30 de mayo de
2015
Ya iba siendo
tiempo de hacer una “xanada” y hoy tocó. Cierro los ojos y todavía me veo en
medio de aquel bosque interminable, en aquel agotador sube y baja que nos dejó
al límite de nuestras fuerzas. Ocurrió
así: El viaje dura dos horas y media hasta el buen aparcamiento de Soto de
Sajambre. Sabiendo que la ruta es muy larga salimos con mucha fuerza por la
Senda de Arcediano, el conocidísimo GR-201. En una hora nos plantamos en Los
Collaínos dando vista a toda esa maravilla que se extiende al suroeste: El Jario,
La Bermeja, Los Moledizos… Por el oeste el Niajo. Espectacular. Luce el sol, la
pradera está mullida, la brisa es fresca. Vamos a hacer montaña.
Continuamos
casi en seguida sin esperar a la alternativa que sube más despacio. Hacia la
Portillera y la mayá Toneu. Bajamos la Collá Beza. El Sistema Toneyu es una
enorme cueva, no muy profunda, pero que se extiende a lo largo de 19 Km.
Bajamos a la majada, para volver a subir. Lo que nos podríamos haber ahorrado
si hubiéramos mantenido el nivel por el Porro La Jastia.
Mirando
al lejano pico desde la collada norte
alguien ven unas pequeñas manchas rojas, que resultan ser La Cabritilla y los
Manueles subiendo por una grieta herbosa muy inclinada que desemboca en la
cumbre. Subimos la larga y costosa cuesta para salvar el desnivel. Hay un
montañero arriba, buen conocedor del terreno, y con el que hablamos para
orientarnos en la bajada. Él se va hacia La Conia. Descansamos algo, poco. Los
Manueles desaparecen de nuestra vista. Marcha solidaria la suya.
Bajamos por
la derecha de la ladera norte a Gustalcuendi. Sin problemas. Y eso que el monte
está formado por continuos vericuetos sin formar nunca valles claros. Ojala
hubiéramos salido por allí a Sabugu y desde allí por el Arcediano a Amieva. Son
las tres pasadas y nos espera un mundo que atravesar.
Bordeamos El
Raso de Gustalcuendi siguiendo, fielmente el GPS que Peña nos entregó. Entramos
al bosque. Está precioso. Por la izquierda se alza el Porru La Rebollada
(1381). La indicación de Tomás es: siempre a la izquierda, siempre abajo.
Leemos por 2ª vez la descripción, miramos los mapas de Cris. Vale abajo pues.
Se adivinan entre grandes hayas unas majadas por la izquierda: deben ser las de
Gustalviegu. Nueva bajada hasta el fondo del valle para encontrar el río. La
riega Les Braniques corre alegre en lo profundo del valle. Discusión: nos
estamos metiendo mucho a la izquierda. Por esta pista vamos a Baenu y luego
habría que remontar a Amieva.
Vamos a
seguir el track que viene por la riega. Bien, Tomás, hay que imponerse.
Encontramos un jito solitario que nos da ánimos. Nueva duda: ¿seguir por el fondo del valle?
¿remontar por la senda horizontal que atraviesa El monte La Atalaya? Volvemos a leer la descripción. Hay que
superar el hombro de El Carnero. Subimos ladera arriba: el camino que encuentra
Luis se mete claramente en el monte, no sabemos si es el bueno. Él lo sigue. Nos asomamos a un borde del monte. Enfrente
una enorme tajadura con un terrible remonte que debe de corresponder al Collado
Pando. El GPS de Joaquín indica en esa dirección. El de Peña marca por la
izquierda. Desánimo en la tropa y planes para preparar la cena a base de
galletas con fuego de campamento.
Bajamos por
territorio casi salvaje. No creo que las COES españolas hagan estas remontadas
amazónicas. Volvemos a subir por el otro lado con una fuerte pendiente.
Atravesamos el monte por arriba para bajar junto a una cabaña abandonada y muy
bien cercada. El camino hace muchos años que no ve una fesoria. Bajamos por
unas revueltas embarradas. En la distancia se adivina Amieva. Nos llama Peña
por teléfono: “¿Dónde estáis?”. Pues
saliendo de este lío. Son las seis menos cuarto. Luego viendo el mapa observo
que hicimos la peor de las opciones. Estábamos entre dos buenos caminos si no
nos hubiéramos hecho un lío en aquella ladera.
Bajamos hasta
una portilla. El camino está cerradísimo. Algunos salimos por el prado que está
encima. Un toro está mugiendo y pateando el suelo. Ni nos mira. Respiramos. No
encontramos la salida por la majada y como “xanos” saltamos valle para vacilar
un poco por el lateral de la riega. Nueva llamada: “¿Os esperamos para comer?
Son las seis y cuarto.”
Mejor no.
Estamos muy cerca pero todavía no hemos salido. Cruzamos el río la Rociniega.
La pista lleva rato esperándonos. En cosa de un cuarto de hora entramos en
Amieva. Son las seis y media. El autocar tiene que hacer su salida a menos
cuarto. Hay tiempo para cambiarse, beber rápido, rápido una cerveza y pillar al
vuelo algún frisuelo de Fany. Estamos machacados.
Peña llama a
Angel por teléfono y resulta que está viajando con su gente en el todo terreno
que está detrás del autocar. Lo sentimos Gelu no hay tiempo ni para parar a
saludar.
Fue una ruta
de difícil orientación. La descripción del Civilu insuficiente. El GPS bien
aunque contradictorio. Leer el terreno se convierte en lo más importante: aquí
hay buenos expertos. Luis, Roberto, Tere, Gripi, Silvio, Joaquín, Cris,
Eugenia, Nacho, Toni, Anna, Juancar, Tomás, Elena, nos metimos en una buena
complicación. Pero fuimos capaces de salir de ella con algún arañazo que otro.
Gracias Tomás, Luis y Silvio por vuestro buen saber hacer.
En la primera
semana de junio vamos a La Patana. Esperamos hacer una ruta, simple, sencilla,
fácil, de subir y volver a bajar, sin complicaciones. Cuando estoy escribiendo
esto el Oviedo acaba de subir a Segunda División. Enhorabuena.
NOTA: En el mapa se ve en negro, el camio previsto para la subida y la bajada del Valdepino y en azul, el trayecto realizado.
1 comentario:
Pues aunque en algún momento eche de menos un machete para abrirme paso, me divertí mucho realizando la ruta y estoy muy agradecido a todo el grupo que estuvo pendiente de mí como novato que soy en todo momento: marcándome el ritmo en la subida, indicándome en los pasos más delicados...
Muchas gracias y espero que hasta pronto.
Joaquín
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