miércoles, abril 14, 2010

UN BALCON SOBRE EL SELLA

El Cantu Loto o la Pica Loto, es el último bastión de la alargada sierra que comienza en Amieva para morir en tierras leonesas de Sajambre. Después de él, el abismo. Abismo que lo rodea casi por todos sus lados, pues las caídas que tiene tanto sobre el Desfiladero de Los Beyos, como sobre Sajambre, son de pánico.

Pues a conocer este baluarte nos fuimos el pasado sábado día 10, con el autocar a tope y dejando gente en casa a causa de las limitaciones que nos impone la carretera que sube a Soto de Sajambre, que no permite el paso a autocares de grandes dimensiones. Así que 30 valientes se enfrentarían a los abismos y al terreno “rompepiernas” del Cantu Loto.

Tras atravesar la estrecha carretera de Soto de Sajambre, el autocar nos deja a nuestra suerte en este bonito pueblo leonés. Atravesamos sus calles y salimos del pueblo por la pista que se dirige a los Puertos de Beza, contemplando las primeras imágenes de la Peña Santa.

La senda es suficientemente conocida, por lo que no necesita ninguna presentación. Al llegar a los Collaos, en vez de seguir subiendo a la derecha camino de la Portillera de Beza y de la Senda de arcediano, abandonamos el PR para, de frente, ir subiendo por las praderas a buscar las faldas de Peña Parcia a la que subimos por un sendero bien empinado.

La subidita es corta pero dura y lo peor es que una vez arriba, tenemos que volver a bajar. El descenso hacia el suroeste es una estrecha franja de terrenos herboso muy pendiente, lo que a la mayoría nos obliga a buscar mejores pasos, cosa que encontramos descendiendo con muchas precauciones al bosque que tenemos a mano derecha.

Una vez en el bosque del Monte Parcia, encontramos un sendero no muy marcado, que nos lleva casi en llano al collado que se forma entre Peña del Acebo y Peña Llava, dejando a nuestra izquierda la afilada cresta de la Peña del Sedo.

Salimos del bosque y con una muy buena vista de Oseja de Sajambre a nuestra derecha, comenzamos a subir las últimas rampas de acceso a la Pica Loto. Llegamos a la parte alta de la cresta y nos sorprenden las profundas caídas hacia el Sella que por nuestra izquierda nos intimidan. Tras un corto recorrido por toda la cresta, alcanzamos al fin la cumbre del Cantu Loto.

Las vistas son estupendas gracias a la magnífica climatología del día. La Peña Santa, acompañada del Torco, Los Moledizos y La Bermeja. También el Cantu Carbonero y Beza con algo de nieve, le hacen compañía. Por la derecha el Jario con Soto de Sajambre a sus pies y siguiendo en la misma dirección en un giro completo, Oseja y la Pica Ten, el Pozua, Niajo, Peña Ten y Pileñes, Collau Zorro, Tiatordos, Campigüeños, la Llambria, El Pieza y el Carria y entre ellos y nosotros, un abismo inmenso de cortadas, praderas y peñas. Al otro lado del Sella, Casielles con Peña Salón, Peña Subes y el Sen de Los Mulos. Más a la derecha, bajo las caídas del Carria, vemos las casas colgadas de San Ignacio de los Beyos. Tras el Carria aparece en la lejanía el Sueve.

Da pena abandonar esta terraza de magníficas vistas y aún menos con la climatología que es estupenda y se agradece el estar tomando el sol en este magnífico lugar. Pero tras las fotos de rigor, no nos queda más remedio que iniciar el descenso y lo hacemos por el mismo camino por el que llegamos, volviendo a ver las caídas sobre el Sella, esta vez a nuestra izquierda. Descendemos hasta el collado a los pies de Peña Llava desde donde descenderemos a Güembres.

Para ello, hacemos uso del sendero que sale a nuestra derecha por un profundo canalón de buena inclinación, en el que tenemos que poner todos nuestros sentidos para evitar caídas. El sendero es de tierra y gracias a que estaba seco no tuvimos ningún problema. Otra cosa sería que hubiese humedad. Descendemos poco a poco y alcanzamos las praderas de Güembres donde hacemos un corto descanso para recuperarnos.

Seguimos ruta con dirección sur, caminando por las praderas sin ningún problema e introduciéndonos en un bosquecillo en el que nos topamos con una cabaña de la majada de Cerezaledo. El sendero continúa descendiendo y en algún punto dejamos una bifurcación a la derecha que nos llevaría a la derruida Ermita de San Pedro. El caso es que nosotros seguimos por el sendero a la derecha y llegamos a un cierre de alambres tras el que se abre una verde pradera.

Accedemos a ella y por la izquierda, salvando una importante caía, desde la que se ven las ruinas de la mencionada ermita y junto a ella algunos de nuestros compañeros que si dieron con el sendero oportuno. Nosotros desde la pradera vemos abajo la carretera a la que pretendemos llegar y así lo hacemos, muy cerca de la central hidroeléctrica entre Cobarcil y Ribota, después de seis horas y media de ruta, incluyendo las paradas realizadas.

Una ruta dura y rompe piernas, pero de una belleza abrumadora. Todos quedaron contentos del recorrido realizado y satisfechos de las vistas contempladas. Una ruta que merece la pena hacer aunque solo sea una vez en la vida.

Para la próxima semana tenemos ruta por los Lagos de Covadonga. Quereos hacer una circunvalación de los lagos, utilizando uniones entre majadas de la zona. La ruta que vamos a hacer es:

Fana (954 m) – Acevu (880 m) – Moroñes (930 m) – Pare del Arco (940 m) – Vega la Cueva (1.100 m) – El Bricial (1.130 m) – Las Reblagas (1.150 m) – La Canaleta (1.120 m) – El Brazu (1.200 m) – Pico Braña Sotres (1.335 m) – Collada La Texa (1.262 m) – Belbin (1.052 m) – Vega Las Mantegas (1.043 m) – Colladin del Cantón (1.068 m) – El Apretadoriu (886 m) – La Fábrica (826 m) – Collado Uberdón (925 m) – La Huesera (800 m)
Los que quieran disfrutar de una agradable ruta por la zona de los Lagos de Covadonga, que me llame y que no lo demore demasiado, que se quedará sin plaza. Ya quedan pocas. Espero vuestras llamadas.

miércoles, abril 07, 2010

CRÓNICA DE UNA JORNADA DE MONTAÑA CASI PERFECTA

El sábado día 3 de abril de 2010 salimos con unas nubes muy amenazadoras hacia las altas tierras de Piloña. Llegamos a la Collada de Arnicio sobre las 10 de la mañana gracias a la habilidad del conductor que atajó por Bueres y tuvo que sortear algunas ramas de la estrecha carretera.


El cielo hacia el este amenazaba lluvia inminente pero el viento constante y racheado mantenía las nubes pegadas a los Picos de Europa.


Emprendimos la cómoda subida al Faceu por la marcada senda para superar los 316 metros de desnivel previstos. Con una senda tan cómoda no nos molestamos en subir a la Biseca ni al Cobayón. Llegamos al pico con toda la calma del mundo 21 montañeros. Y ahí nos estaba esperando un auténtico regalo de la naturaleza: Una preciosa vista circular de 360º en la que más de la mitad de los montes y cordales asturianos estaban a nuestra vista. El cielo había cambiado porque, aunque seguía encapotado, no amenazaba con descargar agua; un viento constante y helador se lo impedía. La vista maravillosa: Es de los pocos sitios en los que se puede ver el Pienzu y el Pierzu a la vez. (En un ángulo de 60º, porque lo que hierve a 90º es el ángulo recto, Manolo dixit).


Estuvimos discutiendo sobre el conjunto de foces que se ven al Oeste del pico: una de ellas es la que da a la aldea de Tozo, según Mar (gracias por la información), la siguiente La Foz del Argañal y una tercera más abierta formada por el río Pandoto, debajo de la peña del mismo nombre.

Uno de los paisajes que más llamó la atención de la gente fue la Peña de Trallán (1247) que casi todo el grupo recordaba por la pasada del Trallán y que muchos pedíamos repetir para acertar esta vez con el camino por el río.

Tras una hora en el Pico y sin casi tiempo para hacernos una foto colectiva (porque Isa nos abandonó corriendo desventía tras Lito), emprendimos la bajada por el camino real del Sellón, GR 102, ruta antigua, bien trazada, de descenso suave, tapizada en verde, una maravilla.


Bajamos con toda la calma del mundo siempre paralelos a la sierra de Xiblianiella. Pasamos por la campa de Pendoles, prau de fiesta con una hornacina muy curiosita, y tras pasar por la aldea de San Vicente con su preciosa iglesia, bajamos hasta Otero, a tres kilómetros de Infiesto. Allí nos esperaba el autocar (4,20 h) y muy oportunamente comenzó a llover con ciertas ganas. Uf, nos libramos.


Precioso día, muy fotogénicas vistas.


El próximo sábado la Pica Loto, en Soto de Sajambre, monte que continúa el pico LA CONIA donde estuvimos el año pasado. Otra excursión IM-PRES-CIN-DI-BLE.

FERNANDO RESINES

jueves, abril 01, 2010

PEÑA PEDROSU

Peña Subes tiene otros nombres algo más apropiados que por el que la conocemos. En algún mapa de Schulz aparece como Peña Torbeñu, quizá tomándolo del adyacente collado desde el que se suele realizar la parte final de la ascensión. Y en Viboli los más antiguos del lugar, la llaman Peña Pedrosu, que también tiene su lógica ya que en su ladera oeste se encuentra el Monte Pedrosu. Pero desde el sábado pasado tiene otro nombre, esta vez puesto por los integrantes del Grupo de Montaña Las Xanas que la conquistaron: Peña Maravillosa.

Maravillosa era la expresión más común cuando se hablaba de la ruta. Fue una palabra repetida multitud de veces para tratar de expresar algo que en aquel momento no podíamos definir con palabras. Y no es para menos. A la dura, pero entretenida ascensión a esta emblemática cumbre, debemos añadir el magnífico día que la climatología nos brindó. Gracias a él, las estupendas vistas que la cumbre brinda, pasaron a ser fabulosas, maravillosas, divinas.


Pero empecemos por el principio. El Autocar nos deja delante del bar ubicado junto al Puente Huera o de Ajuera, que aún se encontraba cerrado. Tras descargar todos los bártulos, nos pusimos en marcha por la carretera, en muy mal estado, que comunica este lugar con los casi abandonados pueblos de Viboli y Casielles. Dicha carretera transcurre por un espacio inverosímil ganado a la montaña y con el rugiente río Viboli al otro lado, discurriendo por el estrecho y profundo barranco.


Antes de la carretera, el camino estaba compuesto por andamios de madera que colgaban sobre ese mismo barranco permitiendo el paso de personas y animales. De aquí que se conozca a la zona como la Foz de los Andamios. Por ella debemos recorrer como un kilómetro antes de llegar a la altura del Punte La Sota del que parte otra carretera con un ciento de curvas que sube ladera arriba hasta el Alto La Iglesia del pueblo de Casielles.


Frente al puente, en el lado opuesto de la carretera de los Andamios, parten dos caminos, uno a la izquierda que se dirige al Valle Yorgosu, y otro a la derecha que sube más vertical por las laderas del Monte Cabañin. Este segundo es el que nosotros elegimos como acercamiento a la cumbre del Pedrosu. No todos, ya que un pequeño grupo quiso probar otra subida que desde la cara oeste de la Sierra de Miesca, transcurre por la Canal de Bodiellu. Para ello continuaron por la carretera en dirección a Viboli hasta cerca del cruce que se dirige al pueblo, para coger un camino o pista que sale con dirección este, a buscar la mencionada canal, por la que se atraviesa la Sierra de Miesca hasta dar vista a la Majada de Miesca donde se unen a la ruta que nosotros estamos iniciando.


Nuestro sendero sube dando zigzag con una inclinación importante que nos corta la respiración. Pero pronto nos aclimatamos a la dura subida y esta parece que se hace menos dura, gracias en parte, al buen trazado del camino. Entre viejos y robustos castaños va subiendo la senda hasta alcanzar un primer collado en el que vemos restos de las construcciones de una de las minas que antaño hubo en esta zona. Estamos en La Boya.


Si miramos atrás podemos contemplar en la parte baja, las casas de El Cándano, muy cerca de la carretera y del puente de La Sota. También contemplaremos la serpenteante carretera que sube a Casielles y claro está, las casas de este pueblo y la iglesia en todo lo alto. Por la izquierda la caliza del Pico Vibolines y la alta majada de Tuba. A la derecha, las paredes pétreas de Derrabau y la cerrada Canal de Viarcellos con la redondeada cumbre del Valdepino a modo de tapón.


Pero debemos seguir subiendo que aún nos resta mucho camino. Lo hacemos ahora por una zona herbosa salpicada de cabañas en mejor o peor estado de conservación y comenzamos a vislumbrar nuestra cumbre. El camino se pierde a veces entre la maleza pero no es difícil averiguar por donde ir: para arriba todo el tiempo.


Alcanzamos un nuevo hombro y al fondo podemos ver la amplia collada Torbeñu y a la izquierda la silueta de Peña Ñorin, de difícil trepada. Aquí debemos decidirnos por uno de los dos posibles caminos a tomar. Si cogemos el de la izquierda subiremos toda la lomera cubierta de maleza hasta la Collada Torbeñu y desde esta, ala derecha, alcanzaremos la Collada Ceñal. Pero para llegar a la Collada Ceñal, también lo podemos hacer yendo por la derecha, que al final es por donde fuimos nosotros, descendiendo a las verdes camperas de Muesca, donde ya vemos algunas de sus cabañas.


Como digo, así lo hicimos y ascendimos por su empinada cuesta, alcanzando el pequeño bosque que la cierra por arriba. Cuando después de bastante tiempo, por la dureza de la cuesta, y tras cruzar el bosquecillo, vemos a la derecha las ruinas de lo que fue un almacén de la desaparecida mina de cobre de Ceñal. Cerca de nosotros, otras ruinas nos llaman la atención. Se trata posiblemente, de los restos de un cargadero.


Si seguimos subiendo con tendencia un poco a la izquierda, alcanzaremos la ya nombrada Collada Ceñal, pero nosotros lo hacemos con tendencia a la derecha que parece más lógico, ya que en esa dirección se encuentra nuestra cumbre.


Sea de una u otra forma, alcanzamos el final de la cuesta de lo que nos damos cuenta rápidamente, pues de seguir de frente, descenderíamos con verticalidad a Tolivia. No queda más que seguir subiendo por le borde de la cresta. Un sendero apenas marcado, nos dirige hacia la cumbre. Así alcanzamos la antecumbre y ya solo nos resta el tramo final, que podemos hacer por la derecha o por la izquierda. Por ambos sitios hay sendero.


La cumbre de Peña Subes es una fina cresta de piedra en la que nos encontramos con una cruz de hierro y su buzón montañero y una placa colocada por el Grupo de Montaña Las Xanas, en recuerdo del montañero de grupo Teran, muerto en estos lugares un día de noviembre, tras hacer cumbre, cuando se dirigía hacia el Sen de los Mulos por la cresta que los une.


El descanso en esta cresta, trae consigo las vistas que al comienzo de este escrito comente y así las alabanzas por esas mismas vistas. Al frente, por donde vinimos, El Cantu Cabronero y Peña Beza hacen de anfitriones a la reina del espacio, la Peña Santa totalmente cubierta de hielo. Si de hielo, pues esa es la sensación que tenemos al mirarla. A su lado el Torco es como un cubo de hielo. Igual que las estilizadas cumbres de las Torres de Enmedio y de la Horcada. A la derecha, tras un corte, Los Moledizos nos dan paso a La Bermeja y tras ella, EL Central nos separa del Jario que a su vez nos da paso al valle que forma el Sella al abrirse en tierras leonesas de Sajambre. Por el otro lado ese valle está cerrado por el Niajo y el Pozalón, cuya mole tenemos muy cerca. Más cerca aún se encuentra la contigua cumbre del Sen de los Mulos. Siguiendo en la misma dirección, otras dos moles nos intimidan. Son Peña Ten y el Pileñes y más a la derecha el Collao Zorro, al que le siguen el Tiatordos, Campigüeños, La Llambria, Pierzu y Carria, con quien cerramos el círculo.


No solo la cumbre es un magnífico mirador, el día, con un bonito cielo azul con algunos retazos de nubes, hace destacar de manera especial el blanco manto de nieve-hielo de algunas cumbres, dándoles una visión especial. Maravillosa.


Aunque el lugar es maravilloso y el día estupendo, aún nos resta mucho camino y es tiempo de pensar en el descenso. Quizá por eso, por lo grato de la estancia, hicimos el descenso por turnos. Algunos nos resistíamos a abandonar la cumbre y cuando la dejamos, quedaban solo la cruz y la placa.


Lo que subiendo era una pindia cuesta, para el descenso se convierte en una pronunciada caída, con muchos resaltes, pero que debemos acometer con precaución. Desandamos todo lo recorrido hasta el Collado Ceñal del que sale por la derecha un sendero por el que rodeamos el montículo que nos separa de la Collada Torbeño.


Descendemos a la amplia collada dando un último vistazo a Cabroneru y Beza, en esta ocasión acompañadas de la cercana cumbre de Ñorin. En el centro de la collada hay una piedra redondeada y desde allí comenzamos el descenso a la derecha, sur. Algunas cabañas y cierres de prados es lo que queda de la humanidad por estos lares. El descenso es una pradera al principio, para cruzar después el cierre de piedras y volver a cruzarlo más abajo, un poco a la izquierda donde da comienzo un sendero que va haciendo zigzag por la empinada ladera. No tiene pérdida, ya que de lo que se trata es de descender y por el centro del valle también se puede hacer, pero el sendero tiende a la derecha convirtiéndose en una pista más amplia que sigue dando vueltas para acercarse a las primeras casas de Tolivia.


Tolivia es una desidia. El pueblo casi ha desaparecido y lo único que vemos son restos de edificaciones de buen porte, cubiertas de maleza. Los tejados casi han desaparecido todos y los que quedan, pronto lo harán. Desde la última vez que estuve aquí se ve palpablemente la destrucción de un trozo de nuestra cultura. La fuente, con la indicación de “año 1928”, está inutilizada. No sale agua por su brocal aunque si que hay, pues el entorno está completamente anegado. Lo único que aún queda en pie, es el pequeño hórreo beyusco, con tejado a dos aguas, bajo el que tenemos que pasar para dirigirnos a lo que queda de la iglesia. La casona que hay junto a él, está a punto de desmoronarse y posiblemente que cuando lo haga, el hórreo correrá la misma suerte. De la iglesia no quedan más que los muros y la espadaña y un minúsculo cementerio en el que hay una sola tumba. Es una pena, pero cuando salimos de allí, creo que un suspiro de despedida salió del corazón de muchos. Quizá sea la última vez que podamos recordar que allí hubo un pueblo.


Por la izquierda de la iglesia, según se mira su espadaña, sale un sendero señalizado con marcas de color amarillento, que nos indican el camino a seguir para descender al Sella. El sendero asciende a cruzar la Horcadita de Tolivia, donde dejamos de ver el pueblo y se nos abre la vista hacia el vacío por el que discurre el atormentado Río Mojizo, tras recibir las aguas del Canalita y de la Riega de Las Cruces que viene de Tolivia.


El sendero armado y de buen caminar, circula por toda la pared de nuestra izquierda bajo los desplomes de Peña Ñorin. A nuestra derecha el descenso vertiginoso hacia el río y enfrente, muy abajo, la carretera de los Beyos y el Sella. Vamos descendiendo poco a poco, pasando primero al lado de un paredón rocoso en el que hubo algunos cierres que sirvieron de cuadra para las cabras. Es la Cueva el Beyo. Se extiende por un rato siguiendo el camino. Luego, tras una curva a la izquierda, el sendero empedrado pasa entre dos rocas haciendo una curva a derecha para evitar el profundo descenso al río y tras un zigzag, volvemos al sendero de tierra con el que llegamos a un hombro desde el que vemos el resto del camino que nos queda. Es el Colladín de Espina.


Descendemos como por una escalera de caracol para situarnos frente por frente al Puente Espina que cruza el Mojizo a sorprendente altura, en un estrechamiento de la foz que tal parece que estamos en una cueva. Por debajo del nuevo puente de hierro pintado en color verde, vemos los restos del antiguo puente de hormigón.

Al otro lado del puente, el sendero asciende con el sella a nuestra izquierda, hasta las Cuernas de Quixiendi, la parte mas alta del sendero que parece atravesar una cueva, para luego descender en zigzag por un camino de tierra hasta el nuevo puente de madera de Vaguardo, por el que cruzamos el Sella para subir por el margen opuesto a la carretera de los Beyos. Como el autocar era grande, tuvimos que caminar cerca de dos kilómetros por la carretera, dirección Asturias, ya que nos encontramos en la provincia de León, hasta llegar al aparcamiento donde pusimos punto y final a esta dura pero gratificante ruta por tierras de Ponga.


La próxima semana el grupo pretende hacer la ruta que el pasado año quedó pendiente a causa de la niebla. Vamos a la Collada de Arnicio para subir al Pico Faceu y descender a Infiesto por el Selló. La ruta es:


Collada de Arnicio (916 m) – Collado Muezca (1.088 m) – Pico Faceu (1.232 m) – Collada Llamosa (805 m) – El Sellón – Lozana (335 m) – Santianes (274 m) – Infiesto (176 m)


Las inscripciones ya están abiertas pero he de deciros que en esta ocasión tenéis que llamar a Jorge (680358404) o a Lito (985220027 – 669189569). Que lo paséis muy bien.

jueves, marzo 25, 2010

OTRA FORMA DE HACER EL CARES

En esta ocasión y se repetirá varias veces durante este año, repetimos ruta. Fue realizada hace algunos años y dejó muy buen sabor de boca a los que la realizaron y por eso, en este año del aniversario, volvemos a ella como una de esas rutas inolvidables.

Desembarcamos en La trapa entre un tumulto de gentes. El puente de San José fue propicio para que el Cares se llenara por primera vez en este año. El tiempo quería acompañar y nos recibió con un tímido sol que pronto se tornó en nubarrones. Pero no estamos quejosos del tiempo, típicamente primaveral.

Nos pusimos en la fila y tras pasar sobre el violento torrente del agua que abandona la canal para retornar al Cares, iniciamos la Senda de la Garganta Divina en una apretada hilera. Nuestro cometido era llegar a Los Collaos, donde abandonaríamos al resto de gentes y pacientemente emprendimos la marcha. Pasamos por el sendero habilitado sobre la canal para evitar el argayo producido por la caída de una gran piedra que destruyó el camino original y poco después, tras pasar junto a lo que queda de la Casa de Los Collaos, alcanzamos la parte más elevada de estos y el fin de nuestro trayecto por la Ruta del Cares.

En el Alto de Los Collaos hicimos una parada técnica para reagruparnos y hacer una foto con el Jultayu como fondo, para posteriormente reemprender la marcha a la derecha, norte, y en ascenso, por un sendero que parte de este lugar y va ganando altura hacia el oeste, para evitar por ese lado unos contrafuertes rocosos que nos separan de Abeyares.

Nuestro primer objetivo lo podíamos vislumbrar desde la subida a Los Collaos, a nuestra derecha, arriba, donde podíamos ver una muralla de roca de un color rojizo y una cabaña delante de ella. Eso es Abeyares y hacia allí encaminamos nuestros pasos.

Tras superar el mencionado contrafuerte, el sendero pasa sobre este girando al este y caminando paralelos al murallón rojizo de Abeyares. Tanto es así, que el camino parece pasar de la cabaña.

Ganamos altura con facilidad y por debajo dejamos la estela de caminantes que se dirigen a Caín. Comienzan a caer unas gotas y al poco alcanzamos la Cabaña de Abeyares, tras volver a girar a la izquierda, oeste, al alcanzar el muro que la protege, y nos ponemos a cubierto bajo el ala que forma la gran roca rojiza.

Una nueva parada técnica, con reposición alimenticia y nuevas fotografías. Ante nosotros unas buenas vistas de la amplia pared que forma el Murallón de Amuesa en su caída hacia el Cares y el minúsculo sendero que desde estas alturas vemos de lo que es la Ruta de este emblemático río.

Volvemos sobre nuestros pasos, este, para girar al norte al acabarse el muro de piedra, siguiendo el sendero que se esconde entre la hierba. Ascendemos por un camino armado que hace algunos zigzags para ganar la terraza superior. Aquí se nos abre la visión y podemos ver al este el Collado Pando entre el Cuetu Pando y el muro rocoso que lo separa de la contigua Canal de La Bobia. Por encima de nuestras cabezas los desplomes de la Raxuca.

El sendero, algo desdibujado, asciende al norte para volver nuevamente al este e iniciar un apretado descenso en cerrado zigzag. Tras la bajada seguimos paralelos a la formación rocosa de la izquierda, en la que empezamos a ver algunos cierres de piedra y al poco una bonita cabaña adosada a la roca. Tanto es así, que una de las paredes la forma el propio muro de piedra.

Tras visitar la cabaña, continuamos pegados a la muralla de piedra, hasta que esta se abre a la izquierda, formando una ancha canal que se dirige a Pregüeles y Las Envernadas, dando paso a la Canal de la Bobia y a Ondón.

Cruzamos el pedrero que desciende de esta canal justo por encima de la Casa de Los Collaos, en la Senda del Cares y seguimos subiendo ya directos hacia el Collado Pando, por una zona de hierbas altas y fuerte repecho. Poco antes de alcanzar el collado a nuestra derecha aparece la redondeada silueta de Peña Castil.

Ya en el collado, iniciamos la ascensión del Cuetu Pando que es la roca caliza de la derecha, cada cual un poco por donde mejor lo ve. Algunos realizamos una cómoda trepada por la parte izquierda de la roca para una vez arriba, girar un poco a la derecha y tras un corto descenso volver a subir para alcanzar la cumbre de tan solo 862 metros de desnivel, pero con unas vistas maravillosas.

El viento daba de lo lindo, lo que dificultaba la estancia en la cumbre. Pero había que asomarse al precipicio y contemplar muy por debajo nuestro, los múltiples puntitos de colores de los coches aparcados en La Trapa. Pero no era esa la mejor vista. Al otro lado del Cares, la Canal del Tejo, ancestral camino hacia Bulnes, dirige nuestras miradas hacia el Picu allí arriba, junto a las nubes, contemplándonos como a sus súbditos. El Urriellu se presenta majestuoso al lado de la Peña Castil, la Torre del Carnizoso y la Torre del Oso. A nuestra izquierda, y mirando abajo, los tejados de Camarmeña y enfrente, elevándose al cielo, la impresionante figura cónica del Ariscu Sonllanu. A la izquierda de este, aparece Cabeza Redonda y por la derecha, la canal del Duje con la carretera que se dirige a Sotres.

Las vistas son impresionantes y la pena es que el tiempo no acompaña. El fuerte viento que en ocasiones nos hace perder el equilibrio, nos obliga a abandonar este balcón. Descendemos un poco a la izquierda de por donde habíamos subido, buscando los mejores pasos. No tiene mucho problema la cosa.

Ya en la collada buscamos el sendero que sale a la derecha en fuerte descenso con dirección a Camarmeña. Vamos por una zona de hierba en la que el único problema podría ser la humedad. Por lo demás, el sendero se anda bien. Terminada la hierba, entramos en una pedrera en la que debemos acercarnos a las paredes de la izquierda para luego ir hacia el centro de la canal. El camino se sigue bien y no tiene mayores dificultades.

Pronto entramos en una zona de avellanos que nos dificultan un poco el paso, pero al estar sin hojas, las dificultades son menores y sus ramas nos sirven de apoyo para vencer la fuerte pendiente. Aquí el camino se pierde debido a la degradación del terreno.

Una vez fuera del bosquecillo de avellanos, volvemos a terreno herboso, y con tendencia a la izquierda, descendemos por una especie de “escalera de caracol” o embudo, que nos saca a un nuevo pedrero en el que el sendero no está muy definido. Se debe seguir a buscar la zona herbosa de la izquierda, pero también se puede atravesar el pedrero a la derecha para bajar por una panda también herbosa con algo de maleza. Por el primero, se alcanza antes un sendero que facilita el descenso, mientras que la segunda opción nos dirige directamente a un balcón privilegiado, desde el que volvemos a tener unas preciosas vistas del Urriellu.

Ya estamos muy cerca de Camarmeña. Desde esta horcada se puede descender a la Ruta del Cares muy cerca de su final en la Trapa. La ruta es corta y es temprano, por lo que nosotros optamos por bajar hacia Camarmeña, con el fin de refrescarnos en alguno de sus establecimientos de bebidas y también de comidas.

Tras el refrigerio y ante la noticia que nos dieron en el bar de que el antiguo camino estaba cortado por un argayo, seguimos tranquilamente por la carretera hasta la Trapa, donde nos esperaba el autocar.

El día 27 tenemos ruta por Ponga. Nos vamos a Puente Huera para por Los Andamios, acceder a Peña Subes o Peña Pedrosu como dicen los lugareños. La ruta que queremos hacer es la siguiente:

Puente Huera (333 m) – Puente la Sota (420 m) – La Boya Miesca (60 m) – Miescacima (930 m) – Collado Torbeño (1.135 m) – Collado Ceñal (1.300 m) – Peña Pedrosu (1.480 m) – Collado Torbeño (1.135 m) – Valle Torbeño – Tolivia (700 m) – Forcau de Tolivia (725 m) – Cueva el Beyo (590 m) – Colladín de Espina (495 m) – Puente Espina (430 m) – Cuernas de Quixiendi (470 m) – Puente Vaguardo (410 m)

El plazo de reservas ya está abierto y os puedo decir que si el tiempo acompaña, que parece que si, la ruta aunque dura, es muy bonita y gratificante. Espero vuestras llamadas.

lunes, marzo 22, 2010

CON NIEVE POR LA SOBIA

El sábado 13 de marzo salimos de Arrojo como estaba previsto, con tiempo nublado y buena temperatura y muchas ganas de andar. Al llegar a Fresnedo hubo división de opiniones entre los que decían que había que pasar al otro lado del río( y que tenían razón) y los que interpretaban que la collada era la que estaba justo encima.


Por buena pista fuimos subiendo lentamente con el Guaje a la cabeza. A media altura del precioso valle empezó a nevar y ya no lo dejó durante todo el camino hasta que pasamos a la otra vertiente.


Al llegar al Collado Bustremindi ya habíamos subido 680 metros y nevaba cada vez más intensamente. A partir de aquí funcionamos como si fuéramos de “Las Xanas” pues tres capitanes empezaron a sugerir multitud de rutas y alternativas con las que por poco acertamos el camino. Sea como fuere, el caso es que llegamos a la majada de la Sobia totalmente envuelta en niebla y con unos cuantos centímetros de nieve seca, que invitaba a caminar con ritmo. Decidimos que no merecía la pena hacer los dos picos previstos, y caminin caminito bajamos por la laguna artificial y la resbaladiza pista de cemento. El autocar nos esperaba bajo la lluvia en la ermita de Cébrano.


Sin más demora, y con unas cinco horas y media de monte nos fuimos a celebrar con unas estupendas fabes con tropiezos y colineta de avellana, el primer cumpleaños de uno que estuvo explorando la Peña Gradura. Algunos chupitos después y sin casi desafinar dimos cuenta de toda la sidra El Gaitero que quedaba.


El día 20 esperamos llegar hasta la cabaña de La Ciella en el corazón de los Picos de Europa en un paisaje que puede dejarnos sin aliento.


FERNANDO RESINES