lunes, diciembre 09, 2013

INVERNAL EN PEÑA MAIN: ENTRE EL URRIELLU Y EL MAR




7-12-2013

Otro día imborrable para guardar como un auténtico tesoro en nuestra memoria. Afortunadamente las cámaras digitales dejan  testimonio gráfico de la inmensa calidad de los paisajes nevados que recorrimos en los Picos de Europa. Lo contamos por partes. Lo primero es que salimos de Oviedo a -2º C, potente helada y tímido sol que va poco a poco abriéndose paso entre las perezosas sombras de la noche. El autocar repleto de gente. El grupo, en su versión de lujo, y reforzado por Tomás y Elena, compañeros de tantos caminos, Tino, puntal del Ensidesa, José María y Paco Ballesteros del Vetusta, Cofiño del San Melchor, además de los familiares de Gracia, y nuestra ucraniana Vira. Y la presencia infantil de María, que va camino de convertirse en una gran montañera. De casta le vendrá la afición.

Total, que tras breve parada en Arriondas (desayuno de lujo), salimos directos a la lejana Curvona de Sotres. Avanzada la mañana el sol refulge en las cumbres heladas. El estado de la nieve es perfecto. Once de la mañana. Monte arriba, lanzados rápidamente por las invernales para subir los dos kilómetros de la pista a Pandébano. Comenzamos a subir por las cabañas de Canero. Sólo manchas de nieve. Esperamos a los últimos. Para poder entrar juntos por esta agresiva canal que en sólo media hora  obliga a superar unos 200 metros. La temperatura es excelente. Hace calor. El Cueto Boro y el Cueto Tejado brillan intensamente al sol de la mañana.  Acabamos de sortear el cantil labrado en lapiaces, gris de la roca sobre blanco de la nieve. Puede ser un día perfecto para hacer montaña. Justo lo que nos gusta hacer. Subimos por la fuerte ladera sudando lo nuestro. Los 20 centímetros de nieve obligan a pisar firmemente sobre la deslizante nieve. La corteza es dura, pero rompe fácilmente dando mucha seguridad a la pisada, excepto cuando pisas un hoyo y te hundes por encima de la rodilla.

Nueva agrupación. Decidir quién va a subir y quién se dará la vuelta sin más ganas de pelear contra el paisaje helado. El Urriellu bien plantado preside todo el valle de Camburero. Sólo con este espectáculo del Picu  bajo el ardiente sol invernal ya justificamos una jornada montañera. Seguimos la ruta. Una larga hilera siguiendo minuciosamente la huella precedente. Siluetas oscuras sobre la blancura más absoluta.

Por fin tenemos enfrente la silueta de la Cabeza la Mesa. Seguimos complacidos sorteando el arroyo. La nieve se acumula contra las laderas batidas por el viento.

Tiramos por el desnivel más suave. Dos horas y cuarto para llegar a la cumbre. Estamos allí en familia montañera. El vientecillo es fresco y conviene poner algo de abrigo. Más dos botellas de excelente morapio, acaban poniendo calor al cuerpo. Fotos  contra la silueta del monolito de la majada de Urriello y luego vuelta, otras fotos con el fondo del mar. Qué lujo. A y media arrancamos por la cara norte. Una bajada que es una incógnita con esta nieve. De momento hay una gran pala helada y metida en sombra casi perpetua. Rompiendo el hielo de la superficie la nieve sujeta bastante bien. Es muy divertido bajar por aquí. Un talón otro talón… Hasta el bosque por lo menos, allí ya veremos.

Nos estamos desviando del track previsto. Queremos encontrar cuanto antes las majadas del Vierru , que tiene una buena pista a Tielve. Brujuleamos por el bosque. Pelea nueva con el ramaje que es a la vez estorbo y ayuda. Entramos a una canal herbosa que limpia bajo la roca desciende vertical a un bosque mucho más espeso. A ratos perdemos hasta la huella de los que van delante. Algunos intentos de bajar en directo la helada ladera. La nieve está mucho más dura en la cara norte. Resultado: algún resbalón, frenado con talones y bastones. Luego ponerse de pié en la deslizante ladera es otra historia. Fuerza de voluntad, apretar los dientes, y a seguir. Nuevas serpentinas por el bosquejo. El Pico del Vierru majestuoso cierra el horizonte. Por encima de él, el sol ilumina intensamente el Arisco Sonllanu y su grupo. Siempre recordaremos aquella maldita bajada confundidos por una mala niebla y una buena senda. Algo más al Norte El Cuetón y el Lleroso imponen su gran silueta blanca.

Salimos a la majada del Vierru. Lo peor ya pasó. ¡Ojo que quedan planos de nieve que son puro hielo! Gracia resbala sobre uno. Afortunadamente poco inclinado, no deja coger mucha velocidad. Los dos rescatadores Miguel y Emilio que acuden en ayuda resbalan a continuación revolviéndose los tres como gatos para no viajar de espalda. No ha pasado nada. ¿Se querían ahorrar los esquís? Vaya, la anécdota del día. Por las cabañas y el abrevadero a la pista que desciende al cementerio. Sin dejar de mirar el suelo repleto de charcos helados. Van unas cinco horas y media. Salimos a la carretera. El autocar aparcado junto al cementerio. Ropa seca, quitarse las botas, hablar de lo realizado hoy… todos los ritos que cumplimos escrupulosamente. Hambre de lobo. A comer donde la quesería de Río Duje, nuestros amigos de esta parte del Central. ¿Cuántos cabrales venderían en hora y media?

Resumen para escépticos: nos gusta la montaña. En verano y en invierno. Si el día está soleado como hoy más todavía. Nos hemos saturado de belleza. Las paredes sombreadas de la Cabeza la Mesa intensamente azules, la rápida bajada por la fuerte pendiente del bosque, la alegría de la cumbre… han dejado huella indeleble en nuestros corazones. El monte nos ha transformado. Ya no seremos los mismos. Esta droga de la montaña nos tiene enganchadísimos.

El sábado tenemos el Belén de cumbres que pondremos en el pico Traveseru en la Colladona. Cada uno aportará lo que buenamente quiera llevar: dulce, salado, sidra, vino, buen humor, villancicos… Luego bajaremos a Casa Piñeres a comer, si todavía hay algo de hambre. Vamos a hacer una gloriosa despedida del intenso año montañero que hemos desarrollado. Y lo mejor de todo son los “xanos y xanas” y los amigos que tantas veces nos acompañan. Felices fiestas a todos.

FRESINES

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