La realización de esta ruta es una de esas cosas que en algún momento contemplamos como inalcanzable y que cuando la conquistas te deja un regusto especial. No es que considere que no se puede hacer. Cuando hace unos años la hice en compañía de Lito, Jorge y Carrete, acabamos diciendo que no la repetiríamos nunca y menos en una colectiva con el Grupo de Montaña. Se quedaba allí, como in tótem intocable.
Pero el tiempo pasa y cuando a finales del año pasado, al preparar el calendario de rutas para este año, Jorge me propuso incluir esta ruta, mi primera intención fue decirle que no. Pero no lo hice. Era un nuevo reto para todos. Para los que no la hicieron nunca y para nosotros que teníamos que guiar al resto y con el handicap de una colectiva.
Puestas así las cosas, emprendimos el viaje rumbo a Teverga, en la confianza de que la climatología nos sería propicia, tal como auguraban todas las predicciones. Pero hete aquí, que todos se equivocaron. El día estaba neblinoso y según nos acercábamos a destino, las cosas empeoraban: la carretera que por Trubia y Proaza estaba seca, se encontraba mojada tras atravesar los túneles anteriores a Entrago y la niebla era dueña y señora del ambiente.
Pasamos junto a nuestro punto de inicio de la ruta al salir del segundo túnel y todos nos agolpamos en las ventanillas para contemplar lo que nos esperaba. Seguimos hasta San Martín para desayunar y esperar un poco a ver si la niebla se disipaba. Hicimos tiempo y la cosa no acababa de mejorar. Se imponía tomar una decisión y esa no fue otra que: adelante.
El autocar, en esta ocasión conducido por nuestra entrañable choferesa Puri, nos dejó en la carretera antes de llegar al primero de los túneles después de Entrago. Con las mochilas al hombro y llenos de buena voluntad, iniciamos las primeras y duras rampas de la senda, caminando por un estrecho sendero muy deteriorado por la falta de uso y las inclemencias del tiempo. El sendero se arruga en un sinfín de apretadas curvas para tratar de facilitar el avance y la dura ascensión. No es difícil seguirlo con la vista. Lo complicado es avanzar superando la inclinación.
Se me agolpan los recuerdos de mi primera subida a Sobia por esta senda y el dolor que se me puso en el empeine de los pies durante esta primera cuesta. Es que ni en los descansos puedes poner el pie horizontal. Siempre lo tienes doblado, con lo que el empeine sufre las consecuencias.
A la inclinación del terreno se une la humedad y con ello las posibilidades de resbalar. Eso nos obliga a ir mucho más atentos y precavidos. Poco a poco vemos como la carretera va quedando abajo a nuestras espaldas. Cada paso que damos es mucho lo que nos separamos de ella. Por arriba, en el constreñimiento en el que nos tenemos que adentrar entre las paredes rocosas, la niebla parece campear a sus anchas. La oscuridad lo llena todo.
Poco a poco nos vamos adentrando en un bosque de avellanos, hierba y ortigas. El sendero que al principio discurre por la parte central, se va acercando a la izquierda y con ello a la muralla pétrea. En un momento determinado, ante nuestros ojos aparece el telón gris de la piedra sin que podamos ver su final superior. Este muro nos marca el camino a seguir. El sendero se retuerce una y otra vez ganando altura. La hierba lo tapa a veces, pero está allí y solo es necesario fijarse para descubrirlo. Su trazo es muy evidente y tiende a ir a la izquierda siempre. Tampoco es que se pueda ir a otros muchos lugares, ya que las paredes calizas nos obligan.
Frente a nosotros una nueva y vertical pared. Lito nos comenta que en ese lugar está la Cueva del Fugao. Pero no podemos verla a causa de la niebla. Parece ser que por ella hay otra posible senda pero más compleja. El sendero nos lleva definitivamente a la izquierda, al comienzo de la primera canal muy pedregosa.
Se pierde un poco el camino, pero de todos modos es evidente y se puede hacer por cualquier lugar. Recuerdo que la primera vez lo subimos por la derecha, arrimados a la peña y en esta ocasión lo hicimos por la izquierda. Ambos son válidos. El esfuerzo, que es lo que importa, el mismo. Enseguida alcanzamos el final de esta canal, reconocible por un muro de piedras. Allí hicimos un alto en el camino para descansar y reagruparnos. También aprovechamos la ocasión para hacernos una foto.
Saltando sobre el muro de piedras, accedemos a la zona que podemos considerar más problemática sobre todo por las condiciones de humedad que en esta ocasión tenemos. Se trata de una playa herbosa con una inclinación considerable, y cuyo posible deslizamiento nos lleva irremisiblemente a la carretera que circula paralela a nosotros, unos cuantos metros mas abajo. En parte podemos agradecer a la niebla el que nos libere de la visión de la carretera en este paso. No hay un sendero definido pero debemos caminar casi en horizontal un tramo, para poco a poco ir subiendo a la derecha a buscar el inicio de la segunda canal del día.
Para alcanzar la nueva canal debemos cruzar antes un pequeño muro rocoso. No es muy complicado el paso, pero con las condiciones que tenemos debemos tomar todas las precauciones. La humedad no es buena para andar por hierba y piedras y tenemos que tenerlo en cuenta. Poco a poco y uno tras otro, vamos pasando la dificultad en forma de roca y accedemos a la nueva canal herbosa, por la que debemos seguir ascendiendo.
La canal se va estrechando y al final nos encontramos con unos avellanos. Aquí debemos girar a la izquierda para continuar después por una cornisa que podemos pasar por su derecha o bien sobre ella. En este punto damos vista al pueblo de Santa Maria, pero no es el caso. La niebla persiste y no podemos ver nada. Caminamos por la cresta que no tiene mayores problemas que los que nos pueden dar el agua y la piedra y llegamos a una zona más abierta y de hierba y maleza, por la que continuamos la ascensión, pero menos pronunciada. Debemos ir primero un poco a la derecha, siguiendo el sendero que vuelve a ser bien visible, para luego tender a la izquierda.
Con vistas, este tramo de subida no tiene ningún problema, ya que es evidente pues de lo que se trata es de subir a buscar la planicie de La Veiga d’Adentro, que supone el final de la dura ascensión por la Senda de la Padiella. Alcanzada la vega, seguimos por el ahora marcado camino que la recorre. Nuestro próximo hito es el Pico de la Siella, donde nos esperan los que hicieron la subida normal por Carrea.
La niebla comienza a disiparse, ¡¡¡ahora!!!, y podemos ver la Siella y a nuestros compañeros. Poco a poco desaparecen las nubes y el cielo azul nos acompaña para llegar a la cumbre.
La Siella, con sus 1.515 metros de altura, es un magnífico mirador de Teverga. Colgado encima de Sobrevilla, nos ofrece unas estupendas vistas de Entrago, San Martín, La Plaza; toda la zona de San Lorenzo, con Peña Negra en primer término y el Michu detrás. El Ferreirua y Ventana, dan paso a las Ubiñas y por el norte, el Aramo y bajo nuestras miradas el hermoso verdor de las Veigas de Adentro y de Afuera.
El día ha mejorado enormemente y se está a gusto en la cumbre, disfrutando de las vistas. Pero nos queda una buena pateada por la Canal de Faya y en San Martín nos aguarda un festín de pote y cabritu. Así que después de reponer fuerzas y solazarnos un buen rato, emprendemos el descenso siguiendo la cuerda al oeste. Pasamos junto a un par de horcadas que caen vertiginosas hacia Sobrevilla. Un poco más allá se encuentra el camino de nuestro descenso. Nuevamente las precauciones consabidas. En este caso a causa de la inclinación y el terreno resbaladizo por la piedra menuda.
Hay trazas de varios caminos todos con la misma dirección, pero unos más directos que otros. Cada cual se acomoda al que mejor le va. Al principio, el sendero discurre entre piedras hierbas y tierra, dando varios zigzag por el centro de la canal. Posteriormente se decanta a la izquierda y pasa bajo un gran ojo de buey y una cueva, para posteriormente volver a la derecha y al centro.
Así desciende un buen rato, para volver a la izquierda poco antes de la entrada a una canal más estrecha. Aquí el camino se marca decididamente por la izquierda de esta nueva canal. Encontramos algunos jitos. A pesar de ello, nosotros nos equivocamos y nos metimos en la canal antes de tiempo, lo que nos llevó a una cortada en la que tuvimos que vencer un mal paso apoyándonos en los troncos de unos jóvenes avellanos para realizar el destrepe.
El camino, como digo, continúa por la izquierda de la canal y sale a ella por debajo de la cortada. Por tanto se deben seguir los jitos que ya nos acompañan en lo que queda de descenso por la nueva canal, en la que no hay un camino muy definido y debemos acoplarnos a lo que mejor nos convenga, siguiendo la dirección marcada por los jitos.
De esta forma, y poco a poco vamos acercándonos al camino que vemos bajo nuestros pies, por el que nos dirigimos finalmente, entre prados, a Sobrevilla. Allí, en lo más alto posible de la carretera, nos esperaba nuestro Ángel de la Guarda particular, Puri, con el autocar, para dar por concluida esta preciosa, arriesgada y épica ruta por la Senda de la Padiella. El tiempo empleado con paradas incluidas, fue de siete horas. Quizá corrimos un poco más a sabiendas de que en Aladino nos esperaba una buena pitanza.
Para la ruta del próximo sábado no puedo deciros aún muchas cosas. Como sabéis pretendemos acercarnos a Llué por el Río Canalita, pero este se encuentra en pleno deshielo y parece que baja con mucho caudal, lo que nos imposibilita su descenso. Estoy a la espera de que Jorge me comunique lo que ha hablado con Francisco Ballesteros y saber realmente que es lo que vamos a hacer. Entre tanto, la ruta propuesta es:
Les Bedules (1.083 m) – La Biforcadera (1.187 m) – Collado Granceno (1.194 m) – Río Canalita – Llué (600 m) – Collado Reces (976 m) – Collado Cocillón (897 m) – Tolivia (720 m) – Puente Espina (450 m) – Puente Vaguardo (430 m)
Para saber más cosas respecto a esta ruta, os diré como decían antiguamente en Televisión Española: DISCULPEN LAS MOELESTIA Y PERMANEZCAN ATENTOS A SUS PANTALLAS. En nuestro caso, permanezcan atentos al correo del grupo y a este blog. Tanto en uno como en el otro, se expondrán las decisiones que se tomen. De todos modos, ¿qué más da a donde vamos? Lo importante es pasar un buen día en la naturaleza y en buena compañía y ambas cosas están aseguradas.
Así que espero vuestras llamadas para reservar una asiento en el autocar. Además os advierto que en esta ocasión el autocar será de 26 o 27 plazas, con lo que el que no esté atento, se puede quedar sin sitio.
1 comentario:
Muy buenas, creo que hicistéis bien en dejarlo para otra el Canalita, probablemente os hubieráis mojao de lo lindo....el domingo estuve en el Víboli y casi todas las riegas que van a dar al cañón tiraban agua con gracia (el cañón estaba para hacer sin problema) e incluso el pasillo que tiene al final, justo antes de salir a la carretera, llevaba agua cuando lo normal es que el río estuviera sumido y el pasillo seco. Este verano intentaremos hacer la riega esa y lo forraremos a fotos para que tengáis más información de cara a la temporada siguiente...a ver si se puede repetir, que debe ser una pasada preciosa.
Un saludo uveyas!!!
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