21 de marzo de 2015
Estrenando primavera. A la mar
fuimos… y no a por naranjas. Ruta que intentamos hacer en lo posible pegados a
la costa pero como suele suceder hasta que las autoridades no lo remedien dimos
más vueltas que un torero en la plaza. Empezamos donde la habíamos dejado el
año pasado. Exactamente en el mismo camino rural que está a dos kilómetros
escasos del Faro de Luces. Nos volvimos a hacer la misma foto que entonces,
volvimos a reñir a los mismos que se asomaban al peligroso acantilado. En los
pedreros hay algunos pescadores bien metidos en las aguas.
Del Faro sale una hermosa pista
que por la costa nos va llevando en la buena dirección. Un eucaliptal. Primera
dificultad del día: hay que bajar hasta una riega, pasada la playa del Sable.
El nombre de Costa de Aguas Negras le está bien puesto. Para bajar por el
resbaladizo sendero los pescadores locales instalaron una buena soga que hace
la felicidad del grupo. O te agarras o bajas con la técnica del culirrastro.
Salto sobre el arroyo Lloreu. El sendero empieza a complicarse y cada vez está
más tomado de vegetación imposible. Tenemos que salir en dirección Garroceu. Un
caminejo destrozado por los tractores pone a prueba nuestro equilibrio.
Recuerdo la decepción pintada en
nuestros rostros cuando logramos salir a un terreno más alto y civilizado y,
mirando hacia atrás, vimos que el faro de Luces no estaba nada lejano de
nuestra posición actual. Dejamos a un lado la punta del Altar que sólo llegamos
a ver desde lejos (menos el esforzado Manu y sus secuaces). La carretera es una
opción potable. Los jardines de las casas lucen unos cactus muy elegantes.
Mirad las fotos de Peña y de Miguel. Llegamos a Sta. Mera. Un paisano nos
advierte que no, que ninguna salida es posible por el mar.
Y como la cosa no tiene remedio,
una vez cabra siempre cabra, nos volvemos a tirar a la costa. Nos perdemos en
un camino a ninguna parte. Rodeamos por los prados para salir bosque a través
hacia la punta De Les Mueles, atravesando cercas y peligrosos pastores
eléctricos. Una enorme pradería desde que podemos tomar referencias pues
delante está la Punta Rodiles. Desde el alto se ve parte de la ría de
Villaviciosa. No ha habido montaña pero estamos agotados del continuo sube y
baja.
La mejor opción es ahora meterse por el eucaliptal, descender por su
compleja ladera llena de trampas y salir a la Depuradora que están terminando
de construir en el monte Rodiles. Las traseras de los pantalones reflejan los
intentos de skibarro de algunas grandes deportistas. Y algunos también, no se
me ofendan.
Bajamos a la playa. Pillamos el
bonito paseo de madera que va penetrando en el interior de la ría. Alguna hace
intentos de natación sobre la arena. Esta vez no es imitada por ningún veterano
montañero. Caminito despacio, viendo la ría, oliendo los centollos que felices
retozan bajo las aguas, salimos a la carretera.
Ahora ya sólo hay que seguir los
dos kilómetros largos que faltan hasta Selorio, subiendo siempre al acantilado
para encontrarnos a Lito y al gran Silvino, nuestro conductor habitual, que ya
nos han buscado acomodo en el bar de Selorio. Estas rutas de costa, en teoría
llanas, se van haciendo durillas y mareantes de tanta revuelta. Seis horas
estuvimos.
Y esta es la crónica de un día
montañeramente sin pena ni gloria. Eso sí demostrando que el Grupo Las Xanas es
para todoterrenos. Y creo que estas crónicas han ganado una lectora más. Ya debemos
ser unos nueve. Por lo menos.
FRESINES
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