jueves, junio 03, 2010

LABERINTO DE HIERBA Y PIEDRA

Después de un intento fallido por causas meteorológicas, he conseguido hacer la Pasada del Picayo y puedo decir con todas las de la ley, que realmente ¡¡¡es una pasada!!!

Ya me lo decían los afortunados que el año pasado la habían realizado por primera vez y que este año volvieron a repetirla. Me hablaban de lo interesante, agobiante e incalificable que les había parecido y se quedaron cortos. La verdad es que no se si encontraré las palabras para deciros lo que es aquello.

La llegada a San Esteban de Cuñaba por aquella serpenteante y estrecha carretera, ya es de por si, un reto visto desde dentro del autocar que a duras penas se dobla entre las revueltas y las fuertes rampas. San Esteban no nos es visible hasta que abandonamos el autocar, que no puede pasar de la desviación hacia el pueblo, y caminamos unos cuantos metros por la carretera.

Entre tanto, solo la visión de los recortados y agudos picachos de la Sierra de Cocón, por donde deberemos caminar, nos encoge el ánimo por lo abruptos que se nos presentan. Los que somos nuevos en esta experiencia, tratamos de adivinar por donde pasa el camino, que me dicen que lo hay, pero es un intento baldío.

Cruzamos San Esteban dejando su bonito caserío a la derecha para comenzar la ruta, PR PNPE-29, por un ancho camino muy cuidado, en el que vemos el cartel anunciador y un indicador de la ruta, en el que dice que su duración hasta Tresviso es de 4 horas. Nada hace presagiar en este punto, lo que nos espera. Pero que no sirvan estas mis palabras de disculpa para no hacer esta ruta. Tengo que decir, que en todo momento hay camino o sendero, muy marcado, la señalización es buena y los pasos más comprometidos están protegidos bien por cables, bien por barandillas de madera. No quiere decir esto que esté abierta a todos. Hay que contar que en algunos lugares los pasos son estrechos y con importantes caídas. Además no es muy recomendable para quienes padezcan de vértigo y por otro lado, es un recorrido que exige un continuado esfuerzo, pues aunque no son demasiados metros de desnivel, unos 700, la subida es continuada y con algunas rampas fuertes.

Dicho esto, sigamos con nuestro camino. Nos introducimos en un bonito bosque de hayas, con un camino, como digo, muy cuidado y con bancos en las orillas. Así llegamos al mirador, un lugar habilitado desde el que tenemos unas preciosas vistas de los alrededores, cosa que no faltará en casi toda la ruta. Poco más allá nos encontramos con el área recreativa situada en un lugar de cuento de nomos y hadas, aunque muy cerrada por las copas de los árboles.

El amplio camino desaparece y comenzamos subiendo por un sendero que nos acerca a una riega seca por la que caminamos un rato para irnos dirigiendo a la izquierda, sureste. Vamos por un precioso bosque de hayas y helechos. La humedad ambiental es muy grande y nos hace sudar a pesar de que está nublado. Tampoco nos importa demasiado, ya que casi no podemos ni ver las nubes por lo espeso del bosque.

Pasamos sobre algunos árboles derribados y ahora repletos de setas que parasitan la madera en vías de descomposición. Disfrutamos del bosque a pesar de la dureza de la continua ascensión y del bochorno del ambiente.

Finalmente salimos del bosque y comenzamos a situarnos. A nuestras espaldas vemos la subida realizada y más o menos por donde queda San Esteban. Delante nuestro se eleva a tocar las nubes, una muralla calcárea que nos corta el paso. Seguimos pegados a la pared de piedra y seguimos también subiendo. Los buitres nos contemplan desde los riscos que tenemos delante.

El sendero continúa a gran altura entre la caliza y el verde de la hierba que se desparrama ladera abajo en una caída vertiginosa. Tenemos que pasar la muralla por alguna parte y al fin, después de varios quiebros y muchas subidas, aparece el resquicio. Llegamos al primer cable. Un embudo ascendente, cubierto de hierba, deja ver apenas unos escalones de piedra sumamente resbaladizos. Por eso la ayuda del cable, muy bien situado.
Una vez superado este primer cable, miramos atrás y observamos como el embudo desciende por un hueco inverosímil. Seguimos subiendo otra vez pegados a la muralla de piedra. Otro tramos resbaloso, también esta protegido por un nuevo cable. Ganamos así un cerrado collado desde el que contemplamos la subida que acabamos de hacer. No vemos el sendero y así parece imposible el haber subido por semejante paredón herboso.

Un tramo de barrera de madera nos separa del inminente abismo y nos permite continuar sin problemas. Bajo nuestros pies las laderas se deslizan hasta lo más profundo y no somos capaces a ver el fondo. Por eso nos lo imaginamos. Por arriba los picachos se suceden y en ellos los buitres, como pájaros agoreros, montan guardia, esperando cualquier desliz.

A los compañeros que nos preceden los vemos en lo alto de un inclinado prado, ya sobre la media luna que forma la collada. Es lo que nos espera a nosotros. Mientras descansamos, contemplamos muy abajo los tejados de San Esteban, Parece mentira que podamos estar tan altos.

Ahora nos queda un descenso que se nos pone cuesta arriba, pensando que luego tendremos que volver a subir otro tanto y más. Descendemos por el marcado sendero y volvemos a subir por el zigzagueante camino hasta situarnos en donde varios minutos antes, vimos a los que caminan más rápido.

Dos picachos pétreos nos dan la bienvenida. En uno, en todo lo alto, crece como puede una faya que no padece de vértigo. Estamos en el extremo de la sierra y empezamos a darle la vuelta para mirar por la cara del río Urdón. Pero aún nos falta pasar algún repecho más.

Vemos la carretera que sube a Cuñaba y el desfiladero con el río Deva emparejado a la carretera que se dirige a Panes. Seguimos a la derecha y aparece el Cuetu Dave. Entramos en la parte cántabra de la ruta y ya nos situamos en la vertiente de nuestro destino Tresviso. Un sedo sin protección nos lleva a la zona de la Cueva de Árguma que vemos delante nuestro. Alcanzamos un collado desde el que accederemos a la conocida como la Pasada del Picayu.

Nos toca descender nuevamente por una ladera herbosa y muy pendiente, en la que el sendero va girando a derechas para situarnos en una canal más amplia en la que el camino está protegido con barreras y pasamanos de madera. Acabada esta protección, un cable fijado a la roca nos proporciona la ayuda necesaria para ascender a la estrecha abertura que vemos entre las peñas. Estamos propiamente dicha en la Pasada del Picayu.

El cable continúa protegiéndonos en el sedo que continúa después del estrecho pasadizo y por él alcanzamos un colgado collado con una estaca pintada de color rojo, con un banderín de un grupo cántabro. El Cuetu Dave con la caseta de la centra y dos preciosas cascadas que manan del canal, los tenemos frente a nosotros, casi los podemos tocar con la mano. Por la izquierda del Cuetu, la carretera de la Hermida y a la derecha la zona de Bejes y las primeras estribaciones nevadas de la zona de la Samelar.

Tras el descanso continuamos ruta subiendo un poco para enseguida volver a bajar por una inclinada pedrera cubierta en parte por la hierba. Hay que tener cuidado con la inclinada ladera, sobre todo si está mojada la piedra. Llegamos asía a la cueva el Tombu Sulabara, utilizada para guardar el ganado.

Un nuevo y colgado sedo protegido con cable nos lleva a una nueva bajada por una ladera muy inclinada pero que se camina bien. Vamos ganando colladas que nos proporcionan el paso a una más ancha que utilizamos como descanso. Estamos ya muy cerca de Tresviso y podemos decir que lo peor ya pasó. Algunos de nuestros compañeros aprovechan nuestra parada para subir a un picacho que vemos desde nuestro descanso. Los vemos alejarse y progresar lenta y penosamente. La subida es dura, como nos comentarían más tarde.

Tras el descanso seguimos caminando por el último tramo protegido con cables de la ruta. Es un nuevo sedo que nos baja al sendero que casi en horizontal atraviesa una alargada y pindia ladera bajo el pico al que subieron nuestros compañeros. Al otro lado de la ladera y por debajo nuestro, damos vista a las cabañas de los Invernales de Prias y poco después, vemos frente a nosotros los tejados de Tresviso. Por debajo nuestro, vemos la pista que procedente de Urdón sube a este bonito pueblo cántabro, por el conocido como Balcón de Pilatos.

El sendero poco a poco y cómodamente va descendiendo hasta llegar al pueblo y recibiéndonos este con una fuente con pilón, que nos sirve para refrescarnos y acondicionar un poco nuestra presencia, para dirigirnos a continuación al bar, donde daremos cuenta de unas frescas cervezas que tenemos bien ganadas. Tardamos unas 4 horas y media, con varias paradas y una de ellas de más de media hora.

Puedo decir que todos quedaron encantados de la ruta y que hay muy pocos que no dejasen entrever la disposición de volver a repetirla no tardando mucho. Alguien la pidió una vez al año. Realmente es una ruta muy entretenida y fácil de realizar sino se tiene vértigo. Las subidas son fuertes pero se hacen bien y dada su longitud, no es una ruta en la que haga falta correr. Se puede y se debe hacer despacio, disfrutando de la zona y aunque las vistas no varían demasiado, la visión de los abismos que nos acechan, son impresionantes.

El próximo sábado día 5 de Junio, nos vamos a tierras de Quirós para hacer la Peña Rueda. Tenemos la intención de hacerla desde Lindes con descenso a Cortes, pero no descartamos que cambiemos de opinión y subamos desde Bueida para bajar bien a Cortes o bien a Lindes.

En principio nuestro itinerario es:

Lindes (930 m) – Manin Fonderu (1.100 m) – Manin Cimeru (1.260 m) – Vallina Grande (1.564 m) – Cuchillar de Rueda – Peña Rueda (2.155 m) – Las Colladiellas (1.583 m) – La Siete (1.500 m) – Cabón (1.500 m) – Collau Cimeru (1.301 m) – La Fellichega (1.200 m) – Cortes (900 m)

Espero vuestras llamadas para esta ruta. Esperamos buen tiempo, que no se si es una buena cosa o mala. Pero mejor caminar sin agua. Lo dicho: aún queda alguna plaza, pero no creáis que son muchas. Al final, igual alguien se queda en tierra.

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