7-12-2013
Otro día imborrable para guardar
como un auténtico tesoro en nuestra memoria. Afortunadamente las cámaras
digitales dejan testimonio gráfico de la
inmensa calidad de los paisajes nevados que recorrimos en los Picos de Europa.
Lo contamos por partes. Lo primero es que salimos de Oviedo a -2º C, potente
helada y tímido sol que va poco a poco abriéndose paso entre las perezosas
sombras de la noche. El autocar repleto de gente. El grupo, en su versión de
lujo, y reforzado por Tomás y Elena, compañeros de tantos caminos, Tino, puntal
del Ensidesa, José María y Paco Ballesteros del Vetusta, Cofiño del San
Melchor, además de los familiares de Gracia, y nuestra ucraniana Vira. Y la
presencia infantil de María, que va camino de convertirse en una gran
montañera. De casta le vendrá la afición.
Total, que tras breve parada en
Arriondas (desayuno de lujo), salimos directos a la lejana Curvona de Sotres.
Avanzada la mañana el sol refulge en las cumbres heladas. El estado de la nieve
es perfecto. Once de la mañana. Monte arriba, lanzados rápidamente por las
invernales para subir los dos kilómetros de la pista a Pandébano. Comenzamos a
subir por las cabañas de Canero. Sólo manchas de nieve. Esperamos a los últimos.
Para poder entrar juntos por esta agresiva canal que en sólo media hora obliga a superar unos 200 metros. La
temperatura es excelente. Hace calor. El Cueto Boro y el Cueto Tejado brillan
intensamente al sol de la mañana.
Acabamos de sortear el cantil labrado en lapiaces, gris de la roca sobre
blanco de la nieve. Puede ser un día perfecto para hacer montaña. Justo lo que
nos gusta hacer. Subimos por la fuerte ladera sudando lo nuestro. Los 20
centímetros de nieve obligan a pisar firmemente sobre la deslizante nieve. La
corteza es dura, pero rompe fácilmente dando mucha seguridad a la pisada,
excepto cuando pisas un hoyo y te hundes por encima de la rodilla.
Nueva agrupación. Decidir quién
va a subir y quién se dará la vuelta sin más ganas de pelear contra el paisaje
helado. El Urriellu bien plantado preside todo el valle de Camburero. Sólo con
este espectáculo del Picu bajo el
ardiente sol invernal ya justificamos una jornada montañera. Seguimos la ruta.
Una larga hilera siguiendo minuciosamente la huella precedente. Siluetas
oscuras sobre la blancura más absoluta.
Por fin tenemos enfrente la
silueta de la Cabeza la Mesa. Seguimos complacidos sorteando el arroyo. La
nieve se acumula contra las laderas batidas por el viento.
Tiramos por el desnivel más
suave. Dos horas y cuarto para llegar a la cumbre. Estamos allí en familia
montañera. El vientecillo es fresco y conviene poner algo de abrigo. Más dos
botellas de excelente morapio, acaban poniendo calor al cuerpo. Fotos contra la silueta del monolito de la majada
de Urriello y luego vuelta, otras fotos con el fondo del mar. Qué lujo. A y
media arrancamos por la cara norte. Una bajada que es una incógnita con esta
nieve. De momento hay una gran pala helada y metida en sombra casi perpetua.
Rompiendo el hielo de la superficie la nieve sujeta bastante bien. Es muy
divertido bajar por aquí. Un talón otro talón… Hasta el bosque por lo menos,
allí ya veremos.
Nos estamos desviando del track
previsto. Queremos encontrar cuanto antes las majadas del Vierru , que tiene
una buena pista a Tielve. Brujuleamos por el bosque. Pelea nueva con el ramaje
que es a la vez estorbo y ayuda. Entramos a una canal herbosa que limpia bajo
la roca desciende vertical a un bosque mucho más espeso. A ratos perdemos hasta
la huella de los que van delante. Algunos intentos de bajar en directo la
helada ladera. La nieve está mucho más dura en la cara norte. Resultado: algún
resbalón, frenado con talones y bastones. Luego ponerse de pié en la deslizante
ladera es otra historia. Fuerza de voluntad, apretar los dientes, y a seguir.
Nuevas serpentinas por el bosquejo. El Pico del Vierru majestuoso cierra el
horizonte. Por encima de él, el sol ilumina intensamente el Arisco Sonllanu y
su grupo. Siempre recordaremos aquella maldita bajada confundidos por una mala
niebla y una buena senda. Algo más al Norte El Cuetón y el Lleroso imponen su
gran silueta blanca.
Salimos a la majada del Vierru.
Lo peor ya pasó. ¡Ojo que quedan planos de nieve que son puro hielo! Gracia
resbala sobre uno. Afortunadamente poco inclinado, no deja coger mucha
velocidad. Los dos rescatadores Miguel y Emilio que acuden en ayuda resbalan a
continuación revolviéndose los tres como gatos para no viajar de espalda. No ha
pasado nada. ¿Se querían ahorrar los esquís? Vaya, la anécdota del día. Por las
cabañas y el abrevadero a la pista que desciende al cementerio. Sin dejar de
mirar el suelo repleto de charcos helados. Van unas cinco horas y media.
Salimos a la carretera. El autocar aparcado junto al cementerio. Ropa seca,
quitarse las botas, hablar de lo realizado hoy… todos los ritos que cumplimos
escrupulosamente. Hambre de lobo. A comer donde la quesería de Río Duje,
nuestros amigos de esta parte del Central. ¿Cuántos cabrales venderían en hora
y media?
Resumen para escépticos: nos
gusta la montaña. En verano y en invierno. Si el día está soleado como hoy más
todavía. Nos hemos saturado de belleza. Las paredes sombreadas de la Cabeza la
Mesa intensamente azules, la rápida bajada por la fuerte pendiente del bosque,
la alegría de la cumbre… han dejado huella indeleble en nuestros corazones. El
monte nos ha transformado. Ya no seremos los mismos. Esta droga de la montaña
nos tiene enganchadísimos.
El sábado tenemos el Belén de
cumbres que pondremos en el pico Traveseru en la Colladona. Cada uno aportará
lo que buenamente quiera llevar: dulce, salado, sidra, vino, buen humor,
villancicos… Luego bajaremos a Casa Piñeres a comer, si todavía hay algo de
hambre. Vamos a hacer una gloriosa despedida del intenso año montañero que
hemos desarrollado. Y lo mejor de todo son los “xanos y xanas” y los amigos que
tantas veces nos acompañan. Felices fiestas a todos.
FRESINES
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