7 de marzo de 2015
Hacía ya mucho desde la última
“crónica”. Pensamos que al poner y comentar las fotos en Facebook estas líneas
ya no serían necesarias. Pero a petición del público, y sabiendo que por lo
menos has seis personas que me leen, haré el esfuerzo de escribir algo al final
de cada jornada.
El poner por escrito lo que
ocurrió en cada jornada obliga al cronista a fijarse bien en los sitios y en
las personas, paisaje y paisanaje, todo incluido en la mejor de las
combinaciones. Así que vamos a por el
pico el Aguil. Desde abajo no parece tener mucha nieve. Pero después de la
cantidad que pisamos en el Corullo Braña la semana pasada, no nos engañamos.
Habrá nieve en cantidad.
El autocar para finalmente en
Barrio. Junto al puente bajamos del vehículo para empezar por allí
inmediatamente por el PR 104 la ruta de las Brañas Teverganas. La subida es
potente aunque bastante tendida y vamos cumpliendo con el horario bastante
bien. La primera parada en la Braña de Fonfría. Dos teitos y varias cabañas,
una buenísima fuente y un sol espléndido, hacen las delicias de este no tan
pequeño grupo de excursionistas. Estamos un buen trecho, calentados al sol como
lagartos que salen del largo letargo.
Seguimos precedidos por una
carrera entre Manuel y Anna. Estas bromas anuncian la buena cargada de nieve
que nos espera. Entre escobas subimos al collau de la Magdalena, con el pico al
que vamos casi a la vista. En este semicírculo esplendoroso de montañas en la
zona de los Cumales se nos encienden las bombillas de peligro: el sendero de la
mesa está cubierto de una buena capa de nieve helada. Pasamos el primer nevero
con mucha precaución.
Un pequeño grupo sube por el Colláu del Moro y
aciertan porque está mucho más limpio de nieve que el resto del terreno. El
resto seguimos despacio al segundo nevero. Cuando ya han pasado lo más difícil
oímos un grito y vemos a una persona con camiseta y mochila azul resbalando por
la ladera, afortunadamente cayendo sentada. Es Tere, identificamos. La
pendiente está muy helada y refulge al sol matinal. Cerca de los primeros
árboles de la ladera Tere se gira y tuerce a la izquierda frenándose en el la
pequeña meseta que hay allí. Desde arriba apreciamos que se pone de pié. Respiramos.
Avisamos por la emisora a los que van por la cumbrera. Luis baja por una zona
de helechos clavando su largo palo en la profunda capa de nieve. Esto le salva
porque la capa que pisa es inestable. Mientras Silvio ya está bajando. Llega
Manuel y sin pensárselo ni un segundo se lanza sin bastón ninguno ladera
abajo a toda velocidad. Toda una lección
de técnica.
Ya están abajo y empiezan a subir
con la rescatada. Llegan hasta nosotros y hay un aplauso de alegría. Sólo
tenemos que salir de esta maldita y peligrosa pala para curar a la herida que
frenó con sus codos lo peor de la caída. Entre todos hay un botiquín razonable.
Se puede y de debe mejorar la dotación. Nos proponemos lograrlo cuanto antes.
Entre rescates y curas llevamos una hora parados. Afortunadamente la
temperatura es alta y podemos aguantar quietos. No ha pasado nada, y siempre
hay que sacar consecuencias de estas cosas: mejor material, mejor equipo, más
organización y sobre todo más prudencia.
Continuamos por fin. La herida
nos da una lección de animosidad. Así da gusto. Subimos al Aguil por la
esforzada cuesta. Al llegar arriba se nos corta la respiración. La vista que
dominamos es un ensueño de montañas nevadas. La cantidad de nieve acumulada en
los Altos de Peña Negra es enorme. El sol brilla intensamente sobre la nieve
helada. Estar aquí es sentirse pequeño, agradecido al sol, compartiendo estos
sentimientos con un grupo de personas que son todos amigos, cercanos. Da mucho
gusto.
Bajamos. Nieve polvo primavera
hasta la braña Torce, A partir de aquí la nieve es aguarona y está llena de
trampas, hoyos rompe-piernas en los que es muy fácil caer. Nos vamos fijando en
las huellas de los que nos preceden y comprobamos la cantidad de caídas.
Estamos de nuevo en el PR 104. Empezamos una multitud de revueltas con pequeños
saltos cuando la nieve oculta el camino. Bajar al río es un alivio porque al
menos está limpio. Trasmabedules. Cuesta superar estos desniveles. Vuelta a la
nieve. A trechos pero con la dura pelea entre ramas de escoba. El tramo más
duro del día: la bajada a la Braña Las Segadas debajo de la Peña Negra de
Torce.
El grupo espera un poco a los
rezagados. Pero se cansa de esperar que a estas alturas las botas hacen agua y
los pies están helados. De rama en rama bajamos este trecho de bosque para
entrar en las ventimuchas revueltas que van bordeando en su bajada la peña
Negra. El bosque de hayas, desnudo de hoja es un gran paisaje. Además caen
riegas desde arriba convertidas en vertiginosas cascadas.
Seguimos bajando por el bosque
paralelos al arroyo la Cundia Negra que lleva aguas rápidas arremolinadas.
Bellísimo espectáculo si no estuviéramos tan cansados. La primera muria que
encontramos es un signo de la civilización que está cerca. La ruta toca a su
fin. Todavía casi una hora más de bajada hasta llegar a las primeras casas de
Torce. El autocar espera en Barrio. Un Kilómetro y medio más abajo.
Vamos a Aladino a comer. Son las
seis y media. Empezamos a las diez y veinte, se me va la cabeza con tantas
horas. Comemos, comentamos. Los nervios pasados, la serenidad de la herida, la
generosidad de los tres valientes rescatadores, la precaución de Gracia… Es
agradable charlas cuando no ha pasado nada. Hicimos en años cientos de rutas.
Casi nunca hemos tenido problemas. Hoy tocaba, pero ha salido bien. Lo dicho.
Sacar consecuencias para el futuro.
El próximo sábado tenemos una
ruta inédita: Queremos ir al pico Cuesta Valle en la sierra Abogueru que está
entre Amieva y San Román. Vamos a subir desde Cien y terminar precisamente en San
Román. Creo que habrá algo de nieve en las cimas, así que mucho ojo. Que haya
un buen sol, la naturaleza pone el pico y el esfuerzo y el compañerismo
nosotros. Luego no nos quejemos si huele a compañerismo.
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