jueves, marzo 11, 2010

AL HIBEO DESDE VILLAR Y POR LA CRESTA

Con ánimos de revancha preparamos esta ruta. Digo revancha, porque hace algunos años la intentamos en vano. Bueno, el grupo subió sin saber muy bien a donde y bajó por donde pudo. La niebla, el peor enemigo del montañero, se apoderó de la zona, cosa nada extraña, y les privó del magnífico espectáculo de Picos que esta cumbre y su acercamiento proporcionan.

Con el tiempo raro pero las nubes altas, el autocar nos deja en el aparcamiento anterior a Benia de Onis. Allí comenzamos a caminar atravesando el área de descanso y el arroyo, para continuar por un camino a la izquierda que nos lleva a las últimas casas de Villar. Salimos por la carretera que une Villar con Silviella y en pocos minutos nos encontramos en este bonito pueblo.

Salimos de Silviella siguiendo la carretera y al poco la abandonamos para continuar por una buena pista que sale a la derecha. Más a la derecha nuestra se encuentra el arroyo Magotán que tiene su nacimiento a los pies del Pico Hibeo, con lo que la dirección de la ruta está clara. De todos modos, y para no variar, nosotros realizaremos una ruta distinta a la que teníamos previsto, como veremos.

La pista asciende poco a poco entre prados y cabañas y debemos estar atentos, pues en un momento determinado debemos abandonarla. Precisamente cuando llegamos a un rústico puente cerca de una cabaña y antes de que la pista de in giro de 90 grados a la izquierda.

Nosotros al menos, allí la abandonamos para cruzar el arroyo por el puentecito de troncos. Aquí es donde cometimos el error y en vez de buscar un sendero a orillas del arroyo, cogimos el más evidente que sale de frente, bordeando por la derecha la loma que tenemos delante. El camino es evidente al principio, pero al llegar a una riega se pierde. Optamos por ascender un poco campo a través introduciéndonos en le monte y tratando de seguir una especie de sendero que se pierde de vez en cuando.

Caminamos por un bosque en el que muchos de sus árboles se encuentran caídos pero no nos dificultan demasiado el paso. Caminamos entre viejos castaños y jóvenes robles. El terreno está lleno de hojas y ya antes de salir del bosque, al echar la mirada atrás, vemos la inconfundible silueta de la Torre de Santa Maria y poco a poco, el resto del Cornión, completamente lleno de blanca nieve.

Poco después alcanzamos la parte lata del bosquecillo y salimos a campo abierto. Las miradas se van todas al sur, a nuestras espaldas. El Cornión acapara todas las vistas y las fotos. Alcanzamos una buena pista y continuamos por ella hasta su desaparición algo más arriba y tras varias revueltas. Volvemos a pisar los prados y seguimos la cresta que tenemos delante. Sabemos que pronto podremos ver la silueta del Hibeo. Los senderos se suceden y los seguimos. A nuestra izquierda vemos el valle por el que deberíamos haber subido. Ahora estamos ya muy altos y aunque sabemos que deberemos descender algo, mantenemos la altitud.

Uno a uno vamos superando los distintos escollos que se nos presentan y seguimos un buen sendero entre los brezos. Detrás de nosotros comienza a parecer el Urriello. Las nubes lo cubren por momentos, pero está allí. Por fin, tras la penúltima loma, vemos la inconfundible silueta del Hibeo con sus dos cumbres. Ya estamos más cerca.

Lo que nos imaginábamos se cumple. Tenemos que hacer un descenso hacia los Collaos, unas praderas que nos separan del Hibeo. Descendemos tratando de perder la menor altura posible y al contrario que el resto del grupo, lo hacemos un poco a la izquierda para subir luego por la ladea opuesta, también a la izquierda de la franja herbosa que nos separa del Hibeo. El terreno es escabroso pero vamos siguiendo las huelas de las cabras y conseguimos contactar con esa franja herbosa. Ya solo nos resta seguir subiendo hasta alcanzar la cumbre coronada por el vértice geodésico. Estamos en el Hibeo.

Las vistas son estupendas a pesar de la nubosidad que ha
y sobre Picos. Es una lástima no tener un buen cielo azul como fondo, pero es lo que hay. Las cámaras no dejan de disparar tratando de inmortalizar el paisaje. Sabemos que habrá que procesar mucho las fotos pero algo podremos conseguir. Por el sur casi podemos ver los tres macizos de Picos. Algunas cumbres son bien reconocibles; otras se esconde por momentos tras las nubes, pero las importantes están allí: Castil, Urriellu, la Párdida, Cabrones, empastado con el Torrecerredo. Ya en el Occidental, Jultayu, Cuvicente, Verdelluenga, la Robliza, Torres de los Cabrones, Torre de los Traviesos, Torre de la Canal Parda, A peña Santa la intuimos, pues está cubierta por las nubes. Lo que si que vemos es la Aguja de Enol, la Torre de Santa María, Las Cebolleras, el Requesón, la Torre de los Tres Poyones, la Canal Vaquera y el Cotalva.

Tras desgastar por un buen rato las vistas del paisaje sur, echamos una corta mirada al norte, con el Benzua muy cercano y el Sueve y Mofrechu algo más alejados por el oeste, mientras que al este vemos la mole de la Peña Blanca dando inicio al Cuera. Abajo en el valle de Ardisana, la diminuta casa de Riocaliente y más al norte, el mar.

Fotos y más fotos y la hora de partir. Comenzamos el descenso caminando hasta la otra cumbre de nuestra montaña del día y siguiendo la cresta, descendemos a la Casa del Cura, una bonita pradera con una cabaña casi derruida desde la que enmarcamos una vez más la Torre de santa María.

Luego tomamos rumbo noreste, siguiendo un buen sendero, dando vista al Pico La Peña y su collado. El camino circula por una zona de grandes desniveles pero de buen caminar. El camino está bien marcado y no es fácil perderlo. Es un descenso largo hasta alcanzar el Collado de Salgar, a los pies de La Peña, a la que ascendemos un reducido grupo. El descenso lo hacemos sin volver al collado por el que bajó el resto del grupo. Caminos del ganado nos facilitan el tránsito entre las cotoyas y nos permiten descender a las cabañas que vemos más abajo y desde las que alcanzamos la pista por la que ya pasaron nuestros compañeros.

La pista nos lleva a las primeras casas de Malatería y allí cogemos la carretera de Puente nuevo, que es de las dos que vemos la de la izquierda que comienza subiendo, para bajar en poco más de un kilómetro, a Puente Nuevo, donde nos espera el autobús. Una bonita ruta con buenas vistas, que realizamos en unas cinco horas con paradas.

Para el sábado día 13, tenemos ruta entre Quirós y Teverga. Nos vamos a Arrojo, en Quirós, para iniciar la subida a Sobia, con el fin de ascender al Barzanalgas y a la Peña Sobia. El descenso lo haremos a San martín de Teverga. La ruta que queremos realizar es:

Arrojo (350 m) – Vega (400 m) – Villagondú (490) - Fresnedo (590 m) – Prado de la Braña (900 m) – Collado Bustramundi (1.102 m) – Braña La Espina (1.300 m) – Collado Seragallos (1.395 m) – Pico Barzanalgas (1.459 m) – Peña Sobia (1.425 m) – Vega de Adentro – Laguna de Sobia (1.355 m) – Les Envueltes – Sobrerilla (680 m) – Monteciello (540 m) – Las Vegas (453 m) – San Martín (446 m)

Como aliciente especial de esta ruta, tenemos las Jornadas Gastronómicas de Primavera en Teverga, con lo que el esfuerzo realizado en la montaña, podremos recuperarlo con creces a base de fabes con jabalí y caldereta de cabritu. Los que quieran hacer esta ruta, ya saben que tienen que llamar por teléfono, pero al que a continuación les pongo: 985220027. Que lo paséis muy bien.

miércoles, marzo 03, 2010

EL DÍA QUE NOS VISITÓ XYNTHIA, LA CICLOGÉNESIS EXPLOSIVA

LOS MOLINOS DEL PROFUNDU

La propaganda de los últimos días no podía ser más alarmante en lo concerniente al temporal que se avecinaba. Una “tormenta perfecta” corría rauda desde le Atlántico, en dirección a nuestra tierra y los presagios no podían ser más desalentadores: vientos de mas de 160 kilómetros por hora que afectarían a España desde el viernes por la noche hasta el domingo por la mañana y más concretamente, en el norte, lo haría desde el mediodía del sábado hasta la mañana del domingo.

Puestas así las cosas, casi me vence la duda: Con la “ciclogénesis explosiva” en ciernes y la amenaza del Principado de cobrar a los montañeros imprudentes (solo a los montañeros) las tasas del helicóptero, eso si, sin ánimo recaudatorio, no me quedaba más remedio que plantearme si salíamos de ruta este sábado o no lo hacíamos.

Al final, y tras las últimas noticias sobre el ciclón que ponían su llegada a las 9 de la noche, decidí que no había motivos para temer nada, máxime cuando la ruta programada no alcanzaba cotas de importancia (la mayor altura estaba fijada en los 319 metros del final en Buslad). Así las cosas, no creo que nos puedan tachar de temerarios por realizar la ruta de los Molinos del Profundu, por tierras entre Villaviciosa y Cabranes.

Sin viento pero con fina lluvia, iniciamos esta ruta por el PR AS-137, en el pueblo maliayes de Valvucar, sito en la carretera As-255 de Villaviciosa a Infiesto atravesando el concejo de Cabranes. La senda comienza al lado de la curiosa puerta de entrada a la Finca de la Vega, donde también hay un cartel anunciador de la ruta. Allí mismo, bajo el puente por le que pasa la carretera, podemos contemplar los restos del primer molino, Molín de Peña, del que solo queda su arco.

Caminamos junto al cierre de la finca para llegar enseguida a la Casa de La Vega, donde los perros que la guarda nos dan un sonoro recibimiento. Por la izquierda llega el camino que baja de Vitienes y que ya hicimos el año pasado en la ruta de Peña cabrera, ya que en este punto se unen dicha ruta, junto con el Camino de Gijón a Covadonga y la ruta de los molinos. Veremos por tanto varias indicaciones, aunque las nuestras siempre serán las verticales en las que veremos escritas y señalizadas la dirección desde la que partimos, Valvucar y la de destino, Buslad.

El primer molino con el que nos encontramos es el de Griselda, que nos queda un poco apartado del camino, a la derecha y al otro lado del río. El camino es ancho pero notaremos que en muchas ocasiones es una parte del propio río que se desborda. En esta ocasión el agua estaba desplazada por le barro que fue muy abundante. Caminamos entre árboles que por momentos se convierten en una verdadera selva si no fuese por el sendero que se encuentra bastante limpio en casi todo su recorrido.

El musgo debido a la humedad, lo cubre todo: piedras árboles y maderas. El paisaje es verde y el murmullo del agua nos acompaña constantemente. El siguiente molino está más alejado y primero, al alcanzar el asfalto, pasamos por Villaverde y contemplamos la hermosa edificación de la Quinta de Villaverde. Luego, un poco más allá nos anuncia el Molín de Villaverde, pero no lo vemos. Hay que desplazarse cruzando el río por la pasarela de hormigón y seguir el sendero por el otro margen del río hasta dar con el molino. Luego debemos volver por el mismo camino. Para regresar al asfalto por un espacio de tiempo, hasta encontrar el siguiente indicador que nos desvía a la derecha para retornar al camino, los árboles y el barro.

El Molín del Profundo que dicen las guías, no lo vimos. Hay una corta subida y una posterior bajada protegida con barandilla de madera. El siguiente molino fue el de Trabanco, que también se encuentra en la otra orilla, completamente rodeado de vegetación y en estado ruinoso. Muy cerca se encuentra el Molín del Pitu que tiene un puente sobre el río para poder acceder a él. Su estado es también ruinoso, como la mayoría, pero en esta ocasión podemos ver la rueda motriz. Junto a este molino parte un sendero por el que se accede a una empinada pista que nos llevaría a la parroquia de Lugás, donde se puede visitar la bonita iglesia románica de Santa María de Lugás.
El camino comienza a cerrarse un poco al tiempo que la naturaleza se hace más salvaje. En el río podemos ver algunas bonitas cascadas y tras algunos sube y baja llegamos al Molín de José Xicu, en el que podemos ver la entrada del agua que lo hacía por la parte de arriba. Muy cerca se encuentra el Molín de Perea, también con pasarela de madera sobre el río.

El camino se adentra en los verdes prados donde suele pastar el ganado y el paisaje se abre permitiéndonos ver el cielo, que aún está cubierto. Volvemos al sendero y aparece el Molín de Perniles del que casi solo queda el arco de salida del agua y algunas piedras cubiertas de maleza. En muy poco alcanzamos el Molín d’Arriba con la rueda motriz en perfectas condiciones.

Debemos cruzar el río por dos veces. La primera por una pasarela de hormigón y la segunda, volviendo al mismo margen, por un viejo puente de piedra. Frente a nosotros podemos ver en la lejanía y más elevados, las casa del pueblo de Madrera. Pisando primaveras, las primeras flores del año, llegamos al Molín de Pascual, con el arco de salida lleno de agua. Del Molín de Lalón solo queda el cartel indicador y un montón de piedras cubiertas de maleza.

Con un descenso con barandilla de madera, llegamos a los restos del Molín de La Ullina, en el que podemos ver la muela y el canal de llegada del agua, también por la parte de arriba, por el que continúa el camino, por el que llegamos a uno de los parajes más bonitos de toda la ruta, el Molín de la Peña y su cascada.

Este molino se encuentra en buen estado y es uno de los dos que se rehabilitaron. Se puede ver además de la rueda motriz, todo el molino en el interior. El alimentador del grano que cae en la monxeca, hecha de madera y con forma de tronco de cono invertido, del que va cayendo poco a poco en las muelas a través de un canal de madera, denominado cuerno en Cabranes. Una vez molido, la fariña cae suavemente en un recipiente de madera, el branzal (en este caso, toda la parte baja del molino es de cemento, incluido el branzal). Todas estas partes y algunas más, las podemos ver en este molino. El entorno ya dije que es precioso: el molino de planta cuadrada se encuentra a la derecha de una bonita cascada natural, de no mucha altura, pero si ancha, por la que caen varios regueros de agua. El agua se embalsa un poco debajo de la cascada y un puente de madera con barandilla, da acceso al molino.

Disfrutamos un buen rato de este entorno, que aprovechamos para hacernos algunas fotos de recuerdo. Luego continuamos camino, subiendo a mano izquierda, pudiendo contemplar una vez más el molino y su entorno, esta vez desde las alturas.

Siguiendo el camino pasaremos junto a otros cuatro molinos en estado ruinoso. Son los molinos de Espron, Rea, Peruya y Rosicu, para poco después acceder al último molino, el otro Molín d’Arriba, también rehabilitado y por tanto en buenas condiciones. Veremos los mismos útiles que vimos en el de La peña, pero en esta ocasión son de madera y posiblemente más reales que los anteriores. El arco de salida del agua es curiosamente apuntado, como un arco gótico. Cerca del molino vemos un depósito de agua actual.

Según las guías, hay otros dos molinos siguiendo el curso del río, pero el camino está cerrado por la maleza, por lo que no nos queda más remedio que seguir ruta y cruzar el río sin puente, si la corriente es como en esta ocasión suave, no hay problema. Pero de lo contrario, habrá que mojarse si el nivel del río aumenta. A continuación cogemos una pista que tras un kilómetro de ascensión continuada, nos lleva a las primeras casas de Buslad, donde podemos contemplar un bonito hórreo y un buen conjunto de casas. El autocar nos está esperando y por tanto, ponemos punto y final a una bonita y entretenida ruta, de las de poco esfuerzo y que nos llevó unas tres horas y media de suave caminar.

Para el próximo sábado la cosa se empina un poco y nos vamos al Hibeo o Cabeza Juralisa, cumbre de 875 metros de altura, en tierras entre Onis y Llanes. Queremos realizar el siguiente itinerario:

Villar (250 m) - -Silviella (220 m) – Belluga (250 m) – Trexeros (320 m) – Los Collaos (743 m) – Pico Hibeo (872 m) – Vega de Hibeo (680 m) – Collado de Salgar (500 m) – Pico La Peña (543 m) – Malateria (170 m) – Puente Nuevo (70 m)

Como siempre, espero vuestras llamadas. Parece que el tiempo puede ser bueno y si es así, podremos contemplar unas estupendas vistas de Picos. La ruta es interesante y la contemplación de las altas cumbres de Picos y las más cercanas al mar, son aliciente suficiente para realizarla. Lo dicho, espero que el teléfono se derrita de tantas llamadas cono recibiré.

miércoles, febrero 24, 2010

MIRADOR DEL CORNION

Los Porros de Vizcalluenga son un grupo de medianas cumbres (900 m) que cierran el discurrir del Dobra por el norte, poco antes de rendir viaje en la unión al Sella y que ofrecen unas estupendas vistas de todo el Cornión y parte de la Cordillera.

Para realizar esta ruta elegimos como inicio el bonito pueblo de La Riera, en la carretera entre Cangas de Onís a Covadonga. Pasando al lado de la iglesia cogemos un buen camino, este día bien embarrado, que poco a poco va ascendiendo a la orilla del arroyo de Fuente Mujosa, en el que encontramos un bonito molino al poco de salir de La Riera.

El camino entre avellanos, nos acerca a La Caleya y más tarde a las paredes de la morra que vemos delante de nosotros. Se trata de La Porra, un peñasco que se interpone en nuestro camino y que bordeamos por su ladera este en la que encontramos un abrigo adosado a la pétrea pared. El sendero asciende por el otro lado de La Porra, ocupado por el fluir del agua que corre raudo en busca del arroyo que dejamos abajo. Pronto nos situamos en Portiella, una collada que nos da vista al valle que ocupa Cangas de Onís, que no vemos, pero si situamos al poder observar la Sierra que culmina en el Pico Arbolín.

Caminando paralelos al muro de cierre de los prados circundantes, alcanzamos una ancha pista de tierra cerca de unas buenas cabañas. La pista asciende con algunas revueltas y dando vista a Següenco, al que dejamos a la derecha. La pista continúa hasta una bifurcación en la que seguimos por la que sale a la izquierda y que nos lleva a las majadas de Payares, un lugar de pastos y cabañas diseminadas.

La pista sigue en constante y suave ascenso, hasta alcanzar un collado en el que se nos abre el campo de visión y podemos contemplar la majestuosa figura del Pierzu, cubierto de blanca nieve. A su lado el Tiatordos también blanco, así como el resto de cumbres que finalizan en La Llambria. Por el lado contrario el Carria cierra el encuadre. El día comienza a despejarse y el cielo azul hace de magnífico marco para resaltar la belleza del paisaje.

Aquí sale la pista que desciende a Los Payares y por la que se desciende más “cómodamente” a la Hoya de San Vicente. Nosotros proseguimos a la izquierda con rumbo a Pozabal, al que llegamos enseguida y reconocemos por el cartel que hay colocado en un árbol. Poco más adelante veremos una nueva bifurcación, esta por la derecha, que es por donde descenderemos más tarde a la Hoya. De momento seguimos de frente para alcanzar las cabañas de Niajuentes y frente a nosotros, uno de los Porros que componen este grupo de abigarradas montañas.

Abandonamos la pista que por la izquierda continúa camino de Vizcalluenga dejando antes el sendero que se dirige por la izquierda a Soperi y más tarde a Peñalba para terminar en Covadonga. Es el último tramo del GR-105 de Oviedo a Covadonga cuyas marcas blancas y rojas venimos siguiendo desde hace un buen rato. Nosotros seguimos de frente hacia la montaña. Pronto encontramos un sendero que asciende con algunas revueltas al collado de la izquierda de la primera cumbre. Una hermosa faya nos marca la dirección. Debemos pasar a su lado.

Ya para entonces, el sendero casi se pierde debido a la nieve. De todos modos siguiendo los mejores pasos vamos ganando altura hasta situarnos en el collado y siempre dejando a la derecha la primera cumbre de los porros, la rodeamos para buscar el paso a la que descubrimos detrás. Es el Porru Golosu, el de mayor altura de todos y el más cercano a la cicatriz que forma el Dobra.

Pronto aparece el Cornión en toda su extensión. Una gran masa de blanca nieve lo cubre. A su derecha el Cantu Cabroneru, Beza y el Valdepino, también blancos por la nieve. No podemos por menos de pararnos un buen rato a contemplar tan magnífico espectáculo de cumbres. Las cámaras fotográficas echan humo.

Tras el reportaje, continuamos camino y en poco tiempo alcanzamos la cumbre del Porru Golosu, un conjunto de afiladas piedras que forman mala plataforma para un grupo, con lo que no nos queda más remedio que distribuirnos como podemos. Las vistas son magníficas. Por el este el Cornión con la Torre de Santa María presidiendo, pues desde este mirador parece más alta que la Peña Santa. A su izquierda podemos contemplar Cabrones y el Torrecerredo y más a la izquierda el Urriellu y los Cuetos del Trave. Volviendo a la Torre de Santa María, por la derecha aparece la Peña Santa y más a la derecha aún, el Cantu Cabroneru, Beza, Valdepino y la Conia. Y entre ellos y nosotros, la negra cicatriz de la foz del Dobra. Siguiendo a la derecha, El Carria casi tapado por las cumbres de la Sierra de Amieva y Peña Ten, inconfundible por su grandeza. Luego el Pierzu, Tiatordos y la larga hilera de cumbres de la Llambria. Por el Oeste el Sueve y el mar y siguiendo el giro, la Sierra de Escapa y el Cuera para cerrar el círculo.

Tras un buen rato en la cumbre, haciendo vida contemplativa y después de hacer un sinfín de fotos, emprendemos el descenso siguiendo al huella que dejamos en la subida, hasta Niajuente y de aquí, al camino que habíamos visto anteriormente por el que comenzamos el descenso hacia la Hoya de San Vicente. Al principio se trata de una buena pista que desciende en revueltas, pero la dicha dura poco y la pista se convierte primero en sendero y poco más tarde en reguero. Si, reguero, pues por él hicimos un buen tramo del camino.

Los cierres de alambre de espino de las fincas adyacentes, nos impiden el paso a terreno algo mejor. Al final, no nos queda más remedio que cruzar las alambradas una y otra vez. No comprendemos el porqué de tantos cierres en un terreno tan abrupto casi ni apto para el ganado. El sendero lo encontramos y perdemos varias veces. Seguimos la ruta guiados por las marcas que tenemos del GPS, pues no hay un sendero específico. Sabemos que tenemos que descender a la riega que nos separa de la ladera que ocupa Los Payares que es la que nos va a llevar a la abandonada majada de San Vicente.

Saltando alambradas y pisando barros, llegamos al fin a las derruidas cabañas de San Vicente. Cruzamos el Arroyo la Vara y ya por un sendero más marcado, llegamos a la Casa de la Vara desde donde tenemos una buena imagen de la Hoya de San Vicente a vista de pájaro. Desde el borde del acantilado que nos separa del Dobra y desde donde vemos la Hoya, a la izquierda, sale un sendero jitado que da paso a un sedo que nos permite ir bajando cómodamente hasta un pequeño bosque por el que terminamos de bajar a la Hoya de San Vicente.

Se trata de un embalse que forma el río al salir de la foz que forma en su descenso. Un bonito lugar hoy vacío, que en verano se convierte en un lugar de encuentro de gran número de paseantes que lo utilizan de piscina natural. El lugar bien merece una visita y si no hay gente, mejor que mejor.

Tras un merecido descanso, continuamos ruta por el camino que a la orilla del transparente río Dobra, nos conduce a la carretera del Ponton, tras pasar junto al puente medieval denominado Puente Dobra por el que pasa el antiguo camino de Vis que da paso a la conocida Senda del Arcediano. La ruta finaliza como digo en la carretera al lado de un restaurante y muy cerca de Tornin.

El próximo sábado tenemos una ruta mucho menos dura por las inmediaciones de otro río, el Profundu. Nos vamos a tierras entre Villaviciosa y Cabranes para visitar los Molinos del Río Profundu. La ruta que queremos hacer es:

Valvucar (28 m) – Quinta la Vega (40 m) – Villaverde (50 m) – Molino del Pitu (100 m) – Molino de Peña (140 m) – Molino Nuevo (160 m) – Molino de Peruya (180 m) – Molino de Arriba (190 m) – Buslaz (319 m)

Ya podéis solicitar plaza para esta ruta. Como veis es sencilla y sin grandes desniveles con lo que es apta para todos los públicos. Si quieres acompañarnos llama lo antes posible, pues las plazas son limitadas debido a que tenemos asignado el autocar de 26 plazas y parece que no hay otro mayor. No dejes para mañana lo que puedas hacer hoy. Espero vuestras llamadas.

jueves, febrero 18, 2010

LAS FOCES DEL ESVA

La ruta de las Foces del Esva está compuesta por dos PR; el AS-1 y el AS-2. Entre los dos forman una interesante ruta de unas 5 o 6 horas de recorrido. Nosotros lo realizamos iniciando la ruta en San Pedro de Paredes, pueblo de Valdés, situado en la carretera AS-220 que desde Brieves se dirige a Naraval.

Junto a la iglesia del pueblo y tras atravesar un puente sobre el río Esva, tomamos una pista que asciende en fuerte pendiente. Hemos de señalar que la ruta está bien señalizada en todo su recorrido y no hay pérdida. Este primer tramo pertenece al PR AS-1. La pista sube entre árboles y cotoyas, mientras vemos las foces que forma el río y el pueblo del que partimos a nuestras espaldas. Realmente nosotros no vimos esas foces hasta mucho más tarde, ya que estaban cubiertas por la niebla.

La nieve caía y bajo los copos alcanzamos la braña de Adrado. Una braña de casas diseminadas en la que aún hay algunos, pocos, moradores todo el año. Se trata de un antiguo pueblo vaqueiro con buenas y robustas casas al que llega el alumbrado público. El paisaje era muy bonito gracias entre otras cosas a la nieve y a que el día comenzaba a mejorar.

Tras dejar el núcleo principal de Adrado a la izquierda, el camino continúa entre prados hasta un cruce señalizado en el que comienza el PR AS-2. Si seguimos el camino que traíamos por el PR AS-1, llegaríamos al Cabanón, antiguo almacén de la central hidroeléctrica que aprovechaba la corriente del Esva. Pero nuestro objetivo es alcanzar el Cabanón desde otro punto y por ello tomamos a la izquierda el camino señalizado como PR AS-2, con dirección a Calleras.

Se trata de in sendero abierto recientemente entre el piorno y que aprovechando la ladera que forma el cañón, circula casi horizontal al principio, para descender más tarde, atravesando un bonito pinar joven y posteriormente un ocalital.

Al final del bosque aparecen nuevamente los pardos y las ruinas de una cabaña. Estamos en Aguazones y muy cerca ya de Calleras hacia donde se dirige la pista. Por la carretera a la derecha nos dirigimos a Ese de C

alleras, un pueblo casi contiguo y en el que a su entrada encontramos la señalización que nos dirige a la derecha para iniciar propiamente lo que se denomina las Foces del Esva.

A partir de este punto el camino se encuentra vallado y armado con escaleras y pasarelas de madera que evitan los distintos accidentes del terreno, proporcionando u paseo cómodo a la orilla del río.

A nuestra derecha podemos ver los restos de un molino que parece estar envías de recuperación y en el que cave destacar que el agua entraba por el tejado para llegar a mover la muela. Poco más abajo atravesamos una riega con una fuente.

Tan pronto nos encontramos a la orilla del río como a unos cuantos metros por encima de este. Las escaleras se suceden en un continuo sube y baja, unidas por pasarelas, hora de madera hora de tierra. El camino tiene buenos detalles como la red de gallineroinstalada en escalones y pasarelas para evitar que la madera húmeda resbale.

Entre tanto, las vistas sobre el río se suceden proporcionando bonitas imágenes y preciosos paisajes. También podemos comprobar la gran obra de ingeniería realizada para poder dar continuidad al camino, ya que por momento desaparece cualquier posibilidad de no ser el volado de las pasarelas adosadas a los muros de piedra que cierran el Esva por esta orilla.

Restos de lo que fueron instalaciones de la central aún quedan en el río y tras dejarlas atrás, el sendero pasa a serel de servicio de dichas instalacio nes. Escalones de piedra y pasadizos de tierra se suceden en esta última parte delsendero, cuando la foz comienza a abrirse. El camino asciende y tras dejar el río muy abajo, alcanzamos el Cabanón, situado en la parte alta de una zona en la que se forma uno de los meandros del Esva.

Aquí comenzó a empeorar el tiempo y mientras descendíamos a Bustiello de Paredes comenzó a llover. Un agua fina y helada que nos dejó medio ateridos. Seguimos hasta Longrey y aquí nos pusimos en contacto con el autocar para que nos fuese a buscar. Menos de dos kilómetros nos quedaban para alcanzar San Pedro de Paredes, pero no merecía la pena seguir penando por la carretera. Lo mejor de la ruta ya había pasado y no era cosa de perder el buen gusto que nos dejó, caminando desganadamente con agua y frío por una carretera.

Para el día 20 la ruta la realizaremos por el concejo de Cangas de Onís. Desde la Riera, en la carretera de Covadonga, nos dirigiremos a Payeres para subir al Porru Golosu y descender a posteriori a la Hoya de San Vicente y a Puente Dobra, en la carretera del Pontón. La ruta que proponemos es:

La Riera (131 m) – La Caleya (152 m) – Payares (625 m) – Niajuentes (722 m) – Porru Golosu (952 m) – Hoya San Vicente (132 m) – Puente Dobra (111 m)

Quedan muy, muy pocas plazas para completar el autocar de 29, por lo que dejo de hacer propaganda. Pero si hay suficientes interesados, igual podemos obtener un autocar mayor. Yo sigo a la espera de vuestras llamadas.