miércoles, junio 09, 2010

PEÑA RUEDA POR LA RUTA CLÁSICA

Cuando mencionamos Peña Rueda, casi siempre decimos “La Ruedona”, dando a entender que se trata de una montaña con cierta dureza. Dureza que se manifiesta por cualquiera de sus caras y sea por donde sea que realicemos su ascensión. Quizá la más cómoda sea la subida desde Lindes, y digo la más cómoda, no la más suave, pues suavidad no la tiene en ningún lado.

Pues por esa subida “clásica” fue por donde nosotros la atacamos el pasado sábado, temiendo el posible calor que sería un nuevo hándicap en nuestro progreso hacia la cumbre. Pero ese calor no se presentó. La mañana amaneció con niebla y hasta con orbayu en algunos sitios persistente.

Comenzamos a caminar en Lindes, pasando junto al antiguo bar de “Los Pulcros”, a uno de ellos lo vimos en la carretera junto a la iglesia, para salir del pueblo por el camino del Carrilón. La primera parte de la subida la compartimos con el camino de los Puertos de Agüeria, cuya desviación dejamos a la izquierda, señalizada, después de pasar las revueltas del Carrilón.

Poco después nos introducimos en un bonito bosque de hayas, donde la niebla nos presta preciosas imágenes propias de una película de terror. Pero no es terror lo que a nosotros nos provoca este paisaje. La subida en este primer tramo, así amenizada, nos hace caminar sin prestar atención a lo empinado del terreno.

Cuando salimos del bosque, la luz y el sol, aunque este no mucho, se hace ante nuestros ojos. Estamos en Manín Cimeru con su única cabaña de feo tejado de uralita, sobre el que aparece imponente la Peña Arpín y detrás el Tapinón y Siegalavá. Está preciosa la verde campiña de Manín con los primeros rayos de sol que vemos en el día. Tras de nosotros, sobre el resto de Asturias, se extiende una gruesa capa de nubes que lo cubre casi todo. Solo las sierras más altas emergen del blanco manto.

Ya con sol pero sin calor, seguimos camino atravesando la Veiga de Manín, siempre subiendo y con tendencia a la derecha, a buscar un estrechamiento entre los paredones que cierran la vega por el oeste. El sendero se pierde un poco en la pradera, pero pronto se recobra y se hace más evidente. El estrecho paso de la Vallina Grande, lo realizamos por un marcado camino que sube en zigzag hasta alcanzar la parte más alta.

Aquí nos encontramos con dos posibilidades. Una es seguir al sur por la lomera más cercana, para alcanzar el Vaso de Rueda y desde allí subir a la cumbre de esta montaña. El otro es el que nosotros tomamos y se trata de alcanzar la cresta que vemos frente a nosotros al oeste. Una cresta de caliza que nos llevará hasta la cumbre. Es el Cuchillar de Rueda, pero para eso aún nos falta un largo y duro camino.

Tras descansar un poco y reponer fuerzas, continuamos subiendo siguiendo los jitos y un desdibujado sendero, siempre en ascenso con dirección oeste. Piedras y maleza es lo que pisamos en este tramo. Afortunadamente el sol no calienta, pues en este lugar no hay con que defenderse de sus rayos. Cuando alcanzamos la cresta, se nos abre una nueva ventana. Por el oeste aparecen como islas, la Sobia y más al norte el Aramo.

Nos queda caminar todo el cuchillar. Una franja de terreno calcáreo con algo de hierba, que se asoma continuamente a un cortado precipicio que nos separa precisamente de la vallada por la que luego bajaremos a Cortes. La ascensión, a la para que dura, se hace monótona. Nos faltan vistas hacia Quirós. La niebla lo cubre todo y aunque el mar de nubes es algo poco común, llevamos toda la mañana viéndolo.

La cresta se convierte en un sube y baja, pero por fin alcanzamos la cumbre, de la que ha desaparecido el buzón. Aquí si cambian las vistas. Aparecen las Ubiñas, el Fariñentu, los Fontanes, el Prau, Colines, La Cigacha, el Ranchón, el Panchón, Los Huertos del Diablo, Peñón Ameno, Prau la Silla, Tambarón y Campufaya, amén de los que ya veníamos viendo toda la mañana.

La cumbre parece una romería, de la cantidad de gente que hay a pesar del frío aire que corre. Se agradecen los rayos del sol y cuando el aire para se está muy a gusto. Permanecemos un buen rato en la cumbre aprovechando lo benigno del día y disfrutando de las preciosas vista del macizo de Ubiña en toda su extensión.

Después del descanso y de hacer un sinfín de fotos, reemprendemos la marcha para descender al suroeste, a la derecha de Lingleo, por una pendiente de tierra y piedras. Hay un sendero muy marcado en el que debemos tener cuidado con los resbalones y de no tirar piedras a los que caminan delante nuestro.

Cuando alcanzamos los prados en los que pastan las vacas, la niebla comienza a cubrirnos, con lo que perdemos perspectiva para seguir el camino bueno. Siguiendo los senderos más marcados, y siempre con rumbo oeste, alcanzamos una amplia pista en la que había un par de coches aparcados. Es la larga pista que baja a Santa Marina. En algún lugar tenemos que encontrar el paso a nuestro valle que va paralelo a la pista pero más ala derecha.

Por fin vemos un poste indicador con las direcciones arrancadas, pero sabemos que el camino que sale a la derecha es el que nos llevará a nuestro destino y lo seguimos. Ascendemos una loma y a continuación descendemos al otro lado siguiendo un sendero que ya no perderemos hasta Cortes.

La niebla se disipa y podemos contemplar la gran mole de Peña Rueda a nuestra derecha. Nos separa de ella una vallada que no podemos contemplar por las nubes que lo que hicieron fue descender un poco. Seguimos nuestro camino, unas veces entre árboles y otras entre matorrales. Llegamos a una preciosa y verde pradera en la que vemos restos de corros de piedra. Es la antigua braña de Cabón. La abandonamos siguiendo en la misma dirección y tendiendo un poco a la derecha, encontrando nuevamente el camino, que ahora desciende al este decididamente.

Después volvemos a recuperar la dirección norte que llevábamos y que es la que nos conduce a Cortes. Pasamos por la cabaña de Collau Cimeru y aquí el camino parece ir en la dirección contraria, pero es solo durante un tiempo, pues enseguida vuelve al norte, muy cerca del arroyo que no vemos, pero si escuchamos. Pasamos junto a un par de cabañas y una suave cuesta nos lleva a una horcada, desde la que bajamos a las inmediaciones de otra cabaña, es el Bouchal.

Cruzamos un bonito bosque y cuando lo abandonamos a la altura del Picón, ya tenemos una buena vista de Cortes en la lejanía. Aún nos falta una buena caminata. Estamos muy altos y debemos descender. Lo hacemos por un ancho camino que va marcando un sinfín de vueltas y revueltas. Afortunadamente está seco, pues de lo contrario los resbalones serían continuos.

Tras el largo descenso entre árboles, después de pasar por Pozo L’Oro, llegamos al fin a una pista, esta entre prados, desde la que ya divisamos muy cercanas las primeras casas del pueblo. Una suave cuesta nos lleva a Cortes tras pasar junto a su cementerio. Atravesamos todo el pueblo pasando junto a la casa en la que nació San Melchor García Sanpedro, protomartir asturiano, muerto en Vietnam y a continuación acabamos en la carretera junto a la iglesia y al lado del hotel. Fin de la ruta de Peña Rueda. Ahora ya no nos parece que sea tan dura.

Para el sábado día 12 volvemos a intentar una ruta que ya se nos negó en otras dos ocasiones. Me refiero a la ruta entre Los Lagos de Covadonga y Vega Aliseda, donde queremos alcanzar el Gustuteru para retornar nuevamente a los Lagos por el camino de Vega de Ario. Esperemos que en esta ocasión la niebla nos de una tregua y lo podamos lograr. La ruta prevista es:

Bufarrera (1.063 m) – Entrelagos (1.158 m) - Campo La Tiese (1.106 m) – Las Reblagas (1.125 m) – Vega el Paré (1.304 m) – El Tolleyu (1.398 m) – Camperas de Jaces (1.550 m) – Jorcadillin de Cueva Oscuro (1.600 m) – Las Carreteras (1.650 m) – Cilluenga (1.700 m) – Jou Los Porros (1.777 m) – Vegas de Aliseda (1.800 m) – Collado Jermoso (1.775 m) – Pico Gustuteru (1.810 m) – Ojos de Manada Vieya (1.730 m) – Forcau Valle (1.619 m) – Veguina de Pedro Crespo (1.530 m) – Vega Robles (1.400 m) – Las Fuentes (1.426 m) – Sedo el Cabrital - El Llaguiellu (1.300 m) – Las Bobias (1.200 m) – Campo La Tiese (1.106 m) – Bufarrera (1.063 m)

La inscripción está abierta y las plazas que quedan no son muchas, por lo que no debes dormirte si quieres acompañarnos en esta ruta, que si el tiempo nos acompaña, tiene que ser preciosa y con importantes vistas de las cumbres del Cornión. Así que no lo dejes para mañana si no quieres quedarte en casa. Espero tu llamada.

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