lunes, julio 23, 2007

DOS DIAS INOLBIDABLES EN PICOS

Hola a tod@s. Aquí estamos sanos y salvos después de una fantástica experiencia de dos días en el corazón del Macizo Occidental o del Cornión.

Como sabéis, dividimos la ruta que une los refugios de Vegarredonda y Vega de Ario en dos días, haciendo noche en este último refugio. Pues bien, el sábado salimos temprano de Oviedo con dirección a los Lagos de Covadonga, donde llegamos con un cielo cubierto de nubes y a baja altura. A los 1400 metros se encontraban paradas y espesas. Decidimos de todos modos intentar la ruta que teníamos propuesta y partimos con dirección a Vegarredonda a donde llegamos después de dos horas de caminar con la niebla sobre nuestras cabezas. Allí consultamos con el encargado del refugio, Javier Malo, el estado del camino que debíamos recorrer y muy amablemente nos indicó que se encontraba bien señalizado con jitos y marcas de pintura hasta Aliseda y que de allí en adelante, todo consistía en seguir el camino que nos llevaría a Ario. Le preguntamos si había muchas dificultades para hacer la ruta en condiciones de niebla y nos dijo que él la había hecho y algunos más. Que en principio no era muy difícil, siempre que se siguiesen las marcas y no se saliese del camino.

Con estas explicaciones decidimos continuar en nuestro intento y salimos por detrás del refugio y a los pocos metros, abandonamos el camino que sigue para el Jou Santu, cogiendo a la izquierda un sendero que comienza a subir pasando por una zona de piedras y tierras rojizas. Pronto comenzamos a ver los primeros jitos y al principio diseminadas marcas de pintura. Caminamos por terreno de hierba y piedras, que prácticamente era lo único que veíamos. Todos atentos a la sucesión de los jitos y a comprobar que estos se encontraban acompañados de las correspondientes marcas color rosa. Cuando entre dos jitos la distancia se hacia un poco larga para la visibilidad que teníamos, todos colaboraban para hacer nuevos jitos que permitiesen la continuidad. Por otro lado, el tener bien metidos los tracs de la ruta en el GPS, nos permitía estar aún más seguros que el camino que seguíamos era el adecuado, ya que se correspondía con la dirección que marcaba el GPS.

La hierba desapareció y la piedra, la caliza, se hizo dueña y señora del espacio. Era un continuo sube y baja por la piedra sin más referencias que los jitos y las “rositas”, las marcas de pintura que nos alegraban la vista a cada paso. Alcanzamos el collado que se forma entre el Cantulimpó y la Altiquera, donde hay un palo de colores, al que había hecho referencia Javier. Allí, siguiendo sus indicaciones, tomamos el rumbo que nos debería llevar a Llampa Buena y cargamos el trac correspondiente en el GPS. Buscamos y encontramos los jitos y las marcas de esa dirección y continuamos ruta. Pero no se donde estuvo el error, ya que según caminábamos, sin haber perdido ni las marcas ni los jitos, cada vez nos encontrábamos más lejos del punto que nos indicaba el GPS. Ante la duda, optamos por buscar el siguiente punto de referencia del GPS, el Conjurtao. Después de una buena caminata por la roca, pasando llambrias y pedreros, alcanzamos un canalón en su tramo medio, que identificamos como el Canalón de los Desvíos y lo cruzamos para buscar el Canalón del Conjurtao, que era en realidad por donde debíamos ir. Ante estas circunstancias, pensamos que en vez de ir por Llampa Buena, lo hicimos por Llampa Mala y por eso nos encontramos en los Desvíos. Como la cosa no tenía pérdida, bajamos a buscar el otro canalón, por el que alcanzamos el collado del Conjurtao y desde aquí iniciamos el descenso a las Vegas de Aliseda ya por terreno más despejado y abierto, volviendo a pisar hierba.

En las Vegas de Aliseda las marcas de pintura desaparecieron y los jitos aumentaron de número. No en vano se trata de una zona de la que parten muchas ascensiones a los picos cercanos y que hoy nosotros no veíamos a pesar de la proximidad a la que nos encontrábamos. Aquí se hizo imprescindible el GPS y la gran labor de los “buscadores de jitos” que llevábamos delante. Los jous se multiplican y las fuerzas ya se encuentran mermadas. Además el agua cae ya con mayor insistencia y son muchas las patadas que llevábamos dadas. Pronto empezamos a ver algunos puntos conocidos y al fin encontramos la pista que desde los Lagos sube al Collado del Jito. La alegría se desborda y los ánimos se recuperan para dar los últimos pasos que nos sitúan en el tan ansiado refugio de Vega de Ario.

Tras cambiar las prendas que se encontraban más mojadas, dimos cuenta de algunas de las viandas que pesadamente portábamos y nos dispusimos a pasar el resto del día lo mejor posible, teniendo en cuenta que era tontería salir del refugio, ya que el tiempo no mejoraba. Entre los juegos de cartas y las tertulias se llegó a la hora de la cena. Una muy buena cena que nos proporcionó el guarda Pedro García, a base de ensalada de arroz y carne guisada, ambas muy bien preparadas y sabrosas. Tras el postre aparecieron algunas botellas de licores caseros que los más osados se atrevieron a llevar a pesar del exceso de peso y continuamos la tertulia hasta cerca delas doce de la noche que nos dirigimos al dormitorio para un reparador descanso. Entre tanto el cielo se cubrió de estrellas que nos hacían presagiar una importante mejora en el tiempo para el día siguiente.

Y así fue. Despertamos cerca de las seis de la mañana y tras un vistazo por la ventana, comprobando que el cielo estaba azul, nos vestimos apresuradamente y cámara en ristre, nos dirigimos fuera del refugio para poder hacer las fotos que ayer se nos negaron.

El Central apareció recortado en un cielo que comenzada a llenarse de luces. Las aún negras siluetas de Torrecerredo y Cabrones comenzaron poco a poco a iluminarse, tomando unos preciosos tonos rojizos. Entre tanto, a la derecha, las cumbres a cuyos pies pasamos el día anterior sin darnos cuenta de que allí se encontraban, aparecían brillantes y también pintadas de colores rojizos que les prestaba el incipiente sol que comenzaba a salir por detrás de Cabeza Llambria. Hicimos un montón de fotografías, tratando de captar las variaciones de color y luz que se iban produciendo a cada instante. Cuando ya las luces del sol se encontraban por encima de nuestras cabezas, volvimos al refugio para dar cuenta del desayuno que entre tanto, Pedro nos había preparado. Con los estómagos llenos y una vez hubimos saldado nuestras deudas con el guarda, nos despedimos de él tras indicarnos por donde debíamos hacer la ruta que habíamos decidido emprender para llegar a Poncebos.

Emprendimos la marcha con dirección norte dejando atrás el refugio y tras subir a las inmediaciones del Cabeza Julagua, iniciamos el descenso hacia el noroeste, en dirección de la majada de Moandi a la que llegamos sin mayores dificultades. Tras atravesarla, salimos de la hondonada en la que se encuentran las pocas y destartaladas cabañas que quedan en pié, por el Collado les Cuerries desde donde enseguida dimos vista a la ancha extensión de la Vega Maór, que allá en el fondo nos estaba esperando. Tras un técnico descenso por una estrecha canal, alcanzamos las praderas de la hermosa vega en la que además de las vacas, un par de perros y su amo el pastor, nos dieron la bienvenida.

Un pequeño descanso y unas palabras con el pastor para continuar viaje con dirección sureste ya por un marcado y señalizado camino (Ruta de las Peregrinaciones), que con estupendas vistas del Central, nos llevó a la bonita majada de Ostón. En este punto, es obligado subir al cuerno que se forma sobre el Cares, la Peña de Ostón, una pequeña elevación de 1060 metros que nos ofrece unas estupendas vistas tanto de la majada como de sus aledaños, amén de las que se precipitan en el vacío en busca del cauce del río Cares. También pudimos contemplar los múltiples zigzag que se forman en la canal de Culiembro para descender a la Garganta del Cares y por la que nuestros compañeros de ruta, los más rápidos, van bajando procurando no resbalar en el pedregoso terreno.

Tras las contemplaciones decidimos seguir y saliendo por el sur de la majada por un marcado sendero, alcanzamos el inicio de la canal por la que discurre el zigzagueante camino. Muchas curvas más abajo y muchas piedras pisadas, mientras contemplamos las agrestes canales del Central, Piedra Bellida, Canal de Ría, Canal del Agua y la meseta arbórea de Amuesa, llegamos a la majada de Culiembro que nos da paso a la concurrida senda de la Garganta Divina, hoy para nosotros un poco menos divina, ya que tenemos varios kilómetros en nuestras piernas y aún nos restan unos cuantos para terminar.

Hacemos como podemos el resto de la pista, alcanzando los temidos Collaos, para descender ya muy cansados a la carretera, repleta de coches aparcados, de Poncebos, donde damos punto y final a esta ruta de dos días por el Cornión, con la agradable sorpresa de la victoria de Fernando Alonso, en el Gran Premio de Europa de Fórmula 1, en Nürburgring.

Para finalizar, quiero pasar al capítulo de agradecimientos y empiezo dando las gracias en mi nombre y en el del Grupo de Montaña que represento, a Silvio, Angel, Gripi, Lia, Manolo, Isa, Flor, Alfredo, Luis, Jorge, Gonzalo, Adolfo, Carrete, Jorge Pablo y Lito, por su empeño en realizar esta ruta pese a todas las dificultades y por su encomiable labor a la hora de buscar el camino que nos debía conducir al refugio.

También quiero agradecer a Pedro García, guarda del refugio de Ario, sus buenos servicios y el buen trato que nos dispensó en todo momento.

Por último, vaya el agradecimiento, que ya les hice llegar telefónicamente, de todos los que participamos en esta ruta, a Javier Malo y su compañera, guardas del Refugio de Vegarredonda, por su inestimable información sobre el recorrido.

Muchas gracias a todos.

Para el próximo sábado nos dirigimos a tierras leonesas para realizar una travesía entre Tonín y Santibañez de Murias, pasando por el Esturbin y los picos de la Liebre. La ruta es:

Tonín (1.270 m) - Pico Esturbin (2.123 m) - Peña Cuaña (2.028 m) - El Cotón (1.961 m) - Picos de la Liebre (1.887, 1.873 , 1854 m) - La Quemaona (1.841 m) - La Cimera - Las Mestas - Mina La Carmina (900 m) - Puente el Beyu (730 m) - Santibañez de Murias (715 m)

La ruta es interesante y muy gratificante y no excesivamente dura. Espero vuestras llamadas y procurad no dejarlas para última hora, o podéis quedaros sin plaza.

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