Tanto lo anunciaron, que no tuvo más remedio que hacer su presencia. La alerta roja por vientos huracanados en el Cantábrico, con rachas de más de 100 kilómetros por hora fue lo que nos obligó a cambiar los planes sobre la marcha.
Bueno, en realidad, la lluvia, la nieve, la niebla y el viento, fueron los culpables de que no hiciésemos la ruta que teníamos programada al Visu la Grande.
Salimos de Trubia lloviendo y con el cielo muy encapotado, lo que unido a las previsiones meteorológicas de toda la semana, nos hacía prever un mal día para caminar. La llegada a La Felguerina no fue mejor y decidimos que el autocar nos fuese a buscar a Belerda, con la intención de hacer lo que pudiésemos.
Atravesamos el pueblo para salir por la parte alta, siguiendo la pista de la Collada Incóos. Un bonito camino cubierto por las marrones hojas caídas de los árboles debido al viento de estos días. Caminamos entre castaños y bordeando los prados en los que a pesar de las inclemencias del tiempo, los caballos pastan indolentes.
El paisaje es bonito a pesar de que las nubes cubren la parte alta sin darnos opción a ver las montañas que nos rodean. Según ascendemos por la pista, vamos descubriendo a lo lejos, algunas manchas de nieve en las laderas cercanas.
Llegando a las Colladinas el agua comienza a tornarse en nieve y el viento se muestra más fuerte y terco. Las Colladinas es una campera amplia, salpicada de cabañas, algunas en uso, como nos demostraba el penacho de humo que surgía de la chimenea.
Tras un alto en el camino, reanudamos la marcha con dos direcciones distintas. Mientras unos pocos decidían seguir por la pista camino de Belerda, el resto, en una muestra de arrojo y entrega, se proponían seguir subiendo para tratar e llegar hasta el Visu la Grande.
Abandonamos la pista y seguimos por un sendero bien marcado que sube por la ladera tapizada de brezos. La subida es dura y el viento y el agua, que ya se ha convertido en nieve, la hacen aún más penosa. Alcanzamos la majada la Gallera con un fuerte viento de costado que nos mete los copos de nieve por todas partes. Nos refugiamos al lado de una de las cabañas y decidimos abandonar. Tino, Luis y Jorge Andrés deciden seguir ladera arriba con la intención de hacer cumbre en el Pico Cuervo. Pronto se unirían a nosotros de nuevo. Las condiciones atmosféricas se hacen cada vez más penosas y la niebla lo cubre todo. No sabemos muy bien si es niebla o el efecto de la nieve empujada por el viento. El caso es que la visibilidad en lontananza es muy poca.
Desde la Gallera giramos al norte, izquierda según el rumbo que llevábamos, y en poco tiempo dimos con la pista que desde el Collado Incos, se dirige, sin pérdida, hasta Belerda.
El camino se hace entretenido a pesar del mal tiempo. Los abetos están preciosos con algunas manchas de nieve y en las distancias cortas podemos disfrutar de los colores de otoño con los que los árboles adornan sus precarios abrigos. El suelo es una alfombra de hojas secas y las praderas de un verde intenso, comienzan a cubrirse de blanco por los copos que aterrizan en ellas.
A pesar del mal tiempo, la cámara de fotos no para y al final, fueron unas ochenta las grabaciones de la naturaleza reinante, las que quedaron impresas en el artilugio electrónico.
Aquí y allá, las vacas salen a nuestro encuentro en una sinfonía de mugidos discordantes. Desconocemos los motivos, pero una vez en Soto de Caso, los parroquianos comentaron que era debido a que les habían quitado las crías para su venta, y ellas desinformadas, hacían volar sus lamentos con el fin de atraerlas hacia sí en vano.
La pista no es muy larga y enseguida nos encontramos en las callejuelas de Belerda, donde admiramos algunos buenos hórreos y paneras y la buena fábrica de algunos edificios. Seguimos por la carretera y en pocos minutos alcanzamos las primeras casas de Soto de Cangas y, como no, sin siquiera cruzar el puente sobre el Nalón, el bar. Donde ya nos esperaban el resto del grupo.
Un diminuto local de una antigüedad cercana a la de sus dueños, en el que lo mismo se sirve un vino que se venden unas alpargatas. Se trata de uno de esos ya casi perdidos bar-tienda que había en los pueblos y que hoy están prácticamente desaparecidos. La pareja que lo regenta se afana en poner vinos sobre el mostrador. No creo que pusieran nunca tantos en tan poco tiempo. Luego alguien pidió que el vino fuera caliente y vuelta a llenara vaso tras vaso. Creo que cuando marchamos de allí, lo primero que hicieron fue pedir una nueva remesa de vino blanco para reponer lo que habíamos consumido.
Para rematar la jornada volvimos a Abantro, al bar en el que habíamos hecho la parada para el desayuno, y donde nos esperaba un menú a base de sopa, garbanzos con bacalao, carne guisada, pescado y callos. Una buena pitanza para recuperar las energías y la temperatura del cuerpo.
Y así fue la ruta que teníamos prevista al Visu la Grande y que a causa del temporal, gracias al que pisamos las primeras nieves de este otoño, se convirtió en jornada gastronómica. Esperemos que para la próxima ruta por tierras de León tengamos mejor clima. Para esa ruta nos iremos a Cuevas del Sil, a unos 10 kilómetros de Villablino, para tratar de hoyar el Cuerno del Sil, un picacho de 1928 metros. La ruta que queremos hacer con el beneplácito del tiempo, es:
Cuevas del Sil (880 m) – Braña La Seite (1.200 m) – La Collada (1.778 m) – Cuerno del Sil (1.928 m) – La Collada (1.778 m) – El Piornalón (1.784 m) – Braña la degollada (1.215 m) – Palacios del Sil (876 m)
El plazo de inscripción ya está abierto y espero vuestras llamadas. También quiero recordar a los que tengan solicitada lotería y a quienes la quieran solicitar, que este próximo sábado se procederá al cobro de la misma. Así que ya lo sabéis: hay que llevar dinerito en cantidad suficiente. Lo dicho, espero vuestras llamadas.
No hay comentarios:
Publicar un comentario