miércoles, enero 30, 2013

LAS XANAS VISITA EL CABO VIDIO Y LA PLAYA GAVIERO




26 de enero de 2013

Terminamos con buen acuerdo la Asamblea anual y como no podemos parar, al día siguiente tenemos ruta. Esta no es montañera, pero tiene también su complejidad y una total belleza. Empezamos por el tiempo meteorológico: está despejado. Después de la gran, gran mojadura del día del Monsacro, hoy tenemos este regalo de día. Hasta hace sol. Se llega en un suspiro a San Pedro de la Ribera, gracias a las obras terminadas de la autopista del Cantábrico.

Primera parada: Villalegre. Terminamos de recoger a la última norteña y nos disponemos a vivir una nueva aventura, plena de naturaleza, plena de aire y mar. Nuestra siguiente parada en el camping de San Pedro de la Ribera, justo donde terminamos el año pasado cuando nos asomamos a las playas de Oleiros. Este concejo de Cudillero está plagado de playas escondidas, acantilados profundos y ensenadas procelosas. Teníamos muchos recelos sobre la manera de llegar al cabo Vidio. Pero la verdad es que Peña se lo curró y la jornada entera salió a la perfección sin apenas vacilaciones sobre la buena dirección a seguir.

Desde el aparcamiento empieza un largo camino junto a la valla del camping que va ascendiendo sin parar hasta penetrar en medio del eucaliptal. Pero el camino está libre y a través suyo llegamos a las primeras casas de Riego Arriba. Un nuevo camino nos encamina en dirección a la playa y puerto de Castrillón. La primera playa que podemos ver desde arriba. Es preciosa, de un azul intenso con esta suave luz. El mar está en calma en marea alta todavía. Avanzamos un poco más hasta encontrar una gran cetárea, cuyas piscinas rebosas del bueyes de mar de tamaño respetable. Toda esta zona es conocida por la calidad de sus mariscos. Junto a la cetárea se abre un túnel estrecho para pasar a Puerto Chico, que es un sitio soñado por los buceadores aficionados.  El empleado de la cetárea se desvive en darnos oportunas explicaciones de cómo llegar por La Barrera a Vidio.

Así que seguimos un rato por la ascendente carretera para desviarnos casi enseguida a la derecha en dirección a la Punta del Gallo. Si uno mira la foto aérea de todo el saliente de cabo Vidio es como una gran cuchara invertida, pero llena de puntas y resaltes rocosos encastrados en el mar. Hasta dieciséis puntas he contado en la perspectiva que nos da Google. Alrededor de la Punta del Gallo están las playas de Sable, San Cidiello y Gradas, todas inaccesibles, encerradas por acantilados de 80 metros de altura. Un conjunto de varios islotes y un más grande, El Orrión, cierra esta playa de los embates del mar abierto. Una vez que estamos a la altura de San Cidiello doblamos nuestro itinerario hacia el oeste hasta llegar al mirador de Peñadoiro, en la margen opuesta del promontorio. El faro Vidio está a unos doscientos metros.

Refugiados en su pared oeste hacemos las fotos de “cumbre”. Peña nos había predicho que era buen sitio para ventilar todos los bichitos que pudiéramos llevar. Se quedó corto y eso que el día estaba manso. Según lo lugareños el viento es una constante tal que esto parece la costa de Irlanda.  El mar golpea mansamente muy por debajo nuestro. El sol nos regala su calor. No podemos pedir más.

Avanzamos hacia la playa Peñadoiro de nuevo. Seguimos un camino paralelo a la carretera, para evitar su monotonía. Estamos por encima de la Playa de la Cueva, conocida por la gran bóveda llamada La Iglesiona, que labró la marea en su continua acción erosionadora. Al llegar a Riego Abajo bordeamos el pueblo por el oeste. La mitad del grupo siguen a Lito por la carretera. A partir de aquí les llamaremos “los del asfalto”, porque siguieron hasta Castañera carretera adelante, incansables ellos.

Nosotros más en el track (los tres GPS están en nuestro poder) seguimos en nuestro propósito de pegarnos lo más posible a la costa, en este caso a la punta El Gallo, que no vemos, ni tampoco la playa de Vivigo que rodeamos por encima. El camino que llevamos gira bruscamente al noroeste al encontrarse con el arroyo de Vivigo que se va desplomando, rico y abundante en aguas hacia el cercano mar. Su fuerza es aprovechada por dos molinos. El primero, el molino de Pudencio, se eleva sobre una riega lateral soltando el agua desde una alta represa. El segundo, el de Pulido, es una pequeña edificación edificada en roca directamente sobre la playa. Muy bellos los dos.

¿A qué habíamos venido, a acercarnos al mar? A pié de playa lo tenemos. Es la playa de Vallinas o del Gallo, estrecho corredor de 900 metros de longitud. Playa de cantos, paredes de cuarcita oscura, son unas constantes de toda la zona. Se hace fatigoso caminarla. Las amarillas espumas reposan fatigadas en la orilla batidas por una fuerza incesante. En algún momento miramos con recelo a las olas que amenazan con cortarnos la playa en dos. Desemboca en cascada el arroyo de Vallinas sobre la misma playa. Algo más allá lo mismo sucede con el de Valdredo. En el extremo está la punta Esquilón con una airosa escalera en la que nos están esperando.

Por la Llosa de Burón enfilamos el siguiente acantilado. El senderín recién limpiado, avanza casi pegado al borde. Literalmente estamos sobrevolando la playa de los Negros. El que no haya visto esto desde aquí  no conoce toda Asturias. En el horizonte próximo está la isla Fornón. Un paso en falso en el acantilado sería fatal. ¡Señores, estamos haciendo montaña! Ni una travesía sin sus cotoyas. Al llegar a la redondeada punta Rabillín hacemos un descenso tipo “xanas” sobre barro deslizante para saltar el arroyo Lindebarcas.

Por camino hormigonado se llega a la punta Noceda, en donde siempre hay pescadores. Tenemos que retroceder al sur, replegarnos a Novellana (donde nos espera una cerveza bien ganada). Se podría terminar la ruta haciendo una gran ese por la carretera. Pero esta posibilidad desvirtuaría nuestro propósito inicial de pegarnos a la costa. Así que volvemos camino del norte haciendo de tripas corazón pensando todavía en cuatro kilómetros más. Pero en realidad es mucho más corto el final de ruta. Casi en un momento subimos para poder bajar para echar un vistazo a los bellos arcos tallados por el mar en la playa de La Barquera. Nada más subir dominamos la vista de la playa Gaviero o del Silencio. Es probablemente la más bella de todo el occidente. El mar impone su ruido sobre cualquier otra cosa. El combinado de islotes cierra su boca  por sus dos lados. Inmensas paredes de cuarcita marrón brillan al sol mortecino. Nuestro único disgusto del día es no tener tiempo para bajar a sentarnos a la orilla del mar y para contemplar el silencio...  Un kilómetro todavía y llegamos a Castañeras.

El grupo del asfalto nos está esperando hace rato. Se les hizo pesada la amplia vuelta. El autocar está aparcado junto a un antiguo aserradero de aspecto decadente. Volvemos a comer a Novellana, al bar que tiene tres precios distintos del café según la amabilidad con que lo solicitemos. Por si acaso vamos a ser especialmente amables.

Este trozo de costa es verdaderamente impactante. Quisiéramos volver sobre todo en un día de temporal de mar. El primer sábado de febrero la ruta que queremos hacer es la del conde Coalla, en el concejo de Grado. Puede que se acorte, pero en principio hay que salir de Bailache pasando por Santo Adriano del Monte para bajar a Cualla. Hay barro en abundancia, estáis avisados. 

FRESINES

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