Haciendo nuestras las palabras de Felipe II, diremos como él, que “no salimos a luchar contra los elementos”. Nos vasta con luchar contra nosotros mismos y nuestra fragilidad.
El sábado, la climatología fue un hándicap imposible de superar. Por mas que nos esforzamos, no pudimos dar con el camino correcto, aún a sabiendas de que estábamos muy cerca. La visibilidad era casi nula debido a la niebla y el terreno no ayudaba para nada. Múltiples caminos y senderos serpenteaban por doquier, haciendo aún más difícil nuestro cometido.
El inicio dela ruta se presentaba bien. Una buena pista nos condujo sin problemas hasta el comienzo del sendero que iba subiendo por la ladera en busca del sedo de la Foz del Burdio. Precioso camino por una alargada foz con importantes caídas. Lastima que la visibilidad no era buena para poder contemplar el agreste paisaje que se abría a nuestros pies. Pasamos sin mayores problemas toda la foz y accedimos sin ver hasta el inicio del reguero, entre praderas y ruinosas cabañas. Algunas vacas pastaban entre la niebla y sus cencerros nos servían de orientación. Buscábamos la continuidad del camino que debía rodear el Pico Corona, al que ya habíamos desistido subir.
Varias veces creímos estar en el buen camino. El GPS nos indicaba que la dirección era correcta. Pero al final el sendero terminaba de forma radical o bien se revolvía en la misma dirección que traíamos. El fino orvallu, el cansancio y la impotencia fueron haciendo mella en nuestra voluntad y aparecían las primeras voces críticas, aún casi imperceptibles. Un nuevo intento a la desesperada por un camino armado y que parecía importante, nos condujo a una antigua instalación minera de la cual teníamos referencias. Pero nuestro gozo se vio truncado: un inmenso precipicio bajaba hasta las inmediaciones de Inguanzo que se extendía a nuestros pies. Tímidos intentos desesperados por encontrar un paso practicable y al final, vuelta atrás por el mismo camino.
El silencio se apoderó del grupo. Solo algunas reticencias de los mas osados (¿). El resto cabizbajo caminaba bajo la persistente llovizna, empapados ya por completo y con un halo de derrota y fracaso en el interior.
-¿Fracaso?
-Si. Fracaso, derrota, impotencia... Llámalo como quieras.
-El fracaso en la montaña es otra cosa.
-Nuestro cometido era llegar a Arenas.
-Y volvisteis a Inguanzo sin percances.
-Si.
-Pues eso es una forma de victoria. El fracaso en la montaña no tiene remedio y vosotros tenéis la oportunidad de intentarlo otra vez.
-Si pero no dimos con el camino.
-Disteis con el de vuelta y supisteis coger la buena opción, la de regresar al punto de partida. Una decisión sabia y la única posible en las condiciones que había. Lo intentasteis y eso os honra. Tal como se presentaba la climatología lo suyo hubiera sido no intentar ni tan siquiera el paso de la foz. Era un terreno desconocido y la niebla podía haberlo complicado. Luego intentasteis buscar el camino de Arenas y no disteis con él. Hicisteis lo más adecuado: volver por el mismo camino al punto de partida que era lo que conocíais.
-Pero no estamos acostumbrados a abandonar una ruta.
-Pues debéis empezar a hacerlo. No siempre es posible hacer lo que queremos y lo importante es saber tomar la decisión oportuna y el sábado esa decisión pasaba por abandonar para poder intentarlo en otras condiciones más propicias. Eso es una forma de victoria.
Pero el regusto amargo no nos lo quita nadie. Bueno, tampoco es eso. Una vez cambiados de ropa y aseados. Con menos agobio y algo más relajados y con el estomago lleno y tras saborear un buen café caliente y un chupito de confortante licor, las cosas se ven de otra forma y hasta tratas de ver el camino desde la lejanía y convenciéndote de que estuvimos muy cerca de él pero esta vez no pudo ser. Hay que volver. La ruta se lo merece y nuestro orgullo pide otra oportunidad para resarcirse. Jorge, tienes que volver a ponerla para la próxima temporada.
Pero en esta, las cosas continúan. Para el próximo sábado tenemos una ruta por tierras de Allande y Cangas de Narcea que promete ser interesante. A continuación os pongo el itinerario:
Pozo de la Mujeres Muertas (1.098 m) – Pico Roguera Fermosa (1.258 m) – Pico Piqueiro (1.363 m) - Pico Pedrairas (1.386m) - Pico Peñas Altas (1.446m) - Pico Tunún o Cervero (1475m) - Molino de Salce (560m) - Vega de Hórreo (76 m)
Nos espera una buena caminata siempre por la cresta de las sierras de Valledor y Cerveriz, con pocas zonas habitables. Pasaremos ya en el descenso, por las brañas de la Folgueirosa y la Pasada, antes de desembocar en la carretera a la altura del Molino de Salce. Para terminar, dos kilómetros de carretera si nadie lo remedia. Esperemos que el tiempo acompañe y podamos completar la ruta. Recuerda, si estas interesado en hacer esta ruta, llama antes del jueves, a los teléfonos de contacto que figuran en la página principal de este blog.
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