martes, septiembre 27, 2011

ENTRE LAS NIEBLAS DEL PIGÜEÑA Y DEL NARCEA: PICO HORRU

24 de septiembre de 2011

Para llegar a las estribaciones de la Peña Manteca o Pico Horru hay que caleyar por carreteras estrechas y sinuosas de la Asturias interior. Tan pindias que el autocarín que nos trasporta se acatarra un par de veces por culpa de no sé que sensor en sus complicadas tripas. Ya bien resuelto este problemilla nuestra única preocupación es si levantará o no la niebla que tapa todo el valle. Nos decimos: “Aquí tendría que estar el pico Porcabezas, encima de San Martín de Ondes., y el Alto de Peñas Negras, la Cruz de la Sierra, el Pico de la Berza y el solitario Forcada. Pero... otra vez de brumas.” La espesa niebla que sube desde el Pigüeña lo uniforma todo.

Los 14 km de esta carreterina dejan entrever profundos valles, arboladas laderas, pueblos de nombres mágicos: Vigaña, Castañera, Cigüedres... pueblos bien plantados en la ladera, recostados contra firme roca, abrigados de la nortada. Aldeanos contempladores del caminar incesante, del ir y venir de gentes que recorrían sin cesar el vecino Camín de la Mesa, la comunicación asturiana por excelencia durante la mayor parte de nuestra dilatada historia.

Por fin en San Esteban, (712 m) (10h20), pueblo alargado, casas al abrigo de los hórreos, todo cerrado a cal y canto. Recorremos el pueblo por su única caleya y nos adentramos por un tapizado camino que nos introduce en el valle del Reguero Abedul. Poco más de media hora nos plantamos ante una bifurcación del camino y tras algunas cavilaciones seguimos por la derecha cuando aparentemente el sendero de la izquierda parece más cerca de nuestro objetivo. Pero acertamos, porque más arriba una paisana nos informa que aquel otro camín tira para la aldea Abedul, que alguna vez visitamos. Nuestro amplio senderín sube poco a poco y empieza a serpentear entre corros y cabañas. A estas alturas ya tendríamos que tener a la vista la silueta de la sierra al completo. Pero no hay nada que hacer, resignación, “otru día enfoscau”.

Aunque hace calor el día ta pa andar y en otra media hora paramos en la collá Fondera topando el camino que sube de Villar de Zuepos y por el que luego descenderemos. Por estas praderías de Zuepos y ahora en fuerte subida llegamos al Collau la Espina(115m) (12h10) y sin darnos mucho margen de respiro, para arriba de nuevo, ahora buscando sendas de ganado que nos dejen atravesar los pionarles que se empeñan en abrazarnos a nuestro paso. Con alguna vacilación al principio y luego ya a las claras seguimos un sendero por la falda del monte que viene de la lejana Balbona. El sendero va girando poco a poco a la izquierda hasta que afronta la línea cumbrera. A las 13 h 40 pisamos cumbre. Con la extraña compañía de una caseta de la que emerge una antena triangular tomamos un pequeño tentempié, contentos con la subida, defraudados con la vista. Aquí tenía que estar el Cornón, allá el Cogollo Cebolleo y más a la izquierda el Cotalvo. Media hora en la cumbre da para chistes, recuerdos, comentarios y alguna botelluca de vino.

Algunos querían seguir sierra adelante a La Vallinona (1.479 m), Alto del Pozo (1.486 m), La Riegla (1.405 m), El Bustillín (1.178 m), Los Arengos (1.037 m) y Sotambios (979 m), pero hoy no se puede hacer.

Bajamos al collau la Espina pasando por encima de unas curiosas llamargas en las que el tapín vegetal es tan denso que se mueve al pisarlas pero aguantan nuestro peso sin romper. Tierras estas donde la presencia del lobo es permanente. Se ven huesos de animales con frecuencia. Ahora el lobo se convierte en especie cinegética, tras años y años de protección. Acabará el pobre lobo en la consulta de psiquiatra.

Buscando el camín antiguo pegado a las murias de las cabañas, apreciando las trabajadísimas praderías, acabamos entrando en el empedrado y ancho camino que ahora ya irrevocablemente nos deja a las puertas de Villar de Zuepos. Qué trabajo el de aquellas gentes para dejar los caminos rurales listos para los carros del país. Muy buen estado de conservación del empedrado. Por desgracia no pasan ya muchas gentes como para estropearlo. El lavadero está reconstruido en los años cincuenta (tiene todavía el yugo y las flechas), pero hace tiempo que no cumple su función. La maleza lo va invadiendo, haciéndose la dueña de todo, enseñándonos que todo le pertenece y que en cuanto nos descuidemos está ahí, señora de los montes. Quién puede poner freno a la vida que brota por todas partes...

Ya entrando al pueblo por arriba está la espléndida escuela restaurada. Un paisano montado en su asnillo nos pregunta de dónde venimos y no se cree mucho que hayamos llegado al Horru. Es el único vecino del pueblo. Su mujer junto al autocar no para de hablar, que no hay más vencidad para que le escuche. Si fuera por ella hace tiempo estarían con los fíos en Xixón. Pero qué quiés, si les vaques nun puede vivir... Dejamos esta Arcadia feliz, asoleyada en este recién estrenado otoño que promete regalarnos con lo mejor de la boscosa Asturias.

Bajamos a comer a Belmonte. Despedimos a Javier Prendes que queda en casa de unos amigos. Una gran mesa alargada en la que nos sentamos los veinte que somos. En agradable charla pasamos el rato dando cuenta con voracidad de las maravillas gastronómicas que salen de nuestros zurrones. Echamos de menos, cómo no, a los ausentes: Peña y Rosi, Jorge, Silvio y Lía, Angel,... y por supuesto a nuestro recordado Senén.

Y como la vida sigue en torbellino continuo aprovechamos para preparar la ruta del próximo sábado. Es la Ruta de la Reconquista(PR 202), llena de tradición y valores paisajísticos. La acortamos un poco ya que es muy larga y en lugar de salir de la Güesera (nombre mítico recuerdo de la humillación de los moros que murieron en tal sitio huyendo de las mesnadas de Pelayo), saldremos desde La Buferrera para seguir hacia Belbín desviándonos antes a Arnaedo y por buen sendero al collado de Sierra Buena desde el cual se desciende al impresionante Pozo Los Texos. Al poco tiempo entraremos a Vega Maor. Desde esta atalaya extraordinaria, corazón mismo del Cornión empezaremos el largo descenso a Ostón, balconada de primera, para acabar en Poncebos por la conocida Canal de Culiembro.

Como están “ausentes” Jorge y Peña llamad a Lito si os vais a a apuntar. O a mí al 692510114. Con mucho gusto compartiré ruta y mesa con vosotros, siempre gozando de vuestra impagable amistad.

FRESINES

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