meter la canal del agua. La senda (cincuenta años posterior) a veces se encuentra por el camino, a partir de Culiembro va por encima de él, pero en lo profundo y más estrecho del desfiladero circula por debajo de nosotros. Teniendo en cuenta que la caída desde Camarmeña tiene unos setecientos metros, qué estudio tuvieron que hacer aquellos ingenieros vascos. Que trabajo el de aquellos 45 cabraliegos, que atados a cuerdas tendían puentes, rompían la roca, dominaban la bravura del agua. Setenta y un puentes salvan el incesante paso del agua.  

El camino está armado, incluso con altos arcos en forma de puente, en muchos tramos. Mirando hacia atrás de vez en cuando, se ven muchas cosas. Por ejemplo, lo peligrosísima que es esta senda con pavorosas caídas sobre el abismo. En la Huertona argayó. Lo arreglaron con un puente clavado en la roca. Podrían cobrar un simbólico euro por cruzarlo. Han tenido el acierto de dejar una parte del suelo con rejilla para que la gente entienda que está sobrevolando el río que divisas 100 metros por debajo.

En Culiembro descansamos un poco. Aquellos cabrones están enseñados a pedir comida y meter el hocico en las mochilas. Otra posible ruta: Subir por La Raya hasta Ostón y bajar por Culiembro. Habría que ojear primero como está de vegetación la inclinada canal primera. En la Viña el espectáculo de los espectáculos es ver la surgencia de agua del Farfao, que brota intenso, en chorro potente, con aguas prácticamente blancas, enfriando notablemente la temperatura de las del río. Un regalo de los Traves.

Una sección se desgaja del resto y baja por la ladera al primitivo camino que sigue junto al río. Tiene su cosa delicada por la posible caída de piedras provocada por las cabras. Pero bajan en un pis-pás y sin ninguna duda. Subimos Los Collaos, con su famosa piedra en forma de bulbo, pasamos a la altura de El Joracao, famoso arco de una sima que quedó al descubierto cuando el río hizo su labor erosiva. Juro que nunca lo he visto y tendré que fijarme la próxima vez.

Bajamos a Rexes y la Trapa sin más novedades dignas de mención. Antes habíamos pasado por el puentecillo de madera que salva la riega de La Valuga. Hay una compuerta de regulación, y el tramo de canal está también aquí numerado. Aquí se ve muy bien el valle glaciar que abrió en principio este hueco de forma suave y continuada, antes de que el río loco de furia por estar preso entre rocas, rasgara el bonito valle excavando un tajo tan profundo que casi no se ve el surco del agua. Como uno no tiene otra cosa que hacer y vino aquí en el día de hoy, nada más que a contemplar, le dio por contar las curvas de la senda resultando a la derecha 41 revueltas y a la izquierdas o cóncavas treinta y ocho. En fin que los que trazaron la senda eran gente superior.

Lo hemos pasado muy bien. La comida en Poncebos es muy agradable. Nos queda el itinerario geológico de la senda del Cares, porque siempre hay que dejar algo pendiente para tener la excusa de volver. Lo importante: que la próxima semana tenemos otra maravilla natural con el río Casaño como protagonista único. Bajamos al Hoyo La Madre, en un auténtico privilegio para los que se atreven a meterse en las honduras de los Picos de Europa. Advertencia: habrá barro probablemente.

FRESINES

miércoles, abril 30, 2014

DEL CRUDO INVIERNO A LA AMABLE PRIMAVERA EN LOS BÍGAROS



26 de abril de 2014

Volvemos a Torrestío y a Teverga con los que el Grupo se siente muy identificado a base de volver por allí numerosas veces. Tenemos que ser pesimistas: Desde que se estrenó la mañana está lloviendo y en forma. Pero salimos igual, todo sea por el espíritu deportivo.

Así que llegamos a Torrestío que ofrece un aspecto casi desértico. Y es que aunque la temperatura no es baja, está bastante desapacible. Subimos por el Valle de las Partidas. Tenemos enfrente el objeto de nuestros deseos: Los Bígaros y el Muñón. Al principio de este mes subimos por esta misma pista para atacar El Ferreirúa, cargadísimo de nieve. Pasado este tiempo la nieve ha caído mucho aunque se conserva en las laderas norteñas.

Al llegar al collado se desatan todas las furias, porque además de la copiosa lluvia se ha desatado un viento desaforado que te deja pasmado. Un grupo animoso de seis, ya sabéis María José y compañía, se aventuran monte arriba y es una gozada verles subir con tal decisión por la empinada ladera.

Pasamos la línea divisoria y comienza a despejar. El fuerte viento se está llevando todos los nubarrones hacia el mar. El camino, de continuar rectos, nos metería a la Foz de los Arroxos, uno de los recorridos más inolvidables que uno puede efectuar en Somiedo. Bajamos a la braña de Torce o Aguil y aquello es un remanso en medio de las furias. La majada fue importante a juzgar por el número de restos de cabañas y corros. Los tres corros que quedan en pie son notables por su construcción y por su aspecto exterior blanquecino. Recostados contra una cabaña que nos protege del viento del oeste pasamos un rato muy a gusto, al primer solecillo de la mañana. Nuestros arrojados compañeros ya crestean por el Muñón. Les esperamos un rato largo, pero todavía tienen que desandar mucho. Así que cogemos la buena vereda que nos llevará a Torce, muchísimos metros más abajo.

Bajamos en revueltas continuas . El piso está sembrado de piedras arrancadas del buen empedrado que se mantuvo hasta hace poco. Todavía hay zonas enteras perfectas para los carros del país. La bajada se mete pronto por el bosque, mofoso hayedo joven, muy grato de caminar. Metidos en la hondura de la ladera. Desde la braña se podían distinguir muchos pueblos: Carrea, Sobrevilla…, hasta la lejana Ubiña, La Salguera, La Siella, La Lloral, El L’Obiu, El Caldoveiro. También veíamos bien desde arriba esta mancha verde que es la Braña de las Segadas, a la que ahora estamos llegando. Como no hemos hecho ninguna cumbre subimos a un agudo pico menor, debajo del empinadísimo Peña Negra, y desde donde podemos contemplar a nuestras anchas los valles de Teverga y Yernes. Nos alcanzan en la cima los que venían detrás.

Seguimos paralelos al riachuelo, escondido, transparente, henchido de agua al que acompañamos en su curso hacia el río siguiente. La pista no se acaba nunca. Hay muchos metros que descender para llegar a meta. Saltamos arroyos, se atraviesan vaguadas, se cruza bajo pequeñas cascadas. Por fin una muria, signo de civilización. Todavía medía hora larga para llegar a las primeras casas del pueblo.

Cuando llegamos a Torce el reloj ha corrido hasta seis horas desde que empezamos. Sufrimos los rigores del invierno y en este valle cerrado nos espera un prometedor verano. Estos cambios de clima acaban con nosotros. En Torce me maravilla al pasar un banco de la plaza de esos de listones, por en medio de los cuales está brotando pujante un pequeño jardín florido. Lo más romántico que vi en muchos años. Lástima de cámara de fotos.

Tras cambiarnos bajamos raudos a San Martín, al hotel, que Aladino está hoy a rebosar. Comemos muy tranquilos y a la sombra y resguardo de los vientos. Después de comer Pablo nos comunica que nos abandona por razones de trabajo. Con su persistencia habitual ha encontrado una digna ocupación, similar a la que venía haciendo en la Universidad de Oviedo, y que le llevará a vivir en tierras escocesas. En cuanto pueda se llevará a Alicia de profe por allí. Perdemos dos montañeros, pero es bueno tener amigos por el mundo. Cualquier día aparece Las Xanas a hacer montaña por los barrancos de Escocia. Lo que importa, amigo Pablo, amiga Alicia, es que habéis dejado un hueco en nuestro corazón y que echaremos de menos nuestras muchas horas de conversación. Y naturalmente tus agudos comentarios chistosos, irónico Pablo.

El calendario continúa impertérrito y estrenamos mayo con la más clásica de las clásicas rutas astur-leonesas: La travesía de la Divina Garganta del Cares, empezando en Posada de Valdeón para atravesar Cain y llegar finalmente a Puente Poncebos. No por conocida deja de ser de una belleza extraordinaria. Aprovechémosla para disfrutar a tope.

FRESINES