miércoles, mayo 09, 2012

EN EL PIERZU CUBIERTO POR LA NIEBLA Y DESCENDIENDO POR EL SEDO SALGERÉU HACIA PEN


5 de mayo de 2012

Cuando los días están gafados, algo acaba saliendo mal. En este caso la meteorología se puso en nuestra contra de manera descarada. Pero hicimos toda la ruta tal como estaba prevista, con las debidas precauciones que tomar ante la niebla cerrada.

La historia ocurrió como sigue: parada en la Collada Llomena, a 993 metros de altitud. Son las diez y diez. Cielo muy encapotado pero con buena visibilidad hacia el Tiatordos y la Llambria. Nos merendamos la subida en un periquete porque en una hora bien contada teníamos debajo la laguna Aranga y la siempre bien ponderada majada de Cerboes. Elegimos el mejor camino posible y nos decantamos por seguir la crestería siempre engañosa pues hay nada menos que cinco antecimas antes de llegar a la cima principal. Algunos deciden en franca superación hacer todos los dientes de este largo serrote, incluido el Canto las Fuentes que tiene una altura muy respetable de 1385. Tampoco tiene más mérito, pues todo pilla en la misma subida “oficial”. Más problemático pudo resultar algún intento de subir por la fachada este porque la cantidad de nieve acumulada en los ventisqueros lo hacía inviable. A ratos la niebla entra por el valle Cormenero. Todavía está baja y las vistas sobre el Recuenco, el Zorro, el Luengo y Peña Ten son buenas. Las fotos panorámicas del Tiatordos y la foz de la Escalada son una auténtica gozada.

Al llegar al pico se fastidió el invento. Primeras gotas, granizo, niebla cerrada y frío. Paramos muy poco. Ahora se trata de buscar la mejor senda que baje (o se precipite) por la inmensa cuesta que lleva a Ruamón, diminutas casitas que se ven muy lejanas en el fondo de la vallada. Bajamos. Empieza a llover. Arrecia. Pasamos delante de la gran cueva de la derecha. Enfocamos al famoso sedo Espina que tantas ganas teníamos de pasar desde aquel lejano día que lo estudiamos desde la sierra de Arangas. Es un sendero muy practicable. Está bien armado y baja haciendo amplias lazadas sobre el río Salgaréu. Los paredones de la Huérfana impresionantes. Pena de paraguas que no nos dejan admirar este increíble paso. Por aquí sigue transitando mucho ganado que “veranea” en los altos pastos de Arcenorio. Otro “camín real”. Nuestro homenaje particular a estos constructores de caminos, que supieron comunicar valles por intrincados pasos de montaña. Una cascada se precipita por un barranco bien trazado.

Deja de llover. Subimos hasta la Collada Piedrafita. Rotonda de variadas posibilidades. Estamos muy cerca de Dubriello. Hemos oído contar muchas historias sobre el Sedo del Gato para subir por la cara norteña, prácticamente vertical, al Pierzu. ( Impresionante el reportaje de internet del Grupo Los Nenes).
El sedo lo tenemos ahora enfrente. Su nombre se justifica porque hay que subir en continua trepada primero por un corredor volado y luego por una canal tipo Llamedo (¿os suena?). Y rogando que no te falle la hierba a la que te agarras.

En fin, dejamos el sedo para gente más valiente (Gelu, Lía, Gripi, Mariano, Silvio, Miguel). Bajamos en larga lazada hacia Santa Olalla. Tres caseríos mal contados. Vuelve a llover. Charlamos con Lulu, una nueva reencarnación de Jesucristo, pero algo más material (por lo oloroso). Nos cuenta la historia que debe contar siempre. Que el Sedo del Gato lo intentó un señor que es profesor de Derecho y que escribe libros... Que una vez un tal Walter se perdió entre la nieve por el Canalón y tras catorce horas de ruta encontraron camino gracias a la luces que prendió él...

Cruzamos el río. Y varias portillas. Está embarrado. Un gran charco en medio del camino obliga a hacer equilibrismo. Alguno queda trabado. Ahora se ha parado el viento y empieza a oscurecer el cielo. Puede que descargue de un momento a otro. La gente espabilada pilla la pista de Pen y sale escopetada huyendo de lo que va a caer. Empiezan los truenos y relámpagos. Y las historias de miedo. Hay que apagar el móvil, hay que tirar los bastones, hay que alejarse de las cumbres, hay que... ¡Caramba, lo que hay que hacer es llegar pronto al bus que aquella gente estará más que aburrida! Chorreamos agua.  Por encima de Cirieño debe estar la Mota Cetín. Sólo se ven nubarrones negros rasgados por los rayos del dios Tonante. Llegamos a Pen. La gente esperando. Cambiarse corriendo. Vuelve a caer otra pistonuda y ya no lo va a dejar en toda la tarde.

Nos refugiamos agradecidos en el bar La Barca de Caño, que por cierto fueron antiguas escuelas. Ahora más secos por fuera, nos remojamos algo por dentro. Muy felices de haber podido realizar esta ruta. Entrando hasta el último rincón de Ponga. Maravillosos valles. Recuerdo aquella película de John Ford que repusieron el otro día en la tele. Los mineros cuando cargados de oro se vuelven a la civilización se despiden de la montaña como si fuera un ser vivo. –“Adiós, montaña”, dice el jefe. Y otro más humano todavía dice –“Y gracias por todo, montaña”. Muchos de las Xanas nos sumamos a este pequeño homenaje a estos seres mágicos que tanto nos gustan y que tanto nos hacen sudar.

Más montañas: el día 12 el tan admirado pico Fontún o Machamedio para acabar en el valle de Valporquero. Y nos da igual que llueva o no, porque la montaña nos reclama de la misma manera. 

FRESINES

No hay comentarios: