4 de ABRIL de 2015
Después de la agitada caminata
por Peña Salón y sus alrededores, nos merecíamos una salida más tranquila. Y a
ello fuimos. Llegamos a Boo temprano. A las 10 menos cuarto ya de camino.
Subimos al revés de cómo dice el panel informativo.
Nada más salir por lo alto de Bo,
las casas del grupo de empresa (modelo sindical donde los haya) están dotadas
de carboneras individuales. Algo que sólo se puede ver en una cuenca minera de
la importancia de esta. Salimos entre fincas a la pista. Es un PR muy conocido,
bien señalado, largo en la subida aunque la pendiente es llevadera por lo
tendido de la pista. Este tipo de senda favorece la buena charleta y en
grupillos a ella nos dedicamos.
Saliendo del hayedo la pista
encara en dirección sur y la cuesta se hace eterna. Pero subimos a la horcada.
Un panel informativo nos informa que teníamos que estar viendo Vega de Ciego y
Vega del Rey, que se adivinan con algo de buena voluntad.
Y de ahí en muy poco tiempo al
camino de La Carisa, recorrido en la columna vertebral de Asturias por las
legiones romanas de Cariso. En dos revueltas encontramos el panel de los
dólmenes. El monumento megalítico está poco excavado y sólo se reconocen las
paredes laterales parcialmente, y bien la losa de fondo. Hay zonas de piedra
excavadas en canales. Cuesta reconocer este lugar como un enterramiento
colectivo del siglo IV a.C.
La densa niebla y el frío
correspondiente no nos han abandonado desde hace varios kilómetros. Pero ahora
se complica todo más. Una sección del grupo se descuelga desanimada y emprende
el camino de vuelta a Boo. Otros, más o menos engatusados por aquello de entrar
en calor, continuamos desde la fuente abrevadero. Siguiendo la pista delante de
nosotros Jota y Fani vuelan más que andas. ¿A dónde irán? Si esta pista empalma
con un GR que lleva directamente a los Picos de la Liebre. Por allí deben
estar.
Como no se ve mucho, ni siquiera
poco, damos un amplio rodeo por la pista,
la de verdad (marcas blancas y amarillas) empezando a subir unas grandes
pudingas (cantos cementados entre sí) en un costillar que se hace fácil de
subir. Llegamos a una primera cima. Parece que era. No. Se adivina otra cima
algo más alta. Seguimos viaje. Ahora sí estamos en el Pico Cerra, lo dice don
GPS, y lo confirma la altitud (1296 m.) clavada por el aparato. Felices se
dedican a hacer una cruz de madera y una tarjeta afirmando que hemos llegado
hasta el famoso Cerra. Pero el viento hace de las suyas y se levanta parcialmente
el nublado dejándonos ver al otro lado de la pequeña Vallina otro piquillo con
vértice geodésico. Cáspita, otro pico Cerra. A por él. Este es el de verdad y
tiene la misma altitud que el otro. Habría que recoger la primera tarjeta que
no va a crear más que confusión. Despeja hacia Moreda y se ve todo muy chulo.
Bajamos de una manera muy cómoda
hasta la fuente, comprobando que dimos un gran rodeo innecesariamente. Bajamos
buscando la pista que vuelve a Boo. No tardamos en encontrarla y ya no nos
proponemos dejarla en ningún momento. Desde aquí arriba se empieza a oler a
corderin crucificado ante el fuego. Así que bajamos deprisa que los estómagos
empiezan a rugir. La pista da varias trazadas, da varias vueltas por el bosque,
pasan por el 11 de Mariana, famosa capa carbonífera. Intentamos resolver el
problema del carbón no teniendo otra cosa que hacer mientras descendemos como
rayos. Pasamos por una cuadrada en la que hace años criaban ovejas de
Cachemira.
Entramos por Bustillé. Boo casi
encima. Cambiarse en el parque, ponerse guapos y al chigre. Llegan los dos
perdidos desde Santibañez de Murias y en coche, claro. Esa orientación Jota… En
el patio están juntos, padeciendo los rigores del fuego, el gochín y el cordero
a la estaca. Entretenemos la espera hasta que el jefe nos llama a comer.
Mejor en el comedor, que en la
terraza la tarde está poniéndose fresca. Damos cuenta de entremeses, paté, el
cerdito asado y unos buenos cuencos de cordero a la estaca. Está todo
delicioso. Y siguen llegando bandejas y más bandejas. No lo hacemos mal. Luego
unos postrecillos variados, café y chupito. No podemos pedir más. Surgen
cancios, se comenta el día, todo estuvo bien.
La próxima ruta es sencilla pero
puede ser muy interesante para apreciar la faraónica obra de construcción y
mantenimiento de la vía ferroviaria de Pajares, algo que se pudo hacer en sólo
cuatro años, cuando infraestructuras similares y muy próximas se empezaron en
el 2004 y todavía no vieron ni de lejos un tren. Saldremos de Navedo y
subiremos junto a cinco grandes túneles en la parte más alta de la vía, bajando
después a la interesante y poco conocida aldea de Romía de Arriba, ya en el
camino de Santiago. De ahí a la Romía de Abajo y fin de esta preciosa
excursión. En esta próxima salida no estará Peña, que se toma unas vacaciones,
ni tampoco en la siguiente. Así que llamarme a mí para apuntaros.
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