martes, marzo 05, 2013

MARAVILLOSA RUTA DE NIEVE Y SOL SUBIENDO AL COTIELLOS



2 de marzo de 2013

Un regalo de día. Cielo azul, aire fresco, buena temperatura. A medida que vamos llegando a Rioseco se ve más y más nieve. El cordal de Les Crespes está bien cargado. Un todavía vacilante rayo de sol comienza a deshelar la pradera.  La primera subida desde Tanes es delicada por las placas de hielo en las cuestas de hormigón. Vamos pasando toda la tropa, numerosa por cierto, que hoy el autocar viene lleno.

Pasamos por encima de las cabañas de Miyares. La pista, ahora ya de tierra, es buena y llega a un curioso cobertizo en el que convergen las dos sendas que empiezan en Tanes. Vamos hace rato pisando nieve, cada vez más abundante. Unos veinte centímetros. Está en muy buen estado, ideal para caminar. Llegamos al Collado Puiciellu ya sobrevolando todo el valle. La primera postal del día se puede sacar desde este alto: en primer término el embalse, por encima el pueblecito de Villamorey, más arriba praderas intensamente verdes y culminándolo todo el Faltiñoso y sus encrespados acompañantes resplandeciendo de blancura primaveral. ¿Quien dijo que esto se parecía a Suiza? Igual es al revés y todo.

La Escrita es el mogote picudo que tenemos al oeste. Su subida es fácil. La nieve lo complica todo un poco, pero dos voluntariosos huelleros se prestan a facilitarnos el camino. En unos veinte minutos estamos en la cima. La cantidad de picos que se ven es inconmensurable. Tenemos toda la cordillera desde el Torres hasta el Canto del Oso, el Retriñón, el Cuyargayos donde hay gente esquiando, el Guanalón, Peña Mea, toda la sierra del Aramo. Y en la cara este El Vízcares, Faceu, Maoño… Una auténtica pasada. El sol brilla en multitud de laderas orientadas al este. El cielo está limpio como hace tiempo que no veíamos.

Al bajar seguimos una pista ascendente de cara siempre a las cabañas de Espines que vemos al fondo. Vaya cabañas. Un “petit hotel”, acogedor. Nos quedaríamos con gusto. Pasado el collado Braniellos giramos levemente al noroeste para llegar a la Campa Espines. Breve parada. El personal tiene muchas ganas de caminar fuerte. Apenas los retenemos. Desde este agradable collado, curiosamente más alto que la cumbre a la que vamos a subir, descendemos por las praderas, dejando a nuestra derecha un buen camino muriado.

Acabamos volviendo al redil, que para algo se inventaron los caminos. La subida al Cotiellos no tiene más misterio. Es fácil y rápida. Apenas cabemos en la estrecha cumbre. A un lao tenemos Casu y al otro Sobrescobiu. La fachada norte de este picachón cónico es el profundo barranco d’Anzó. La ladera es muy empinada y la nieve mucha, mejor rodeamos por El Moyón.

El camino del barranco nos saca directamente a la carretera. Pero luego hay que remontar esta hasta Rioseco y la carretera siempre es dura. Así que buscamos el empalme con el Camino Real, buen camino, empredrado a tramos, embarrado en otros por el abundante ganado, que poco a poco nos va dejando en el fondo del valle. Vamos rodeando el pico Gamonal, otro de los grandes de la zona. El camino antiguo a Rioseco tiene unos miradores de primera categoría sobre los dos embalses y sus presas. A la altura del pueblo cortamos por las caleyas para ir a caer al aparcamiento junto a la Casa de Cultura. Son las cuatro. Empleamos seis horas en esta ruta de cuatro, pero las dos horas de contemplación las damos por muy bien empleadas y más teniendo en cuenta el maravilloso regalo del sol, que a los que hemos sido imprudentes, nos ha puesto como cangrejillos colorados.

Nos llevan a La Pumarada, en el Condado. Bien como siempre. A nuestro aire, con nuestros cancios, recordando a Senén en aquella tarde memorable, en la que ya tocado, se emocionó cantando con nosotros una asturianada de aquellas que le subían la moral.  Mientras estamos en estas cosas ganó el Real Madrid que siempre es cosa buena para… los aficionados del Madrid. Pero el día fue de tal categoría que hasta pasamos de fútbol. Nuestro deporte es mejor, más compartido y disfrutón. Como dice Edurne Pasabén “nuestro objetivo es subir una montaña, pasarlo bien y nada más”.

El día 9 de este mes y ya en plena recta de la primavera que va llegando el grupo Las Xanas sube al Pico del Casar, interesantísima peña que cierra el valle del Nalón por su parte septentrional. Partiremos de la Cueva Deboyu, oquedad natural, estrechísima foz, declarada monumento natural. El final de ruta será en el pueblo de Soto, tras bajar por el Collado Lincos.

FRESINES

 

           

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