martes, mayo 06, 2014

LAS XANAS EN LA GARGANTA DIVINA



36 de MAYO de 2014

Hacía tiempo que no visitábamos el Cares de una forma relajada. Normalmente siempre lo pillamos al final de una ruta y después de bajar mil quinientos o mil ochocientos metros, la senda del Cares se convierte para nosotros en un pasillo que hay que liquidar cuanto antes y más, teniendo en cuenta que vienes de estar en la extrema soledad de los picos, y al llegar aquí abajo te metes en la aglomeración.    

Pero hoy era el día para disfrutar de esta larga senda. Así que con autocar grande, niños y adolescentes incluidos, salimos de Posada con un reluciente día de sol que ya anima lo suyo en esta nuestra actividad pedestre.  Nos organizamos bien y todo está bajo control. Salimos al Mirador del Tombo. Las siluetas de montes conocidos como la Pica de Asotín y la de otros menos conocidos como el Jancao nos valen para discutir un poco, que nos gusta. Luego la incisiva pregunta del preguntón nos pone a buscar la Aguja María Luisa en aquel caos desorganizado de cumbres. La encontramos. Los ojos se nos van a la plataforma de la nevada Palanca.

Seguimos hacía Corona. Breve tramo de carretera y la gozada de cruzar por majadas que estallan de verdor. Estampa inolvidable. Casi más guapo que el resto que nos queda por ver. Pequeña duda y salimos por el Puente Santiján a la carretera. El Cueto Agudos impone su rotunda silueta y obliga al río a doblarse en un tajo difícil de atravesar hasta para las bravas aguas. Vamos muy atentos a las canales de bajada. Los estratos de roca de la garganta son alucinantes. Quebradas, plegamientos, puro plástico en manos de un alfarero loco. El agua gotea por numerosos huecos de la pared.

Paramos en Caín. Este pueblo de pastores ha sufrido una profundísima transformación. Ahora el maná somos nosotros, el turismo. Todo se ha convertido en servicios, y queda poco de aquella aldea de la que hablaba Saint-Saud llena de piojos, en la que la gente moría joven. Amigos, esto es el progreso.

Vamos a los Llanos, atravesamos a la otra margen; mucha gente. Pero no estorba. Es más nos alegra ver que el turismo de naturaleza ha tomado una fuerza inusitada y que la filosofía es que lo natural es un bien de todos y para disfrute de todos, si es que sabemos medirnos un poco (creo que más bien, no). Volvemos a atravesar por encima de la presa. La salmonera que hay trazada es inútil por lo empinada que está.
Dimos en el autocar una hoja guía del Cares que nos ayuda a ver detalles singulares que no se suelen apreciar. Así en el primer túnel, al abrirse el mirador se ven los agujeros trazados para construir una nueva salmonera de madera.

Pero lo que de verdad obsesiona a este esforzado y valiente Grupo de Montaña son las canales. Todos los difíciles caminos hacia las cumbres, de nombres míticos. Los caminos antiguos, las complicadas sendas mineras… Arzón, Las Puertas de Moeño que se ven desde Caín, La Jerrera, Oliseda, la riega de Hojas (esta la subimos el año pasado), Dobresengos, el cuchillar de Mabro, Ría, la Cueva de Cámara, Trea (para el año que viene, espero)… y tantas que me dejo en el tintero. Mención especial de La Tranvía y el camino viejo a Bulnes que alguna gente tiene muchas ganas de recorrer y que, espero, lograremos pronto.

La ruta es una sucesión de discontinuidades, el agua excavó el lecho de la roca y sigue haciéndolo. Un geólogo me cuenta que ha comprobado que rocas recientes en su proceso de meteorismo han quedado 90 metros por encima del cauce actual del río. Significa que la erosión del río continúa con fuerza. Es curioso por dónde lograron meter la canal del agua. La senda (cincuenta años posterior) a veces se encuentra por el camino, a partir de Culiembro va por encima de él, pero en lo profundo y más estrecho del desfiladero circula por debajo de nosotros. Teniendo en cuenta que la caída desde Camarmeña tiene unos setecientos metros, qué estudio tuvieron que hacer aquellos ingenieros vascos. Que trabajo el de aquellos 45 cabraliegos, que atados a cuerdas tendían puentes, rompían la roca, dominaban la bravura del agua. Setenta y un puentes salvan el incesante paso del agua.  

El camino está armado, incluso con altos arcos en forma de puente, en muchos tramos. Mirando hacia atrás de vez en cuando, se ven muchas cosas. Por ejemplo, lo peligrosísima que es esta senda con pavorosas caídas sobre el abismo. En la Huertona argayó. Lo arreglaron con un puente clavado en la roca. Podrían cobrar un simbólico euro por cruzarlo. Han tenido el acierto de dejar una parte del suelo con rejilla para que la gente entienda que está sobrevolando el río que divisas 100 metros por debajo.

En Culiembro descansamos un poco. Aquellos cabrones están enseñados a pedir comida y meter el hocico en las mochilas. Otra posible ruta: Subir por La Raya hasta Ostón y bajar por Culiembro. Habría que ojear primero como está de vegetación la inclinada canal primera. En la Viña el espectáculo de los espectáculos es ver la surgencia de agua del Farfao, que brota intenso, en chorro potente, con aguas prácticamente blancas, enfriando notablemente la temperatura de las del río. Un regalo de los Traves.

Una sección se desgaja del resto y baja por la ladera al primitivo camino que sigue junto al río. Tiene su cosa delicada por la posible caída de piedras provocada por las cabras. Pero bajan en un pis-pás y sin ninguna duda. Subimos Los Collaos, con su famosa piedra en forma de bulbo, pasamos a la altura de El Joracao, famoso arco de una sima que quedó al descubierto cuando el río hizo su labor erosiva. Juro que nunca lo he visto y tendré que fijarme la próxima vez.

Bajamos a Rexes y la Trapa sin más novedades dignas de mención. Antes habíamos pasado por el puentecillo de madera que salva la riega de La Valuga. Hay una compuerta de regulación, y el tramo de canal está también aquí numerado. Aquí se ve muy bien el valle glaciar que abrió en principio este hueco de forma suave y continuada, antes de que el río loco de furia por estar preso entre rocas, rasgara el bonito valle excavando un tajo tan profundo que casi no se ve el surco del agua. Como uno no tiene otra cosa que hacer y vino aquí en el día de hoy, nada más que a contemplar, le dio por contar las curvas de la senda resultando a la derecha 41 revueltas y a la izquierdas o cóncavas treinta y ocho. En fin que los que trazaron la senda eran gente superior.

Lo hemos pasado muy bien. La comida en Poncebos es muy agradable. Nos queda el itinerario geológico de la senda del Cares, porque siempre hay que dejar algo pendiente para tener la excusa de volver. Lo importante: que la próxima semana tenemos otra maravilla natural con el río Casaño como protagonista único. Bajamos al Hoyo La Madre, en un auténtico privilegio para los que se atreven a meterse en las honduras de los Picos de Europa. Advertencia: habrá barro probablemente.

FRESINES

miércoles, abril 30, 2014

DEL CRUDO INVIERNO A LA AMABLE PRIMAVERA EN LOS BÍGAROS



26 de abril de 2014

Volvemos a Torrestío y a Teverga con los que el Grupo se siente muy identificado a base de volver por allí numerosas veces. Tenemos que ser pesimistas: Desde que se estrenó la mañana está lloviendo y en forma. Pero salimos igual, todo sea por el espíritu deportivo.

Así que llegamos a Torrestío que ofrece un aspecto casi desértico. Y es que aunque la temperatura no es baja, está bastante desapacible. Subimos por el Valle de las Partidas. Tenemos enfrente el objeto de nuestros deseos: Los Bígaros y el Muñón. Al principio de este mes subimos por esta misma pista para atacar El Ferreirúa, cargadísimo de nieve. Pasado este tiempo la nieve ha caído mucho aunque se conserva en las laderas norteñas.

Al llegar al collado se desatan todas las furias, porque además de la copiosa lluvia se ha desatado un viento desaforado que te deja pasmado. Un grupo animoso de seis, ya sabéis María José y compañía, se aventuran monte arriba y es una gozada verles subir con tal decisión por la empinada ladera.

Pasamos la línea divisoria y comienza a despejar. El fuerte viento se está llevando todos los nubarrones hacia el mar. El camino, de continuar rectos, nos metería a la Foz de los Arroxos, uno de los recorridos más inolvidables que uno puede efectuar en Somiedo. Bajamos a la braña de Torce o Aguil y aquello es un remanso en medio de las furias. La majada fue importante a juzgar por el número de restos de cabañas y corros. Los tres corros que quedan en pie son notables por su construcción y por su aspecto exterior blanquecino. Recostados contra una cabaña que nos protege del viento del oeste pasamos un rato muy a gusto, al primer solecillo de la mañana. Nuestros arrojados compañeros ya crestean por el Muñón. Les esperamos un rato largo, pero todavía tienen que desandar mucho. Así que cogemos la buena vereda que nos llevará a Torce, muchísimos metros más abajo.

Bajamos en revueltas continuas . El piso está sembrado de piedras arrancadas del buen empedrado que se mantuvo hasta hace poco. Todavía hay zonas enteras perfectas para los carros del país. La bajada se mete pronto por el bosque, mofoso hayedo joven, muy grato de caminar. Metidos en la hondura de la ladera. Desde la braña se podían distinguir muchos pueblos: Carrea, Sobrevilla…, hasta la lejana Ubiña, La Salguera, La Siella, La Lloral, El L’Obiu, El Caldoveiro. También veíamos bien desde arriba esta mancha verde que es la Braña de las Segadas, a la que ahora estamos llegando. Como no hemos hecho ninguna cumbre subimos a un agudo pico menor, debajo del empinadísimo Peña Negra, y desde donde podemos contemplar a nuestras anchas los valles de Teverga y Yernes. Nos alcanzan en la cima los que venían detrás.

Seguimos paralelos al riachuelo, escondido, transparente, henchido de agua al que acompañamos en su curso hacia el río siguiente. La pista no se acaba nunca. Hay muchos metros que descender para llegar a meta. Saltamos arroyos, se atraviesan vaguadas, se cruza bajo pequeñas cascadas. Por fin una muria, signo de civilización. Todavía medía hora larga para llegar a las primeras casas del pueblo.

Cuando llegamos a Torce el reloj ha corrido hasta seis horas desde que empezamos. Sufrimos los rigores del invierno y en este valle cerrado nos espera un prometedor verano. Estos cambios de clima acaban con nosotros. En Torce me maravilla al pasar un banco de la plaza de esos de listones, por en medio de los cuales está brotando pujante un pequeño jardín florido. Lo más romántico que vi en muchos años. Lástima de cámara de fotos.

Tras cambiarnos bajamos raudos a San Martín, al hotel, que Aladino está hoy a rebosar. Comemos muy tranquilos y a la sombra y resguardo de los vientos. Después de comer Pablo nos comunica que nos abandona por razones de trabajo. Con su persistencia habitual ha encontrado una digna ocupación, similar a la que venía haciendo en la Universidad de Oviedo, y que le llevará a vivir en tierras escocesas. En cuanto pueda se llevará a Alicia de profe por allí. Perdemos dos montañeros, pero es bueno tener amigos por el mundo. Cualquier día aparece Las Xanas a hacer montaña por los barrancos de Escocia. Lo que importa, amigo Pablo, amiga Alicia, es que habéis dejado un hueco en nuestro corazón y que echaremos de menos nuestras muchas horas de conversación. Y naturalmente tus agudos comentarios chistosos, irónico Pablo.

El calendario continúa impertérrito y estrenamos mayo con la más clásica de las clásicas rutas astur-leonesas: La travesía de la Divina Garganta del Cares, empezando en Posada de Valdeón para atravesar Cain y llegar finalmente a Puente Poncebos. No por conocida deja de ser de una belleza extraordinaria. Aprovechémosla para disfrutar a tope.

FRESINES

martes, abril 22, 2014

ASCENSIÓN PRIMAVERAL A LAS PEÑAS NEGRAS



19 de abril de 2014

El grupo Las Xanas estrena autocar. Un flamante minibús de veintisiete plazas que huele a tapicería nueva, y es todo suavidad. Se agradece la comodidad y el tonillo rojo como de discoteca años ochenta. Montados en tan suave medio de locomoción es la primera vez que recorremos el recién estrenado corredor del Aller. Pasado Moreda nos salimos a nuestra querida Casa Menéndez en Piñeres con la sorpresa de que está cerrado, a pesar del aviso telefónico. Algún malentendido. Total que cogemos los bártulos y bajamos a Cabañaquinta a aquel bar que nos atiende tan bien.

Muy pronto por la mañana aparcamos en Pelúgano. Las cumbres están todas cubiertas de niebla. ¿Podremos hacer actividad montañera? Vamos a comprobarlo. Son las diez menos diez cuando empezamos a subir primero al barrio de Cimaderriba y una hora después a la Collá Pelúgano. El muy conocido camino enfoca hacía la canal del Arcón. Subimos bufando porque hace calor aunque  está nublado. Pequeña parada ante el mal llamado Ojo de Buey y mejor conocido por los lugareños como L’Arcón de Peña Mea. Superada la antigua mayada hacemos una parada para que unos pocos suban al Ojo por detrás y otros bajemos a la Cueva que hay a nuestros pies, la conocida como la Iglesiona y que se ve bien desde Tolivia.

Pasamos a la Canal de Les Cueves y la mayoría del grupo opta por subir a Peña Mea en directísima, a pesar de que tal como está el cielo no se va a ver nada. Otro grupillo de seis subimos por la ruta prevista hacia La Campa Mea, ya sabéis, que hay que pasar por encima del enorme barranco, que aunque no tiene mucha dificultad siempre impone respeto. Superamos la Fuente‘l Gatu que echa un hilillo de agua. Allí esperamos recogidos tras un peñasco del desagradable vientecillo que se ha levantado. Se despeja algo en la cumbre, por allí aparecen nueve esforzados montañeros con ganas de cumbrear.

Ya reunidos atacamos el serrote de las Peñas Negras que tiene cierta incomodidad por causa del blando terreno tan pisado por el ganado. Si se sube por detrás la ascensión es cómoda y se pasa bien de un serrote al siguiente. Una vez arriba estamos por encima de un algodonoso mar de nubes que tapa toda Asturias. Sólo lo superan algunos montes de la cordillera y por supuesto el Torres, el Retriñón y el Cuchu. Nuestra primera intención era seguir hasta la Forcá, pero es que ni se ve desde aquí. Total que hacemos dos grupos: uno que sigue la ruta por la sierra adelante hacia la collá la Padiella y otro que se da la vuelta para buscar a Gil y a Lito que se quedaron en la Campa Mea.

Según el mapa del libro de Guari hay una bajada directa junto a la Paré de Riegos siempre hacia el Este. No encontramos está directísima y bajamos por una riega de no mal caminar que empieza justo al final de la rampa. Se nos juntan tres simpáticos jóvenes gallegos que no saben por dónde han subido y que no tienen idea de cómo se puede bajar. Al final de la riega (no vemos en ningún momento dónde acaba) hay una ladera más bien bastante inclinada que sin embargo está aterrazada por el ganado y nos facilita el perder muchos metros. Queda un tramo de bosque, de mal piso y buen andar. Ni rastro de civilización. Bajamos otro tramo más, mirando hacia arriba para ver si se distingue la silueta de la collada Pandiella, mirando hacia abajo para buscar una salida airosa. La pista tiene que estár ahí debajo. Era un importante camino de acceso a la mina. Cuando salimos del bosque hay un peñón que divide en dos el panorama. Saliendo por el noroeste es más probable que encontremos la buena dirección. Nueva bajada, perdemos mucha altura, la galleguiña diciendo que quiere llegar al trabajo el lunes y nosotros contándole historias de lobos… Por fin divisamos praderías y cabañas, pero de cerca nada. Hay un camino importante al final de la cuesta y lo seguimos con dedicación.

El siguiente paso es salirse de este caminito para seguir otro que bordeando la roca nos lleva a una cabaña. Al cambiar al valle siguiente aparece un gran zig-zag muy marcado que es por dónde tendríamos que haber vuelto. Desde la cabaña todo es mucho más fácil. Acabamos, en las cabañas de Campa Fonso, encontrando la pista que con algún sube baja nos llevará a Pelúgano. De camino recibimos la llamada de la dueña de Casa Menéndez disculpándose por un malentendido, y como no somos nada rencorosos le anunciamos que bajamos a comer allí. Otra llamada nos informa que los Manuel, Miguel y compañía están en Pelúgano hace media hora. Caray con las alternativas inferiores, qué peligro tienen en este grupo. Y María que siempre se apunta en el grupo más trabajado.

Pero, en cualquier caso, somos cumplidores y en lugar de llegar a las cuatro, como estaba previsto llegamos un cuarto de hora después, lo que se puede perdonar. Nos está esperando José Juan para bajar a comer. Así que al autocar que estamos muertos de hambre. Sólo hay que esperar a Isa que siempre se deja el paraguas. Los gallegos se despiden agradecidos. Comemos bien como siempre, con viandas propias y de la casa, más postres de Rosa y de Hugo. Nos hace ilusión volver en el nuevo bus y pronto a casa a por una ducha. Ha sido un buen día de montaña, contando con la niebla y todo. La prueba es que estamos bastante “coloraos”.

El 26 tenemos la excursión a LOS BÍGAROS, desde Torrestío en dónde llevamos recalando una buena temporada. Queremos bajar a Teverga por la Collada Aguil y terminar en Torce. Seguro que la parada siguiente será Casa Aladino. AVISO IMPORTANTE: LA SALIDA DE ESTE SÁBADO 26 ES A LAS 8 DE LA MAÑANA, DE OVIEDO, NO DE SAN ANDRÉS.

Recordad que estamos apuntando a la gente para los dos Refugios del verano, ya tenemos reservadas las plazas y hay mucha demanda. No lo dejéis para última hora. Los precios de reserva son de 10 € cada refugio.

FRESINES

martes, abril 15, 2014

EN EL CANILLÍN, BOSQUE DE ENCANTO, BUENA VISTA Y FANTÁSTICO DESCENSO

12 de ABRIL de 2014

Fieles a nuestra cita semanal con la montaña vamos hacia los valles ponguetos que siempre nos han enseñado lo mejor de su recóndita naturaleza. Dejamos la nieve para el recuerdo en las duras batallas con el Carria y el Ferreirúa. La ruta que afrontamos hoy sobre el papel es más sencilla pero tiene un punto de atención en la nota del programa: La bajada por el vertiginoso Sedo de la Cruz del Pico que algunos veteranos ya conocen de sobra.

Así que nuestra parada de autocar se realiza en el kilómetro 2,5 de la carretera que desde Ceneya sube a Amiela. Es una ancha pista ganadera que arranca inclinada desde el momento mismo que abandonamos la carretera. La subida es eterna. No se para de dar vueltas y revueltas hasta alcanzar el Collado Ordes tras remontar setecientos metros. Tardamos poco. Este grupo cada día sube con más alegría.

Pequeña parada en la collada para situarnos, porque las nubes muy bajas cubren casi todas las alturas. La majada Baeno queda algo por debajo de nuestra altitud. Esta generosa mancha verde va a ser una buena referencia para la vuelta. Se acabó el camino civilizado. Lo que sigue es un buscarse un poco la vida entre peñascos calizos y hierba. Afortunadamente la vegetación no está espesa y el avance es rápido. Casi llaneo porque estamos manteniendo la altura a pesar de los consabidos toboganes en la falda del Pico del Vaso. Estamos girando claramente al sureste. Bajamos a un delicioso rincón con su correspondiente cabaña. Es un valle empotrado entre dos paredes y que termina en un bosquete de abedules y fayas. Es el monte Los Cuebros, recubierto de hoja caída, desnudo de hoja nueva, recubierto de un espeso musgo, vertebrado por altos roquedos. Eso, un bosque de encanto.

Atravesamos el bosque en un continuo sube-baja, con saltos de troncos caídos y pequeñas trepas en la piedra. Salimos a otra colladina esta vez en la falda del Canillín. La subida por la arista o por la ladera sur es sencilla y tiene recompensa. Se sale directamente a la cumbre. Tiene su buen buzón en la cruz de aluminio. Vacío de tarjetas, lo que no deja de sorprendernos porque la cumbre no tiene desperdicio. La vista no es muy buena por el nublado, pero se adivina el Cabroneru, El Recuento, Los Bedules, el Pierzu, El Tiatordos y el Carria.

Estamos un rato en la cumbre, es muy reconfortante estar aquí. Y dominar, como las águilas la aldea del Beyu Bajo, en un picado cinematográfico. Bajamos por el sur entrando de nuevo al bosque. Hasta la majada Baeno y luego en busca de la cabaña con cobertizo donde empiezan a aparecer los jitos y las marcas azules. Caemos enfilados hacia el sedo. El inicio de este corta la respiración. La sensación de vacío es de mucho calado. Aún así no ofrece peligro alguno si se baja este primer tramo con la prudencia conveniente. El sedo va dando vueltas a toda la ladera, primero hacia un gran argayo de piedra suelta que se cruza bien y luego atravesando toda la Gracea de Redonda, en un serpentín continuo, bastante señalizado, aunque hay que estar atento a los muchos senderos secundarios. El día está seco, no hay mucho barro, a pesar de eso se resbala en la piedra. Nos metemos al bosquecillo. Luego clarea y se vuelve a convertir en más y más espeso. Hay que hacer una breve remontada, que las piernas agradecen después de tanta bajada. De nuevo otra maravilla de bosque con breves desfiladeros entre rocas que evocan historias de lobos y bandidos. El río Redonda nos llama cantarín desde más abajo y a él nos encaminamos para cruzarlo por encima de su puente. ¿Habrá otro rincón más ubérrimo entre todas estas montañas plegadas? Tiene naturalmente su pequeña cascada y su olla natural. Un poco más abajo la cascada buena, la grande tira litros y litros de agua montaña abajo en un derroche de generosidad. Repuestos de tanta emoción salimos a la carretera del Sella y, siguiendo carretera arriba, llegamos a Puente Vidosa después de haber sobrevolado por las alturas. La realidad, el suelo, siempre son mucho más ramplones. Porque quien ha visto, como nosotros, el mundo desde la altura queda definitivamente cambiado, enamorado de los valles, los beyos y la singular y complicada arquitectura de Ponga.

Como nuestra actividad sigue a pesar de fiestas y vacaciones, el Sábado Santo queremos dominar las Peñas Negras en el valle del Aller, subiendo desde Pelúgano para volver al mismo sitio de partida. De propina intentaremos llegar a la Forcada a poco que se ponga a tiro. Puede ser un primaveral día de montaña de los que de verdad se disfrutan de principio a fin. Esta semana Peña no está así que llamadme a mí.

FRESINES

miércoles, abril 09, 2014

NUEVA AVENTURA EN EL FERREIRUA. SUBIDA ESFORZADA, BAJADA FÁCIL(¿?), TRAVESÍA DEL BOSQUE COMPLICADA



5 de abril de 2014

Vamos al Ferreirua, ¿cuánta nieve puede acumular?. Sólo hay una manera de saberlo. Subimos Ventana. Los Huertos están muy cargados. La Ubiña escondida entre nubarrones. En teoría hoy va a hacer muy malo ¿nos libraremos también esta semana?

El comienzo lo tenemos en Torrestío. Subir por el Camín de la Mesa hasta un cierto punto en el que retrocedemos hacia atrás siempre subiendo. Aquí ya pisamos nieve. ¿Cuánta? “Algo más de un metro escaso”, dice Javier que dijo el gallego. ¿Lo entendeís? El caso es que nieve hay. Saltamos por encima del arroyo casi invisible. El aspecto del Morronegro es terrible. El Ferreirúa de momento no es más que una silueta afilada y algo lejana. Llegamos a la Collada Refuexo. Es un sitio interesante. La vista de los montes que rodean el Boquerón de Ventana es muy admirable.

Un grupo de cinco decide bajar. Los demás atacamos collado arriba para buscar la siguiente colladina que está casi empotrada en la temible ladera. El Ferreirúa ha decidido no mostrar ninguna cara amable, más bien lo contrario. A pesar de todo atacamos. Manuel, Miguel, Hugo, Clemente, Emilio y Carrete, lo quieren hacer difícil de verdad y emprenden la subida por toda la arista, trepando por la húmeda y helada cuarcita. Tienen buenos agarres, pero a pesar de todo arriesgan. Angel con el resto emprende el camino más lógico que es avanzar al este para atacar por la ladera más fácil. Es un camino más largo pero infinitamente más seguro. Se trata de evitar sobre todo el fondo del valle que tiene una profunda capa de nieve.

La subida es bastante agotadora, especialmente para el primero. Hay que darle duro a las piernas para superar los hoyos, los resbalones, las piedras ocultas. Subimos con fuerza pero la montaña logra atemperarnos. Por fin estamos en la ladera misma de la montaña. El avance es más lento porque todo está sembrado de profundos hoyos que comen piernas enteras.

A golpe de bastón y con buena decisión llegamos a la cumbrera. Quien más y quien menos resbaló más de una vez. (Hasta Silvio, ¡oigan!). Salimos a la primera cima que parece incluso más alta que el propio pico. Para llegar a él hay que  atravesar un estrecho  corredor muy afilado y con gran patio en sus dos aristas sobre todo en la Norte. Mejor no mirar para abajo. Terminado el corredor, una breve trepada en la roca nos sitúa en la cima donde están esperándonos hace rato. Hacemos un par de fotos rápidas. Y nos vamos con prisa. Yo no quisiera estar aquí más tiempo porque estamos en una especie de isla meteorológica rodeados de densos nubarrones que ya están descargando hacia Teverga, y hacia el lejano Estorbín. Durante un ratito vemos la Ubiña, y Peña Saleras. Bajamos.

La bajada con esta nieve es mucho menos complicada que la subida. Ya suponéis, nieve primavera, nieve que acolcha las pisadas. A cambio un aguarón en cada bota. Creo que no se libró nadie de la terrible humedad en los piés. Casi estamos llegando a la colladina segunda cuando una llamada de teléfono (¿dónde estaban hoy los walkies, Fernando?) nos avisa que Lito, Javier Lavín y otros dos están en apuros en una ladera y no aciertan a pasar. Aceleramos el paso, en la medida que se puede, al tiempo que se nos acelera también el corazón. Creemos poder llegar a Refuexo en un cuarto de hora que en la realidad se convierte en media hora. Desde aquel alto vemos a todo el grupo (rescatados y rescatadores) en un grupo compacto abajo. Llega el aviso telefónico descafeinando la alarma. Parece que subieron más de la cuenta y por evitar un pala de nieve se metieron en una ladera inclinada por la que no se atrevieron a bajar hasta que llegó Cris a hacerles una huella en escalones. Un veterano rescata a otros dos. Bien por la experiencia.

Ya reunificado el grupo, menos Manuel y Hugo que gozan de mucha prisa, empezamos la segunda parte de esta aventura. Y aventura es porque nos estamos metiendo en la bajada a La Puerca por el río Ortigosa. ¿Habéis cruzado esta riega en verano? Un juego de niños, pero tal como está hoy hay que pensárselo antes de saltar. El río baja por el camino, el camino se ha convertido en río, todo se ha confabulado para hacernos el paso más bien dificultoso: primero una cascada que sale por la derecha, luego una serie de escalones que sobre el lecho de roca ha descubierto el río dificultando la pisada. Luego hay que descender por un pequeño barranco resbaladizo, los escayos se encargan de hacerlo todo complicado. Es agotador. Habrá que reconocerlo, perdimos el camino que debe ir por el otro lado del río.

Seguimos bajando. “La gran muralla de vegetación, una exuberante masa de troncos…”, describe Conrad, y es que la infinita curiosidad de enfrentarse a lo desconocido, de luchar contra la Naturaleza virgen hace valorar más la gratuidad y la inutilidad de nuestro considerable esfuerzo. Por fin damos con el camino. El bosque no deja de ser digno de toda nuestra admiración. Las hayas más nudosas que hayamos visto nunca. Todavía hay que sortear los troncos de una altísima haya caída a golpes de temporal. El camino se hace más liviano, saltamos a la pradería, por acortar, y volvemos al camino cien metros más abajo. Estamos junto a la carretera del puerto. A ella salimos bajando un kilómetro y pico que nos vale para comentar las incidencias del día y cómo uno puede meterse en un embolado en un momento y LO IMPORTANTE ES QUE EL GRUPO, TODO EL GRUPO, ESTÉ PENDIENTE DE ACUDIR DONDE HAYA PROBLEMAS PORQUE ESTA ES LA PRINCIPAL GARANTÍA DE NUESTRA SEGURIDAD Y EL TRIUNFO DEL COMPAÑERISMO.

El día 12 la ruta que nos marca el calendario es la del Canillín. La subida la empezaremos en Cenella para atacar casi mil metros hasta el Collado Ordes y desde ahí descender al Canillín. Luego bajaremos hasta Puente Vidosa. Recordad la subida que hace dos semanas veíamos desde el Carriá. Otra emocionante aventura nos espera.

FRESINES