11 de enero de 2014
Seguimos en la 2ª etapa de este
santo camino 105 que marcó en su día el Grupo Ribayagüe. Por cierto cuentan una
anécdota jugosa. El grupo estudió durante meses el camino, lo desbrozó, lo
limpió y lo señaló, pero al llegar al término de Covadonga les estaba esperando
la guardería del Parque Nacional para preguntarles con qué permiso estaban roturando
caminos en terreno protegido.
Al empezar en el camino de La
Gargantada el cielo está nublado, pero va a aguantar sin llover. Lo del otro
día fue sencillamente demasiado. Quizá nos merezcamos un día libre de agua. El
caso es que salimos de la carretera junto a una casa amarilla y a la vista de
una señora que se empeña desde bastante lejos en indicarnos el camino no
sabemos a dónde. Entramos en un estrecho
sendero de carros que penetra en un bosquejo de castaños y eucaliptos. La
curiosidad del día es un eucalipto que parece injertado en un castaño de gruesa
base. Notable ejemplar simbiótico de dos especies casi antagónicas. Al poco hay
que pasar un arroyo sin puente.
Sigue una larga alameda con una
característica nave ganadera y que en descenso nos va metiendo al pueblo de El Escobal,
en el que por cierto hay un cargadero de carbón en uso, parece para servicio de
la población local. Hay que tener en cuenta que esta zona tuvo una importancia
minera extraordinaria, alrededor del Pumarabule. Hoy el color de sus campos es
rabiosamente verde, y a penas se distinguen restos de carbón más que en
chamizos sueltos. Cruzamos la carretera que sube al cercano Carbayín. Desde lo alto del cordal de
Nava se distinguen con toda claridad los núcleos mineros de Carbayín Bajo y Alto,
Saús, La Rasa… Bajo el puente del ferrocarril empieza la subida a lo alto del
cordal. Está hormigonado a tramos, y embarrado el resto. Una pareja de asnillos
y un corderín lechal negro pero con una estrella blanca en la frente, llaman
nuestra atención.
El verdor rezuma intenso en los
dos valles a ambos costados de nuestra senda. Llegamos al pueblo de Lamuño.
Parece desierto hasta que llega el panadero “Ricopan” que ha estado jugando con
nosotros al ratón y al gato por esas caleyas. Así nos informamos en este bonito
pueblo que el bar está cerrado por la reciente defunción de la dueña. Nos
paramos en la plaza mayor, que hemos hecho algo de hambre en dos horas de
intensa caminata. Salimos del pueblo por la carretera. Pero enseguida, todo
está muy bien señalado, hay que desviarse a la derecha para coger una alta
senda que discurre entre fincas. Los primeros van quemando toda la energía, a
todo gas. Los últimos, más disciplinados, suben al depósito de agua en el
piquín de Llorona. La carretera se va convirtiendo en una amplia pista
forestal.
En su parte alta está el área
recreativa. Hay coches de cazadores. Nuestros adelantados compañeros están
detenidos a un kilómetro por un avanzado cazador que nos ruega esperar a que se
cobre la pieza que tienen en ojeo. Y también nos pide, lógico, que hagamos el
favor de pasar todos juntos. No sin cierta polémica recordamos la ley de caza
que están preparando las autoridades y que de funcionar como creemos nos
limitaría bastante en nuestras correrías. Mientras esperamos a pié de pista a
que llegue el grupo de once que viene kilómetro y medio más atrás, se oyen
varios tiros. Parece que la última pieza del cupo ya cayó y que la acaban de
rematar. Entonces ya sin problema tenemos paso franco, saludando amables a
cuanto cazador de la partida encontramos por el camino, que nos miran algo
suspicaces. No queremos polémica, sólo seguir como hasta ahora y con todas las
garantías de seguridad posibles.
Seguimos siempre al oeste en esta
larga bajada por buena pista, algo embarrada por los todo terrenos. Para
compensar nos enredamos en buenas conversaciones como la de qué día se puede
comer un jabalín que cazó en su día José Juan. En fin lo típico de estas horas
primeras de la tarde. La pista empieza a hacerse larga ya cuando avistamos en
la carretera el autocar aparcado junto al núcleo rural de “La Vaca Pinta” en el
Alto de Espinadal. Estamos muy cerca de Nava y allí bajamos a comer,
sorprendentemente pronto, a una sidrería que hay en la entrada oeste. Nos
organizamos en el comedor de arriba y celebramos algún cumple reciente. Todo
bien.
La próxima semana tenemos el
tercer asalto a esta ruta de peregrinaciones. Desde el Espinadal vimos la
continuación de nuestro camino de hoy por una pista que sube a media ladera a
la primera chincheta seria de este GR-105. Detrás de aquella montaña están Les
Praeres y la Varallonga. Empezando por aquí acabaremos en Puente Miera.
Ya está todo preparado para la
asamblea del día 24. Se tomarán como siempre decisiones importantes para el
año. Conviene que asistamos todos. Otra cosa: los que os queréis federar
intentad abonar la licencia antes de que acabe el mes para poder hacer todos
juntos esta gestión. Os veo el sábado. Ojalá no nos llueva.
FRESINES
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