El pasado sábado día 23 hicimos una ruta corta en extensión pero grande en belleza y con un cierto grado de dificultad que puso a prueba a muchos de los nuevos montañeros y montañeras que nos acompañan últimamente.
La ruta no presenta ninguna dificultad a primera vista. Iniciamos la andadura en el pueblo de Caranga de Arriba, lugar en el que se celebra la muy renombrada festividad de la Virgen de los Remedios. Atravesando su caserío para cruzar el Río Trubia después de que este abandone el embalse de Valdemurio y antes de que reciba las aguas del Río Teverga. Una ancha pista con un ascenso endiablado va cogiendo altura rápidamente, entre viejos castaños primero y más tarde entre pinos, que debido a las altas temperaturas y la falta de agua en este invierno, ya están soltando el polen de sus flores para disgusto de todos los que padecen alergia a este elemento.
La subida no presenta más dificultad que la de la pendiente, con rampas muy duras seguidas de pequeños descansos en los que poder recuperar el resuello. El río Zarameo nos acompaña en el fondo del tupido valle que tenemos a nuestra izquierda y al otro lado, vamos viendo entre los árboles, las formaciones calizas que se desprendes de la Sierra del Gorrión, cuyo inconfundible Pico Mayor o más conocido como Gorrión, comenzamos a distinguir.
La subida comienza a suavizarse a medida que ganamos altura y ahora, entre pinos, caminamos con menor esfuerzo. En el Collado de Oliz recibimos por la derecha la pista que sube desde las inmediaciones de Caranga de Abajo, una pista que vemos a la izquierda después de cruzar el puente para dirigirnos a Teverga. Desde aquí nuestro camino desciende un poco para volver a ascender hasta alcanzar las hermosas praderías de Mengoyu.
Aquí el paisaje se abre y despejado de árboles, nos permite contemplar la conocida silueta del Gorrión y toda la ladera occidental por la que tantas veces ascendimos a esta agradecida cumbre. Digo lo de agradecida por lo que nos depara una vez sufrida su dura ascensión. Unas vistas preciosas de sus alrededores, con la estupenda estampa del Embalse de Valdemurio a vista de pájaro.
Mengoyo es una sucesión de verdes praderías en las que en otros tiempos existieron un buen número de viviendas hoy prácticamente desaparecidas. La leyenda o las historias más o menos verosímiles hablan de la muerte de todos los habitantes de este lugar, menos uno. Un pastor que no pudo asistir ala fiesta en la que se dice perecieron todos. Dice la leyenda que el agua de la fuente con la que amasaron el pan del ramu estaba envenenada por una salamandra y eso hizo que todos los que comieron ese pan murieran. Nada más se sabe de lo ocurrido. El caso es que las casas que poblaban este lugar y sus habitantes, desaparecieron hace ya muchos años.
La pista al entrar en las praderas, se difumina y es más difícil seguir su trazado, pero si nos fijamos, podemos distinguir el camino atravesando la campiña a pasar junto a una cabaña que tiene un curioso árbol delante. Luego continúa dejando aparentemente la Peña Collada atrás, para describir un arco que nos vuelve a dirigir hacia ella. Alcanzamos el Colladín desde el que se contempla más abajo la Collada Michandoiro con unas cabañas y a los pies de la Peña Collada o Rebollosa. Solo nos queda descender a Michandoiro para comprobar las dificultades que tenemos para ascender a nuestra cumbre de hoy, aunque ya vemos en la cumbre a nuestro compañero Florentino, lo que quiere decir que tiene que haber paso.
Pasando entre los cierres de las cabañas, accedemos a un prado cerrado por la muralla pétrea de la peña. Buscamos por la derecha un hueco de paso, pero está cerrado de maleza y rocas. Siguiendo por la base del muro a la izquierda, encontramos una chimenea que no nos parece en principio lo más idóneo. Al final de la muralla de piedra, un sendero de las cabras nos hace albergar esperanzas. La maleza cubre casi por completo el estrecho sendero y tenemos que abrirnos paso entre las escobas y los brezos. Bordeando las altivas rocas, trepando agarrados a las ramas, luchando contra los golpes que nos dan las escobas, vamos ascendiendo poco a poco. El sendero se despeja y caminamos entre piedras y agrumas. La cumbre no acaba de aparecer. Abajo vemos los tejados de las cabañas. Unos pasos más hacia arriba y alcanzamos la cumbre tapada de maleza. A pesar de todo, un buzón montañero nos da la bienvenida.
Después del esfuerzo se agradecen las vistas que nos depara. El siempre presente Gorrión y la Sierra del Aramo, con la Gamonal y el Gamoniteiru inconfundibles. La sierra La Verde, como un barco, separada de todo, aparece magnífica y nos hace recordar la bonita ruta que no hace mucho hicimos por sus cumbres. Detrás, al oeste, los pueblos de Fabar y Bustiellu colgados de las faldas de la Sierra de Peña Gradura y más al sur, la carretera del Puerto de San Lorenzo casi tapada por la Sierra de la Sobia.
Nos tomamos un tiempo para reponer fuerzas y para pensar en el descenso que nos espera. Tras las fotos de rigor, llega el momento de emprender el descenso. Decidimos bajar por donde subieron algunos miembros del grupo, tras atravesar la chimenea que comentamos antes. El sendero está mas despejado y se baja mejor. Pronto nos situamos en el estrecho pasillo de entrada a la chimenea. Aquí comienzan los apuros y el descenso se relentiza. Uno a uno vamos descendiendo por la inclinada abertura de la roca, utilizando todo lo que encontramos como asidero y haciendo uso del freno que nos ofrecen nuestras posaderas. Unos con más problemas y otros con menos, todos conseguimos atravesar la estrechura y posar nuestros pies al fin, en la mullida superficie, ya plana, de la hierva.
Comentarios: ¡Que miedo pasé! Pero, ¡¡que güay!! Al poco ya nadie se acordaba de lo que había sufrido, tanto en la subida como en el descenso. Eso son recuerdos que desparecen después de la agradable sensación del reto superado.
El resto del camino ya no tiene historia. Una amplia pista desciende por la ladera oeste a buscar primero las cabañas de Gromolateicha y poco más tarde el pueblo de Santa Maria, donde la pista se convierte en carretera asfaltada hasta Las Vegas, caserío formado a orillas entre la carretera de Teverga y el rió.
Después de cinco horas y media, con muchas paradas y descansos, disfrutando del paisaje y de la estupenda climatología que estamos teniendo, dimos por finalizada la ruta del día.
Para el próximo sábado estrenamos mes y nos vamos de ruta a la costa nuevamente. En esta ocasión nos trasladaremos al bonito y marinero pueblo de Tazones, concretamente a su puerto, para iniciar la Ruta Mariñana de los Molinos de Merón. Precisamente en la playa de Merón, donde desemboca este río, pondremos punto y final. La ruta es:
Puerto de Tazones (10 m) – Faro de Tazones (116 m) – Punta del Olivo (50 m) – San Felix de Oles (143 m) – Oles (150 m) – Las Arenas (159 m) – La Lloraza (169 m) – Puente Robleu (120 m) – Río Merón – Puentón de la Grua – Las Vegas (46 m) – Playa de Merón (10 m) – Careñes (140 m)
Como podéis ver, la ruta finaliza en principio en Careñes, lugar al que llega la carretera. Esperamos que el autocar nos pueda recoger allí, ya que de lo contrario tendríamos que caminar unos cuatro kilómetros hasta el cruce con la carretera de Villaviciosa a Gijón. La ruta hasta Merón está programada en unas cuatro horas y media, lo que supondría agregarle otra hora más para llegar al cruce. Este dato espero conocerlo a lo largo de esta semana. Espero vuestras llamadas.
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