Pocas veces una cumbre te da las sensaciones que da el Canillín. Tras una larga ascensión por una pista de tierra y hormigón, con un sinfín de vueltas y revueltas, 50 curvas, la llegada al Collado Ordes produce una sensación de relajo y tranquilidad inigualable. Una amplia campera en descenso, como no podía ser de otra manera, se abre a las tierras ponguetas, permitiéndonos contemplar desde el Valdepino hasta el Carria, un innumerable grupo de montañas y tierras.
Recuperados del esfuerzo realizado en la pista, nos recibe un viejo bosque de hayas tapizado de las hojas caídas en el otoño anterior y festoneado por las verdes hojas de la escila con su penacho azul columpiándose en el extremo del recto tallo. Las ramas y árboles caídos junto con las peñas del suelo, forman un laberinto que parece preservar el acercamiento de intrusos al Canillín. Cuando por fin se gana la ansiada collada entre Los Cuebros o Cuchillones y nuestra cumbre, se abre el espectáculo del Cornión con sus picos cubiertos de nieve.
Una estrecha cresta fácil de caminar y llegamos al final del trayecto. Nunca mejor dicho, pues el continuar es para las aves. Un abismo de cerca de 1000 metros se abre ante nuestros atónitos ojos. Abajo, como pequeños puntos, los rojos tejados de Cenella por donde unas horas antes habíamos pasado y la cinta gris de la carretera de Los Beyos serpenteante al lado del río.
A nuestra izquierda, las paredes del Carria con San Ignacio de Los Beyos a sus pies. Y un poco más allá, la copa del Tiatordos, y el Maciedome, y el Recuencu, y Coyau Zorro, y Ten y Pileñes y el Subes y Ñorín y el Niajo y Valdepino y el Cantu Cabronero y el Cornión al completo y Priniello...... Y abajo Amieva cerrando el círculo de las vistas de esta casi insignificante cumbre de escasos 1100 metros.
Realmente no sabes para donde mirar pero tampoco necesitas esforzarte. La sensación de estar en una isla es casi total. Todo en rededor es vacío salvo la estrecha cresta que nos une al resto del mundo.
La felicidad no es eterna y no queda más remedio que despertar del sueño y continuar camino. Pero una nueva sorpresa nos espera. El camino de descenso, La Cruz del Picu, es un insospechado sedo que desciende la vertical que nos separa de la carretera, serpenteando por la ladera de este abrupto paraje. Abajo vemos a nuestros pies, pero a una distancia de 800 metros, el tejado de la cabaña de la majada de Redonda, donde deberemos cruzar el río para llegar a la carretera de los Beyos.
Magnífico el pico y magnífica la ruta. Podéis tacharme de exagerado pero para mí este concejo, Ponga, junto a su hermano Amieva, es lo más sorprendente de toda la montaña astur. Sus cumbres de no mucha altura, son miradores magníficos de nuestra tierra y los accesos a ellas están supeditados al enorme desnivel que es necesario vencer para alcanzar aquellas, lo que supone una sorpresa continua la imaginación que nuestros antepasados tuvieron que poner en práctica para conseguir pasos para personas y ganados.
Pero ya está bien de hablar del pasado. Hay que pensar mejor en el futuro, y el nuestro como grupo de montaña se llama Ruta por la Costa Occidental. Lo que es lo mismo, la ruta que se propone para el próximo sábado que no es otra que la que a continuación describo:
Viavelez (50 m) – San Pelayo (50 m) – Valdepares (50 m) – Cabo Blanco – Porcia (40 m) – Laguna Salave – Cabo Cebes – Tapia de Casariego (40 m)
Ruta propicia para andarines a los que no les gustan los desniveles. Si el tiempo acompaña es una ruta bonita y de no mucho esfuerzo estupenda para conocer una parte de nuestra costa. Animo y a caminar todos.
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