Fue la más dura de las realizadas hasta ahora y creo que será la de mayor dureza de todo el recorrido y encima, la endurecimos un poco más con la ascensión al Niañu. Pero mereció la pena.
Una vez más, y ya todo el grupo se lo agradece a la Santina, el tiempo nos acompañó y aunque no hubo sol, las vistas de las que pudimos disfrutar, fueron maravillosas.
La ruta comienza en Espinareu, por la carreterita que sube a Porciles y bien digo, sube, pues casi nada más empezar la ruta, se nos pide esfuerzo continuado y en muchos tramos extraordinario. Las rampas se suceden una tras otra y en poco recorrido alcanzamos la altitud de los 840 metros de la Collada Espines. Pero nos olvidamos pronto de lo penoso del camino. En Espines, asomándose entre las lomas, aparece deslumbrante todo el nevado macizo del Cornión. Más lejano y en esta apariencia menos importante, también vemos los picos más descollantes de los Urrieles.
Desde Espines al Niañu, a pesar de los repechos que debemos afrontar para alcanzar los 1.075 metros de la cumbre, solamente pensamos en lo que nos depararán las vistas. Y no decepcionan. Por el este todo el blanco manto que se extiende sobre los Picos de Europa y que baña las conocidas cumbres del Precornión. Al sur, la sierra del Vízcares también pintada de blanco, y un poco más al oeste las cumbres de San Isidro con el Torres como insignia y más allá el también blanco macizo de las Ubiñas. Por el norte, al que casi ni miramos, todo el resto del recorrido que nos falta para completar la jornada.
Buena temperatura y magníficas vistas nos quitan las ganas de bajar. Pero por lo visto desde la cumbre, falta mucho para concluir la ruta y no queda más remedio que descender de esta impresionante atalaya. No por ello vamos a dejar de ver Picos, que nos acompañarán durante grano trecho del camino. Descenso a Tebrandi y ascenso seguido a la Cárcaba del mismo nombre para continuar con un nuevo descenso a la Majada el Corralín. Desde este punto las marcas del sendero son más difíciles de seguir ya que los caminos se entrecruzan y ni son abundantes las marcas, ni las que hay son muy visibles.
En un momento determinado el grupo se fracturó en dos. Mientras que los primeros seguían un corto espacio de tiempo más por el sendero marcado, el grupo más retrasado cambió el rumbo y ya no vio más señalizaciones hasta La Matosa. Pero tampoco los primeros lograron seguir el verdadero camino pues también perdieron las marcas y hubieron de atravesar el Río Color por un precario puente de dos troncos unidos, que alguno atravesó en plan penitente. En ese aspecto más suerte tuvieron los lentos que dieron con un amplio puente de madera recién construido, o al menos recién reparado. De todos modos unos y otros alcanzaron el destino sin contratiempos y después de siete horas y veinte minutos de camino.
Algo cansados pero felices y unánimes al calificar la ruta como preciosa.
Ya desde el final de nuestra ruta del sábado veíamos el inicio de la que nos espera el próximo día. Ruta por otro lado conocida por el grupo, ya que la realizamos el pasado año aunque sin ver absolutamente nada, pues la niebla nos acompañó durante todo el recorrido por la Sierra de la Frecha. Esperamos tener mejor suerte en esta ocasión. El próximo recorrido, para la penúltima etapa, es:
La Vega (200 m) – Villarcazo (350 m) – Vallinas (500 m) – Collado La Llama (531 m) – Fresnidiello (540 m) – Pico Pindalón (674 m) – Pico Bodes (695 m) – Pico Masalto (701 m) – Cuesta de Bodes – Llames de Parres (140 m) – Santa María de Viabaño (50 m) – Camino de la Reina – Romillín (120 m) – Vega Los Caseros (65 m) – Puente Romano de Cangas de Onís (65 m)
La ruta tiene una extensión de 17 kilómetros con un desnivel máximo de 481 metros de ascensión y 636 de descenso y se considera un tiempo entre 6 y 7 horas para su realización. Es la segunda etapa más larga pero en contrapartida tiene que los desniveles no son grandes. Ya queda poco para terminar este bonito recorrido y seguiremos confiando en la Santina para que el tiempo acompañe.
Espero vuestras llamadas para realizar esta ruta.
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